Definitivamente, la tecnología fue la clave para la continuidad de muchas de nuestras actividades diarias, en un contexto donde la transformación digital se aceleró de 5 años a 1. Los Estados y Gobiernos tuvieron que descubrir formas para responder a una situación sin precedentes que impactó enormemente a un número importante de ciudadanos que requieren asistencia.

La situación que están enfrentando los países es totalmente nueva y retadora para todos. La tecnología ha sido la habilitadora de cientos de procesos, hoy estamos hablando de telemedicina, educación remota, teletrabajo, e-commerce, servicios digitales, y no cabe duda de que después de esta crisis la forma en la que vivimos no volverá a ser la misma que antes. La pandemia está forjando un nuevo usuario, consumidor y ciudadano, y los Estados deben responder a sus nuevas necesidades.

En este sentido, un caso interesante para revisar en términos de modernización es Singapur, país que hace varios años ya anunció un plan para convertirse en una Nación Inteligente, considerando no solo desarrollar un gobierno digital sino también una economía y ciudadanía digital.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el 73% de los países de América Latina y el Caribe cuentan con una estrategia de gobierno digital, sin embargo, la organización también establece que la profundidad de esa agenda y su nivel de uso siguen siendo una de las cuentas pendientes de nuestra región.

Considerando el ejemplo de Singapur, al Estado chileno aún le falta establecer una hoja de ruta clara e integral que considere todos los aspectos impactados por la digitalización. Se ha avanzado en algunos, como la modernización del estado o las inversiones en infraestructura clave para la conectividad, sin embargo, estamos lejos de convertirnos en una Nación Inteligente si seguimos reduciendo el desafío solo a la adquisición de tecnología. Tiene que ver con crear un ecosistema que sitúe al ciudadano en el centro e interactúe con él, de tal manera que ponga los servicios a su disposición de manera fluida y eficiente, utilizando la tecnología como habilitador, pero no como un fin en sí mismo.

Sabemos que la falta de presupuesto muchas veces parece un impedimento para que los gobiernos desarrollen este tipo de estrategias y se convierte en un factor a considerar, el cual lamentablemente influye en la lentitud de esta transformación, pero generar un plan digital estratégico es urgente para Chile.

Sin duda tenemos grandes desafíos, pero estamos en una época sin precedente, donde las soluciones tecnológicas modernas permiten a los Estados optimizar el desarrollo, la implementación y la entrega de nuevos servicios, todo en beneficio de las personas para impactar en su calidad de vida. Ese tiene que ser el objetivo y es una gran oportunidad para los gobiernos, si estos logran darle continuidad en el tiempo a los programas y construyen sobre lo que ya está desarrollado.

Soledad Matos
Gerenta general de Oracle Chile