Los pescadores están abandonados, las caletas están abandonadas. Así comenzaron los testimonios en nuestro reciente seminario “Desafíos y miradas del desarrollo local desde la región de Antofagasta”. En efecto, nuestros territorios costeros están en crisis. Estamos sacrificando a la pesca artesanal, es decir, estamos sacrificando modos de vida de miles de familias y la cultura que subsiste de nuestro recién reconocido pueblo originario Chango.

Sabemos que la asimetría entre los intereses de los actores del borde costero es real y concreta, y tensiona las decisiones que el país debe tomar desde ahora en adelante, sobre todo en la posibilidad de tener una nueva Constitución. ¿Cómo nos hacemos cargo de esos diferentes y desiguales intereses? ¿Hasta dónde y a qué costo seguiremos explotando nuestros recursos naturales?

La ejecución de los proyectos mineros en una región minera, pero también pesquera, afectó y está afectando gravemente a los pescadores artesanales, de acuerdo a sus propios relatos. Las plantas desalinizadoras, así como otras actividades de la minería, están ocupando cada vez más territorio, o deberíamos decir cada vez más maritorio.

Pero hay quienes están dispuestos a defender este sector. Conversamos con Pablo López, pescador y dirigente de la pesca artesanal en Antofagasta, y con dos mujeres pescadoras-recolectoras, Nilda Ibáñez, presidenta del Sindicato de Buzos Mariscadores “Mujeres del Mar”, de caleta coloso, que además lidera ollas comunes y otras actividades colectivas; y con Brenda Gutiérrez, mujer changa, recolectora de algas, y dirigenta de la comuna de Taltal. Muy orgullosas de su origen chango, de continuar con el oficio de sus padres, y hacerse cargo desde su quehacer, lideran un sector dominado por hombres. Sus historias y enseñanzas son invaluables para las generaciones futuras. Porque el oficio se está perdiendo, lo mismo que el territorio.

¿Qué pasó con el piure? ¿Por qué desapareció? ¿Quién lo ha estudiado? se pregunta el pescador Pablo López. Pese a todas las dificultades que hoy experimentan, por tener que ir a trabajar cada vez más mar adentro porque en la costa ya se perdió todo; o por la influencia de las mineras y sus residuos; los pescadores y pescadoras manifiestan a la vez, una desesperanza por la situación, pero un emocionante apego a su oficio. Oficio que en momentos de emergencia producto de la pandemia, debiese ser prioritario de cuidar y reforzar por cuanto abastecen de elementos de necesidad básica y prioritaria como la alimentación.

Hemos visto este último tiempo cómo en algunas caletas los pescadores y recolectores han aportado a mitigar el hambre de sus territorios solidarizando muchas veces de forma anónima, con quienes más están pasando necesidad. Quizás sea necesario que en este contexto la ciudadanía en general se tome un tiempo para reflexionar sobre los oficios que debemos valorar y cuidar y que, sin duda, la pesca artesanal y los oficios del borde costero son parte de aquello.

La crítica situación de la pesca artesanal en la región de Antofagasta expuesta aquí, y en todo Chile, donde también hay otras amenazas producto de la contaminación, sobreexplotación y actividad industrial, representa uno de los nocivos efectos del excesivo centralismo: las decisiones del poder centralizado han afectado y serán decisivos para los modos de vida de miles de familias.

Por ello es más urgente que nunca avanzar en la descentralización efectiva del país, no solo para llegar de manera pertinente y con la adaptabilidad territorial que es muy necesaria sobre todo en el actual contexto, sino para dejar de cometer errores y afectar la diversidad y la riqueza de esta tierra.

Carlos Colihuechun Brevis
Director Fundación Superación de la Pobreza en Antofagasta