Señor director:

He leído con interés notas en la prensa que destacan el aumento de la participación femenina en directorios del IPSA. Efectivamente, se trata de un salto enorme en cuanto al número de sillas ocupadas por mujeres, ya que pasamos de 9% a 14% en un año, lo que sin duda una buena señal.

Es interesante también verificar que ese aumento se ha producido fundamentalmente a partir de los directores electos por asambleas, lo que da cuenta de una presión de la sociedad por estos cambios necesarios que el empresariado debe considerar.

Sin embargo, si analizamos estas cifras de manera comparada, nos podemos dar cuenta que falta muchísimo camino por recorrer. En primer lugar, si bien el 70% de los directorios del IPSA cuenta ahora con al menos una mujer, sólo un tercio tiene más de una. Si una fuera malpensada, podría argumentar que tener una mujer en un directorio es una salvaguarda para tener una respuesta adecuada a preguntas incómodas.

En relación al contexto internacional, este paso de 9 a 14% significa que, si antes estábamos 20 años atrasados, ahora lo estamos solamente 10. Según datos del ESE Business School, el 14% de participación es una cifra que varios países europeos tenían hace más de 10 años, y que hoy ha sido más que doblada. Más aún, según estos mismos datos, la participación de mujeres en directorios es hoy menor que la participación de extranjeros, lo que resulta curioso.

Vivimos en un país en que el 42% de la población activa es femenina, pero a pesar de este gran salto, nuestros directorios siguen conformados por hombres de edad cercana a los 60 años, de dos o tres carreras y provenientes de dos o tres universidades, sólo que ahora en casi todas las mesas hay una mujer. Sólo una eso sí. Es un punto de partida.

María Loreto Ferrari
Prorrectora Universidad de Las Américas