Opinión
Martes 12 febrero de 2019 | Publicado a las 13:50
Un "matón" del curso que se convirtió en profesor: lo que debemos entender para detener el bullying
Por Tu Voz
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Queda menos de un mes de vacaciones de verano y los estudiantes de Chile volverán a clases. Pero no solo a eso. Para muchos, será regresar al martirio, a la molestia de ser víctimas de bullying, a un mal ambiente en que se les mirará mal, en que pensarán mal de ellos, donde se reirán a sus espaldas, criticándolos por no entenderlos, creándose grupos de amigos que no son más que verdaderas mafias con el ánimo de aislar a otra persona.

Este texto tiene por propósito contar mi experiencia siendo yo el victimario en la trama del bullying escolar y cómo ahora, como adulto, asimilo el asunto tanto en mi vida en general como siendo profesor, entregándole un consejo a víctimas actuales.

Mi infancia, como la de muchos ni√Īos molestos, estuvo carente de afectos. Nunca hubo visitas en casa: cero sociabilidad. El matrimonio de mis padres era infeliz. Ahora, de grande, logro darme cuenta c√≥mo aquello en serio repercute en la vida de un ni√Īo. Detr√°s de cada mat√≥n escolar existe eso, una realidad familiar carente de amor, pero llena de inseguridades. Desde peque√Īo e incluso entrando a la universidad, ten√≠a claro que el mundo era mi enemigo, que yo ten√≠a la raz√≥n, que √©ste era el fin de los tiempos, y que cualquier se√Īal de diferencia o pobreza, era digna de una ofensa, de una agresi√≥n.

Para ser breve y darles un solo ejemplo: a√ļn recuerdo una compa√Īera que ten√≠a ciertos rasgos de autismo u otra caracter√≠stica en su desarrollo de aprendizaje, lo que la hac√≠a tener, a veces, clases especiales fuera del aula. Una “diferente“. Como a todos, yo la molestaba. Siempre a escondidas, como un buen mat√≥n: por detr√°s. Si hubiese tenido amigos, los habr√≠a cautivado para ser mis c√≥mplices y as√≠ apoyarme en el bullying contra esa ni√Īa. Imaginar√°n -y estar√°n en lo cierto- que le dec√≠a sobrenombres muy pesados. La martirizaba en los recreos, en clases. Era la d√©cada de 1990 y, como no hab√≠a redes sociales, consegu√≠ su n√ļmero de tel√©fono para llamar a su casa, esperar que contestara, y seguir dici√©ndole sobrenombres a trav√©s de llamadas an√≥nimas.

Ese es uno de varios casos que tuve a lo largo de la vida, aunque estas actitudes fueron decreciendo con el tiempo: ya no repartía golpes cuando llegué a cuarto básico, las ofensas se desvanecían de mi vocabulario entrando a la universidad y, saliendo de ella como un profesional, tuve la bendición de tener amigos que me acogieron en sus casas y compartieron conmigo, superando así un periodo tan duro y del que no tenía plena conciencia.

El tiempo pasa. Hoy me vuelvo a encontrar con compa√Īeros que tuve en el colegio. A pesar de todo, es reconfortante ver c√≥mo al crecer, me dan la cara igual y podemos sentarnos a hablar con una paz inexistente en nuestra ni√Īez. Pero la adultez no basta: la vida da muchas vueltas, cambia constantemente. No saber tener la mente y el √°nimo abiertos a cualquier cosa, complica. Por eso escribo y reflexiono en torno a esto: de grande, gente incluso adulta, con hijos, con cargos, que siguen haciendo bullying.

De alguna forma aprend√≠ de mi actuar infantil, pero la existencia me hace vivir esto, ahora, desde la otra vereda. Los adultos pueden seguir con ni√Īer√≠as, tal y cual como los matones infantiles: hacen grupos que te apartan, se burlan de ti por quien eres, lo que publicas, tus caracter√≠sticas f√≠sicas… Aunque se suman componentes que pesan m√°s: puedes perder oportunidades laborales, te pueden arruinar la vida amorosa… y como buenos matones, todo por detr√°s. Susurros constantes que traen burla y odio, ¬°incluso siendo adultos! Me pregunto c√≥mo es posible que, siendo mayores, esas actitudes se den. C√≥mo es posible que alguien sea tan cerrado en sus ideas que no solo no acepte la existencia de alguien distinto, sino que lo ataque o lo intente cambiar, o darle una lecci√≥n.

Por eso, si quien lee esto a√ļn sigue en el colegio, preste atenci√≥n al siguiente p√°rrafo:

BekiaPadres.com
BekiaPadres.com

El bullying entre adultos es complejo de solucionar. Cuando una persona t√≥xica ya no puede causar efecto en ti, intentar√° intoxicar a otros de tus c√≠rculos sociales y c√≥mo te ven. Es injusto, pero lo que queda como adulto, es permanecer de pie confiando que otras personas ver√°n la verdad como t√ļ s√≠ la ves. Porque es eso, o intentar probar en un tribunal que eres v√≠ctima, con los costos que ello implica. Pero t√ļ, si est√°s en el colegio, te digo como profesor: los profesores en realidad nos damos cuenta cuando eres v√≠ctima de bullying. Nos damos cuenta que la casa del que te molesta es un desastre y que √©l tambi√©n sufre. Sabemos que el problema no es la v√≠ctima sino el victimario.

Mucha gente, con buena intenci√≥n, te dir√° que cambies, que no sigas mostr√°ndote de tal forma, que no sigas vistiendo de tal manera, en otras palabras, que cambies tu forma de ser “para evitar darle material a los matones”. No, no amigo: sigue siendo quien eres, por m√°s que te llamen bicho raro o se r√≠an a tus espaldas. ¬°Ni t√ļ ni los profesores debemos estar al servicio de quienes te hacen da√Īo! ¬°No cambies por ellos, cambia por ti! Y ac√©rcate a un profesor, que t√ļ tienes una oportunidad que los grandes no tenemos: un profesor puede, de acuerdo a los reglamentos de convivencia, hacer algo frente a los matones y dejar en claro que no es correcto hacer lo que hacen.

Permanece calmado, que la vida le ense√Īar√° a esos matones, tal como me ense√Ī√≥ a m√≠. Permanece calmado, que si un profesor no hace nada, la vida le ense√Īar√° a ese profesor que debe hacer algo. Sigue adelante, con tus propios sentimientos y tu propio estilo.

Que tus vacaciones no sean el √ļnico descanso, haz que toda tu vida lo sea.

Y si t√ļ que est√°s leyendo esto eres profesor, atr√©vete a ponerle fin al bullying: los profesores tenemos poder a√ļn.

Gonzalo Alexis Luengo Orellana
Profesor

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