Opinión
Comuneros mapuche absueltos: ¬ŅQu√© funciona mal?
Publicado por: Tu Voz
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Tras meses en prisión preventiva los mapuche acusados en el caso Luchsinger Mackay fueron declarados inocentes (Ver: Veredicto de caso Luchsinger Mackay). Acá, en este territorio era secreto a voces que las pruebas eran absolutamente insuficientes para condenar a cualquiera.

Sinceramente, encarcelar previo al juicio y luego absolver es cuento repetido para el mapuche. Casos como el de Hern√°n Paredes Puen, absuelto despu√©s de 7 meses y 130 perdigones en su espalda para apresarlo (Ver: Cae otro montaje: Justicia absuelve a mapuche baleado por la espalda por carabineros); o el de Hugo Melinao, absuelto despu√©s de 8 meses de prisi√≥n preventiva, luego de ser acusado, tras operativos en Santiago, Ercilla y Chilo√©, de formar una escuela de guerrillas en su comunidad (Ver: Absuelven a Hugo Melinao tras pasar 8 meses en prisi√≥n preventiva: Lo acusaban de ‚Äúformaci√≥n de guerrillas‚ÄĚ) hacen parte de los m√°s de 65 mapuche encarcelados preventivamente y luego absueltos, lista engrosada por los 11 absueltos del caso Luchsinger Mackay.

La pregunta que deja este medi√°tico juicio absolutorio es ¬Ņqu√© funciona mal?

Los medios de comunicaci√≥n y no pocos pol√≠ticos invitan a la opini√≥n p√ļblica a discutir sobre la ineficiencia y falta de atribuciones de la Fiscal√≠a y las polic√≠as. Quienes piensan en esta l√≠nea asumen que el mapuche es culpable y, por ello, el fallo absolutorio los hace concluir que los mencionados organismos funcionan mal (en ning√ļn caso, que los mapuche son inocentes).

Pero si observamos con mayor seriedad y profundidad, notaremos que lo que funciona mal va bastante m√°s all√° que los organismos se√Īalados. Comencemos por considerar que los mapuche han demostrado una y otra vez su inocencia en procesos y juzgados ajenos a su cultura, desde una situaci√≥n econ√≥mica propia de las provincias m√°s pobres del pa√≠s, con campa√Īas comunicacionales que los sindican como terroristas, con presi√≥n de poderosos gremios empresariales y con abogados/as defensores que juntan sus recursos en pe√Īas y completadas. Luego, pregunt√©monos que significa que diversos organismos de DD.HH. adviertan hasta el cansancio al Estado sobre el uso excesivo de las fuerzas policiales contra mapuche y la aplicaci√≥n injusta de leyes como la antiterrorista (Ver: Cambia, nada cambia: nueva muerte mapuche). Quiz√°s entonces, conviene preguntarnos que funciona mal.

Al parecer lo que funciona mal es la opción política del Estado chileno, a través de sus sucesivos gobiernos, para responder a las legítimas demandas del Pueblo Mapuche, una política de populismo punitivo (Ver: La paz es un espejismo si no llega con justicia).

Tal opci√≥n pol√≠tica de facto ha consistido invariablemente en hacer eco de los reclamos gremiales antes que de los mapuche. As√≠, el territorio est√° militarizado para resguardar a las empresas forestales, a merced de operativos ‚ÄúPaciencia‚ÄĚ, ‚ÄúTauro‚ÄĚ, ‚ÄúHurac√°n‚ÄĚ, y qui√©n sabe cu√°ntos m√°s, que significan un constante hostigamiento a las familias mapuche en sus casas, caminos y centros de encuentro. El fruto de lo anterior ha sido el accionar de las fuerzas policiales que raya en el racismo y la nula formaci√≥n en derechos humanos (Ver: Racismo s√≥lo para mapuche), dejando numerosas v√≠ctimas mapuche que no son consideradas v√≠ctimas de la ‚Äúviolencia rural‚ÄĚ, terminolog√≠a gremial para homologar violentista con mapuche.

Dentro de esta opción política se hace comprensible la reunión del subsecretario del Interior con la ministra argentina de seguridad. Un supuesto tráfico de armas uniría a terroristas mapuches de uno y otro lado de la cordillera. Al parecer a las construcciones político mediáticas del mapuche borracho, flojo, ladrón, violentista y terrorista, tendremos que sumar ahora la del terrorista internacional con el imaginario de caos violentista guerrillero. Esto ayudará a acarrear más recursos económicos a las fuerzas policiales en las provincias más pobres del país, además de incrementar las violencias. La creación de estos imaginarios no es nueva, ya en la primera década del 2.000 se les colgó mediáticamente a los líderes de la CAM en clandestinidad el imaginario guerrillero de la FARC, realidad que sólo existió en la mente del comité creativo, como se pudo comprobar cuando los apresaron.

La política populista punitiva es lo que no funciona. Por ello no vemos llegar la paz.
Efectivamente, los movimientos mapuche tambi√©n han ejercido violencia en el territorio. Nadie pretende negar esto, tampoco el dolor de quienes han sido da√Īados. Pero no podemos perder de vista dos cuestiones fundamentales. La primera, es que no existe punto de comparaci√≥n entre el poder del Estado y el de los movimientos mapuche. Esto exige un actuar responsable del Estado, apegado a los derechos humanos y abocado a crear espacios de di√°logo, sobre todo si el fondo de tal violencia es pol√≠tica. En segundo lugar, es evidente que la pol√≠tica del populismo punitivo s√≥lo ha extremado las posturas, propiciando m√°s violencia y menor entendimiento (Ver: Violencia en territorio mapuche I), haciendo est√©riles instancias que pudieron ser valiosas, como mesas de di√°logo, comisiones, planes y consultas ind√≠genas.

Urge que el Estado opte por una pol√≠tica de relaci√≥n con el Pueblo Mapuche que haga m√°s eco de los organismos de derechos humanos que de los gremios empresariales. Una basada en la convicci√≥n que el di√°logo con el Pueblo Mapuche, en torno a sus leg√≠timas demandas, es el camino que nos sacar√° de este espiral de violencias. Quiz√°s as√≠, la Fiscal√≠a y las polic√≠as no contin√ļen presionadas a encontrar mapuche culpables a como de lugar, con procedimientos temerarios y dudosas pruebas. Y quiz√°s entonces se respeten las garant√≠as y derechos humanos de los mapuche.

David Soto sj | Comunidad jesuita de Tir√ļa.

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