Nacional
Jueves 28 junio de 2018 | Publicado a las 15:56 · Actualizado a las 11:35
Verg√ľenza y bromas: el silencioso mundo de los hombres que han sido acosados
Publicado por: Nicol√°s Parra
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

‚ÄúEs inc√≥modo enfrentar el tema, porque de verdad para m√≠ era impensable esto de sentirme acosado por una alumna. A veces escuchamos casos en el trabajo por parte de una persona que tiene una jefatura o cierto poder sobre uno, pero no de alguien sobre la cual tienes autoridad‚ÄĚ. As√≠ comienza el relato de Javier, profesor de Educaci√≥n F√≠sica de un colegio de la regi√≥n del B√≠o B√≠o, quien forma parte de la negra lista de hombres que han sido violentados.

El testimonio -que fue recogido por Revista NOS– relata la historia del profesional de 30 a√Īos quien se desempe√Īa en un establecimiento dependiente de una congregaci√≥n religiosa. All√≠, el docente acusa haber sido v√≠ctima de amenazas y constantes insinuaciones sexuales de parte de dos de sus estudiantes que bordeaban la mayor√≠a de edad.

De acuerdo a Javier, en su vida laboral iba todo normal “hasta que un d√≠a me encuentro con mis alumnas en un lugar p√ļblico, en un bar donde celebraba a un amigo. Las salud√© cordial y segu√≠ con el grupo de personas con quienes estaba pasando el rato”.

“Unas semanas despu√©s se repiti√≥ el encuentro en un lugar donde practico deporte. Me pareci√≥ raro verlas ah√≠. Despu√©s de eso las ni√Īas empezaron a ser m√°s insistentes en preguntar cosas de la clase, a interesarse por d√≥nde hacer ciertos deportes, a buscarme conversaci√≥n. Hasta ah√≠ no hab√≠a raz√≥n para preocuparme‚ÄĚ.

No obstante, la situaci√≥n se volvi√≥ m√°s complicada para Javier cuando comenz√≥ a recibir mensajes durante la noche: ‚ÄúProfe, por qu√© no sale, estamos en tal parte y podr√≠amos pasarlo muy bien‚ÄĚ.

‚ÄúPasaron un l√≠mite delicado, no respond√≠ y al otro d√≠a inform√© a mi superior en el colegio (…) Mi jefe me entendi√≥, pero no s√© hasta qu√© punto. Me pregunt√≥ si yo les hab√≠a dado el tel√©fono, si me ve√≠a con alguna de ellas fuera de clases y le cont√© c√≥mo hab√≠an sido los encuentros fortuitos‚ÄĚ, narra el docente.

“Me volv√≠ loco”

Para Javier, sin embargo, la situaci√≥n no termin√≥ ah√≠. Incluso empeor√≥. Seg√ļn cuenta el profesor, la insistencia de las menores fue creciendo y comenzaron a enviarles fotos insinuantes, adem√°s de mensajes de diferentes celulares.

‚ÄúMe volv√≠ loco. Presionado. Convers√© con ellas, les hice ver las consecuencias de este tipo de actitudes, de lo da√Īino que era para ellas que, por favor, no lo hicieran con nadie m√°s porque era ultra peligroso y que iba a tener que informar al colegio‚ÄĚ, recuerda.

El problema fue que las palabras del docente derivaron en amenazas: ‚ÄúSi no quieres estar con nosotros, vamos a decir que t√ļ nos buscas y que ahora no lo quieres reconocer‚Ķ ¬ŅA qui√©n le van a creer?‚ÄĚ, apunta el profesional, a√Īadiendo que “el mundo se me vino abajo, me enferm√©. Fui al psiquiatra y tuve que alejarme del colegio unos d√≠as“.

“Fue vergonzoso, hiriente tambi√©n porque algunas personas me cuestionaron. Pero ten√≠a pruebas y el antecedente de haber alertado cuando reci√©n hubo indicios de este acoso. No quiero juzgar a las ni√Īas, pero los j√≥venes est√°n mucho m√°s sexualizados y, a la vez, la cultura los hace ser menos tolerantes a la frustraci√≥n”, sentencia.

“Comienzo de una linda amistad”

Adem√°s del caso de Javier, el medio penquista recogi√≥ el testimonio de Roberto, quien se vio enfrentado a una compleja situaci√≥n en la empresa donde trabajaba hace tres a√Īos.

Luego de un cambio de divisi√≥n al interior de la compa√Ī√≠a, conoci√≥ a un hombre de unos 50 a√Īos de edad, jefe de uno de los sectores de la firma, quien se ofreci√≥ en varias ocasiones a llevarlo en su auto.

En una de esas oportunidades el ejecutivo invit√≥ a Roberto a tomar un trago en un local: ‚ÄúEst√°bamos en verano, no ten√≠a nada que hacer y, bueno, fui. Qu√© tanto si igual el tipo era entretenido, capo y llevaba harto tiempo en la compa√Ī√≠a. Me insist√≠a que tomara no m√°s, que √©l invitaba. Que pidiera algo fuerte si quer√≠a, que vida hay una sola, que la tarde estaba para portarse mal. √Čl, en cambio, s√≥lo beb√≠a cerveza sin alcohol, porque estaba manejando. Obvio que quer√≠a que yo me pasara de copas. Algo me mare√©. Y me dijo que me iba a dejar a la casa”, se√Īala.

La situaci√≥n, no obstante, adquiri√≥ una connotaci√≥n diferente en el camino de vuelta, cuando su acosador le mostr√≥ un video en el que le practicaban sexo oral a un hombre: “Me dijo que √©l pod√≠a hacerlo mejor que eso y que esto pod√≠a ser el comienzo de una linda amistad, que me ir√≠a muy bien”, recuerda.

Acto seguido, el hombre le tom√≥ la pierna. “Se me pas√≥ el mareo de una, le ped√≠ que parara el auto, y me baj√© con el coraz√≥n en las orejas. D√≠as despu√©s lo vi. Me sent√≠ como un cabro chico, me dio verg√ľenza m√°xima. No quer√≠a mirarlo, pero tambi√©n quer√≠a pegarle o hacer algo. Se puso al lado m√≠o mientras hab√≠a m√°s gente y me habl√≥ como si nada, que lamentaba el mal entendido‚ÄĚ.

El caso finalmente fue llevado hasta una persona de Recursos Humanos de dicha compa√Ī√≠a, pero sin resultados positivos.

“Me dijeron que no pod√≠an hacer nada, que hab√≠a sido fuera de la oficina, que no era mi superior directo y que era muy raro, porque este se√Īor era muy respetable y un excelente profesional. Despu√©s se supo mi denuncia y, lejos de ser acogido como v√≠ctima de acoso, varios se re√≠an de m√≠, me echaban tallas, cuestionando mi masculinidad y que me gustaban mayorcitos‚ÄĚ, finaliza.

Cifras

Seg√ļn un estudio del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) y el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC Chile), recopilado por Revista NOS, uno de cada cuatro hombres afirm√≥ haber experimentado acoso sexual: “el 51 % asegur√≥ que mediante acercamientos intimidantes y un 17%, a trav√©s de fotograf√≠as sin consentimiento, sobre todo en el transporte p√ļblico”.

“El estudio tambi√©n revel√≥ que, a pesar de los avances sobre la percepci√≥n de las pr√°cticas que constituyen acoso sexual callejero, un 72% considera que los ‚Äúpiropos‚ÄĚ, bocinazos y silbidos son pr√°cticas t√≠picas de la cultura chilena. Esta realidad alert√≥ sobre la necesaria educaci√≥n y formaci√≥n para superar este tipo de violencia naturalizada”, consigna.

URL CORTA: http://rbb.cl/klrw
Tendencias Ahora