Gestionar responsablemente nuestros recursos hídricos ha cobrado mayor relevancia a medida que la conciencia ambiental ha permeado en la sociedad. Recuperar y reusar el agua es un ejercicio sensato y la minería ha sido pionera en la recuperación de agua, logrando recircular – en promedio- entre un 75% y 85% del agua utilizada en el proceso, pero la clave está en combinar estos esfuerzos con un desarrollo sostenible.

Por eso, la desalinización emerge como una alternativa viable que permite a las mineras reemplazar el uso de aguas continentales (agua dulce superficial o subterránea) por agua de mar desalinizada.

El mayor beneficio de la desalinización es el impacto positivo para las comunidades aledañas a la actividad minera y, por ende, para el país, ya que el agua dulce que antes ocupaban las mineras ahora está disponible para otras actividades productivas y consumo que propician el desarrollo de la vida humana, animal y vegetal, que son la prioridad para la sociedad.

Miguel Oñate
Director de Desarrollo de Negocios para América Latina de Black & Veatch