Región de Coquimbo
S√°bado 12 octubre de 2019 | Publicado a las 11:01
"No podemos estar tristes": familia respetó voluntad de donante y salvaron 5 vidas
Por Leonardo Casas
La información es de Diario El Día
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Se fue una vida, pero podrán vivir cinco más. Esto gracias a la generosidad de una familia de La Serena, que este lunes tomó la decisión más difícil cuando se enfrentaron a la encrucijada entre donar o no lo órganos de un ser querido.

Optaron por la primera alternativa, y de esta forma, Marion Verdugo, de 42 a√Īos, se convirti√≥ en la tercera donante de la regi√≥n de Coquimbo en lo que va del 2019, la segunda en menos de una semana, ya que hace pocos d√≠as, una joven deportista de Coquimbo hizo lo propio, contribuyendo a disminuir el d√©ficit que existe a nivel general en el pa√≠s, donde la lista de espera alcanza a la preocupante cifra de 2.029 pacientes que aguardan por una oportunidad para seguir viviendo.

El dolor inicial

Cuando llegamos a la casa donde Marion estaba siendo velada este viernes, el dolor se mezcla con la satisfacci√≥n de ‚Äúhaber hecho lo correcto‚ÄĚ. Su hija, Gabriela, nos recibe y nos cuenta detalles de la tragedia que lleg√≥ de improviso cuando Marion se encontraba con sus dos peque√Īas de 6 y 7 a√Īos en el departamento que hace poco hab√≠a adquirido en el sector de Puertas Del Mar.

Fue hace una semana, el viernes por la noche, cuando la mujer comenz√≥ a sentirse mal. Al principio no le dio importancia, ya que padec√≠a de un asma cr√≥nica y de vez en cuando le ven√≠an crisis, ‚Äúpero nunca tan graves, las controlaba‚ÄĚ, cuenta Gabriela Michea. Sin embargo, esta vez todo fue diferente, los ahogos no pararon y fue una de las ni√Īas las que dio aviso a los guardias de seguridad del edificio para que llamaran a una ambulancia, ‚Äúpero no lleg√≥ nadie. As√≠ que mi mam√° tuvo que llamar a su ex pareja, para que la fuera a buscar, y √©l la llev√≥ hasta el hospital de La Serena‚ÄĚ, relata la hija de 23 a√Īos.

En el recinto médico no fue mucho lo que pudieron hacer. Intentaron reanimarla, pero no respondía y no les quedó otra alternativa que conectarla a un ventilador artificial. Marion estaba al borde de la muerte.

Toda la familia lleg√≥ al hospital esa ma√Īana, rezando por un milagro, y sin respuestas por parte de los m√©dicos, quienes tampoco se aventuraban a dar un diagn√≥stico preciso y se limitaban a pedir paciencia.

Pasaron los días. Sábado, domingo y lunes entre exámenes y plegarias, pero a medida que iba transcurriendo el tiempo, también decaía la esperanza. Finalmente, el día lunes al mediodía los doctores del Hospital San Juan de Dios fueron categóricos: la mujer estaba con muerte cerebral y ya no había posibilidad de que despertara.

‚ÄúPara nosotros fue terrible escuchar eso, porque nunca perdimos la esperanza durante el tiempo que ella estuvo internada. Pens√°bamos que se iba a recuperar, que algo se iba a poder hacer‚ÄĚ, sostiene Gabriela. En lo mismo enfatiza Beatriz Ocaranza, madre de Marion, quien cuenta que estaba convencida de que no era el momento de su hija para partir. ‚ÄúEra una persona tan joven, llena de vida y adem√°s con dos ni√Īas chiquitas. Entonces yo no conceb√≠a que ella partiera de este mundo‚ÄĚ, expresa, mientras brotan l√°grimas de sus ojos.

La decisión

Cuando supieron que no hab√≠a nada qu√© hacer, lleg√≥ el momento en que los m√©dicos le plantearon la interrogante. Tras una serie de ex√°menes donde constataron que su cerebro no reaccionaba ni reaccionar√≠a con nada, les preguntaron si Marion donar√≠a sus √≥rganos. ‚ÄúNos llamaron a una sala, a toda la familia y nos plantearon el tema de que en el carnet de mi mam√° dec√≠a que era donante. Ah√≠ se produjo un silencio entre nosotros, ten√≠amos que decidir pero en momentos as√≠ nadie se atreve a decir nada‚ÄĚ, cuenta Gabriela.

Hubo una divisi√≥n en la familia, pero finalmente llegaron a un consenso tras un d√≠a entero de reuniones con psic√≥logos y profesionales del hospital. La madre de Marion, Beatriz, no quer√≠a que tocaran el cuerpo de su hija, pero Gabriela era partidaria de que se respetara la decisi√≥n que hab√≠a tomado en vida. Adem√°s, asegura, que en vida alguna vez hablaron sobre el tema y Marion le manifest√≥ su intenci√≥n de donar sus √≥rganos. ‚ÄúLo ten√≠amos claro con mi mam√°. Ella no quer√≠a que se la comieran los gusanos, yo s√© que si ella hubiese estado ac√° hubiese tomado la misma decisi√≥n que tomamos‚ÄĚ, dice la hija, quien fue la encargada de dar el s√≠ definitivo. ‚ÄúYo al final ced√≠, entend√≠ que era un tema en el que no me ten√≠a que meter, si es que era la voluntad de Marion‚ÄĚ, agrega Beatriz.

“Era lo mejor”

Pese a que fue dif√≠cil, en la familia de Marion Verdugo est√°n convencidos de que tomaron la mejor decisi√≥n, y que si hubiesen seguido otro camino no tendr√≠an la paz que hoy los llena aunque el dolor siga latente. Saben que hicieron un bien, ya que ‚Äúmi madre don√≥ cinco √≥rganos a cinco personas diferentes. O sea, gracias a ella, hoy hay cinco familias que est√°n felices porque para ellos mi madre fue el milagro que esperaban‚ÄĚ, indica orgullosa Gabriela, y Beatriz asiente con la cabeza, sonriente.

‚ÄúNo podemos estar tristes‚ÄĚ, cuenta Manuel Verdugo, el padre de la fallecida, quien precisa que ‚Äúlo llena de orgullo‚ÄĚ la decisi√≥n que tomaron, siguiendo el deseo de Marion en vida. ‚ÄúEsto nos tranquiliza, porque sentimos que ella no se ha ido del todo, parte de ella sigue con nosotros. As√≠ era Marion, hizo el bien incluso despu√©s de que perdi√≥ la vida‚ÄĚ, afirma el padre.

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