Los resultados de las mega-elecciones del fin de semana pasado han evidenciado, en las urnas, una transformación profunda de nuestra sociedad que tiene como hito el 18 de octubre de 2019, pero tiene raíces profundas, ancladas en los anhelos de las mayorías populares derrotadas y acalladas luego del proceso histórico de la Unidad Popular.

En 1970 la “vía chilena al socialismo” se transformó en el fenómeno político más importante a nivel mundial, puso a nuestro país en el ojo del resto de las naciones, bajo el manto de la guerra fría y los esfuerzos de los bloques hegemónicos soviético y estadounidense por el control del llamado “tercer mundo”.

La experiencia histórica de este fin de semana pasado es comparable a la victoria política de la UP el 4 de septiembre de 1970, sin embargo, el poder que las fuerzas de izquierda independiente tienen hoy en sus manos es muchísimo más grande. Los partidos de centro-derecha y de derecha de la época negociaron aceptar el triunfo de Salvador Allende con la condición de que el bloque gobernante no modificara las normas constitucionales, ni mucho menos las pasara por encima. El gobierno de la UP debió sortear los obstáculos de realizar el “Programa del Pueblo” sin modificar los límites constitucionales y agobiado por la intervención y bloqueo constante de las fuerzas de oposición.

El éxito electoral de la Lista del Pueblo -quieran reconocerlo los ‘expertos’ o no- tiene su explicación en factores diversos; principalmente es el resultado de una decisión política del electorado que apuesta por un proyecto de país radicalmente distinto, que ponga en el centro de su quehacer el desarrollo integral de las personas y comprometa al Estado a garantizar y proveer los bienes necesarios para asegurar la ‘Dignidad’ en sus más amplias dimensiones.

La Lista del Pueblo salió a competir con rostros validados en sus diferentes espacios territoriales por su lucha, por ello es una propuesta fundamentalmente rupturista. No estamos hablando de rostros de televisión ni políticos profesionales, sino gente común y corriente que desde sus experiencias de vida han asumido una postura de lucha por justicia, en su más amplia dimensión. Y pese a las desventajas que presentó el proceso desde su génesis, las fuerzas independientes de izquierda, con una propuesta que quiebra el esquema neo-liberal, lograron -para sorpresa de la élite política, económica e intelectual- arrasar con los pactos políticos tradicionales logrando 27 escaños constituyentes.

Los actores políticos que representaban programas críticos al modelo chileno actual organizados en el Frente Amplio y el Partido Comunista quedan hoy en una disyuntiva crucial que marcará el futuro inmediato de sus coaliciones: Aliarse al “gran bloque neo-liberal”, que comprende a la ex concertación y a los partidos de gobierno, o alinearse con el programa político e ideológico representado por La Lista del Pueblo. Ambas decisiones acarrean costos para dichas coaliciones, los pactos y afinidades construidas en el pasado reciente se ven cuestionadas por la ‘izquierdización’ del debate público y las expectativas puestas en su accionar político se reflejarán en sus definiciones ideológicas más profundas.

En el Chile de mañana cada actor constituyente deberá tomar una postura clara, y esa elección marcará para siempre el destino de nuestro país. Es momento de ajustar cuentas con la historia, tenemos en nuestras manos la posibilidad de enmendar el camino de Chile y construir una sociedad para sus ciudadanos, ese es el debate que la gente hoy quiere y debe escuchar.

Vicente Rojas López
Analista Político y director de la Agencia de Prensa Panoptik