Opinión
Un infarto al alma
Publicado por: Matías Carrasco
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Camino todos los d√≠as de mi casa a la oficina y viceversa. Son treinta minutos a paso tranquilo, acompa√Īado de buena m√ļsica. Algunos amigos me han preguntado por qu√© no hacerlo en bicicleta. ¬ŅPara qu√© caminar si es m√°s r√°pido en dos ruedas? Y esto que parece una simple inquietud, es para mi un s√≠ntoma de lo que el ensayista y fil√≥sofo coreano, Byung-Chul Han, ha denominado la sociedad del rendimiento. Avanzar con velocidad. Cumplir. Romper r√©cords.

Otros ya han escrito sobre esto, pero el interés sobre el tema y su impacto en nuestra vida diaria, me anima a hacer mi propia reflexión.

Chile est√° inmerso tambi√©n en esta misma l√≥gica. Y ya son varias las generaciones que han sido formadas para rendir y destacar por su buen desempe√Īo. Lo llevamos en el chip. Sin darnos cuenta est√° grabado en nuestro adn cultural. Por eso desde muy peque√Īos nos exigen y exigimos dejar de gatear, caminar a tiempo, pronunciar palabras, hilar frases y dejar atr√°s los sucios pa√Īales. Y mientras antes suceda, mejor.

A√ļn siendo ni√Īos nos someten y sometemos a ex√°menes para medir nuestras competencias a las puertas de la etapa escolar ¬°A los cuatro a√Īos! Y ah√≠ estamos, nerviosos, ansiosos, d√°ndolo todo para que nuestros hijos entren al colegio que, esperamos, nos augure una vida de buenos resultados.

Y comienzan las calificaciones. Ahora importa pintar dentro del círculo, aprender a escribir, luego en bailarina, comenzar a leer y ojalá de corrido. Y si no lo logramos, nos piden y aceptamos refuerzo escolar para que el mocoso nos se nos vaya a quedar atrás. Comenzó, hace rato, la carrera.

Y m√°s tarde las miradas est√°n puestas en la PSU y los rankings de los mejores puntajes, de los mejores colegios, de las mejores universidades. Los diarios, noticieros y matinales cubren su agenda con los testimonios de los de mejor desempe√Īo y el Presidente de turno invitar√° a un nutrido desayuno en La Moneda a quienes obtuvieron puntuaci√≥n nacional. En la sociedad del rendimiento, llegar a lo m√°s alto, tiene su premio.

Y ya de adultos la cosa no cambia. Los de agenda apretada, los 24/7 y los ‚Äúno tengo tiempo‚ÄĚ, gozan de estatus y dudosa importancia. Sabrosos bonos est√°n indexados a nuestro desempe√Īo y las metas a nuestra capacidad de producci√≥n. Otra vez la sociedad del rendimiento. E incluso lo que con esfuerzo ganamos, lo hacemos rendir con la esperanza de abultar el turro y verlo crecer. Invertir es la consigna.

Y cuando llega el tiempo libre, no sabemos muy bien qu√© hacer. M√°s bien no podemos ‚Äúdejar de hacer‚ÄĚ. Tambi√©n tenemos una agenda que cumplir. No es bien mirado el ocio, ‚Äúmirar el techo‚ÄĚ o ‚Äútirarse‚ÄĚ en la cama a descansar. Que las tareas de la casa, que los compromisos sociales, que las actividades de los ni√Īos. Y cuando providencialmente aparece un ‚Äútiempo muerto‚ÄĚ, con sospechosa inercia nos enchufamos a nuestros

celulares ‚Äúinteligentes‚ÄĚ para seguir rindiendo, esta vez, en las redes sociales. ¬ŅNo son acaso la manera de relacionarnos en la sociedad del rendimiento? Comunicaciones r√°pidas, instant√°neas y eficientes. Algo vac√≠as, pero rendidoras.

Pero el problema no est√° en los ni√Īos aventajados, en los de buen desempe√Īo, en los de mejores notas, en los de buen curriculum, en los empleados del mes y en los de exitosa inversi√≥n. Tampoco en celebrarlos y premiarlos. El problema est√° en que no somos conscientes de la carga que llevamos en la espalda y de que estamos m√°s preocupados de rendir como esclavos de nosotros mismos ‚Äď como advierte Byung-Chul Han ‚Äď que de vivir la vida que libremente queremos vivir.

Y hay m√°s. La sociedad del rendimiento es generosa y benevolente con qui√©n alcanza el podio de los mejores, pero cruel e indiferente con quienes no adquieren relevancia ni visibilidad, fracasan o dejaron ya de rendir. Por eso la mirada es triste e injusta hacia personas con capacidades diferentes, ni√Īos con dificultad de aprendizaje o de sociabilizaci√≥n, pobres, alcoh√≥licos, drogadictos, depresivos, enfermos mentales y tantos m√°s.

La sociedad del desempe√Īo nos mide (y nos medimos) con la vara del rendimiento y no del amor y la libertad. Por eso, como dice el fil√≥sofo coreano, es ‚Äúun infarto al alma‚ÄĚ.

Desoigo a mis buenos amigos. Yo seguir√© caminando a mi trabajo, con la esperanza de que en cada paso, en cada aire fresco, en cada encuentro casual y en ese insignificante andar de todos los d√≠as, vuelva a encontrar mis pausas, mis dudas, mis sue√Īos, mi alma y mi libertad.

Matías Carrasco
Autor del blog www.silastortugashablaran.com

URL CORTA: http://rbb.cl/eir8
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