Nacional
Martes 05 marzo de 2019 | Publicado a las 23:31 · Actualizado a las 23:43
Chilenos que fueron a Canadá tras promesa de altos sueldos acusaron vivir en paupérrimas condiciones
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“Cuando llegamos, nos dijo: ‘un mes, y luego de ese mes, el bote’. Fuimos enga√Īados, cambiaron las condiciones del trabajo, la paga, todo”.

De esta manera, en conversación con CBC, Claudio Godoy lamentó que un aviso de trabajo que aseguraba 8 mil dólares canadienses mensuales de sueldo haya terminado siendo una mentira.

Pero no fue solo, en esta aventura lo siguieron Raimundo Alcázar y Víctor Aburto tras responder a un aviso en Facebook para una oportunidad laboral en Nueva Escocia con Coast Canada Fisch Packers, una empresa para la que el citado medio no encontró registros.

De acuerdo a Alc√°zar, cuando la reclutadora lo contact√≥ le dijo que no se preocupara, que era “muy seguro”. “Es un trabajo real”, sostuvo.

Pero cuando ya tenían los permisos laborales y los pasajes en mano, una semana antes de su arribo, a fines de junio, la misma mujer los llamó para comunicarles que había habido un problema con el bote y que deberían trabajar un mes en una planta de pescados.

De esta manera debieron firmar un contrato que -sin mencionar el supuesto bote- estipul√≥ que se desempe√Īar√≠an descargando, clasificando y empaquetando pescados por 14 d√≥lares canadienses por hora (casi 2.700 d√≥lares al mes, sin considerar impuestos), 48 horas a la semana.

Finalmente regresaron a Chile el 9 de septiembre, lamentando que tanto la paga y el trabajo hayan sido una fantasía.

Cedida a CBC | Captura Facebook
Cedida a CBC | Captura Facebook

Vida paupérrima

Su jefe en Amos and Andy Fisheries, Andy Henneberry, pagó por sus tickets de retorno, dinero que lamentó haber gastado.

“Las cosas simplemente no resultaron para ellos ni tampoco para mi. Fue una experiencia para aprender”, dijo al medio.

De acuerdo a su versión, el hombre efectivamente estaba buscando una tripulación para un bote pesquero, pero luego supo que sólo debían ser ciudadanos canadienses o residentes permanentes, por lo que sólo contrató trabajadores para la planta en cuestión.

“Me asegur√© que estuviera perfectamente claro a qu√© ven√≠an y se me dijo que ellos sab√≠an y que hab√≠an firmado el contrato”, a√Īadi√≥.

De esta manera, Henneberry entregó una casa al lado de la planta para que vivieran los tres chilenos, inmueble cuyos servicios básicos, internet y cable tenían un costo de 80 dólares.

Pero los chilenos acusaron que descubrieron que el agua de la llave era agua de mar, la que dejaron de beber luego que Henneberry les entregara el recurso embotellado para su consumo. No obstante, las duchas seguían siendo con agua salada hasta el día que se fueron.

Henneberry se√Īal√≥ que hab√≠a vivido en el inmueble por a√Īos y que el agua “no es tan salada”. Seg√ļn asegur√≥, le dijo a los compatriotas que no bebieran agua de la llave apenas llegaron.

Alcázar, por otro lado, no sólo vivía con 65 dólares por dos semanas, ya que enviaba los otros 900 de su cheque quincenal a Chile, sino que también debió ser operado de la vesícula. Tras su intervención, fue despedido, pero luego recontratado.

“Estaba preocupado porque ¬Ņqu√© iba a pasar conmigo? Si no trabajo no tengo dinero”, lament√≥ en conversaci√≥n con CBC.

Henneberry, por otro lado, recuerda la experiencia de otra forma.

A su juicio, “se rompi√≥ el lomo” por los trabajadores, comprando y asegurando un auto, pagando por ropa, equipo para la lluvia, botas y prest√°ndoles dinero.

Además, acusó que los chilenos dejaron Canadá con el celular de otro de sus empleados y con una cuantiosa deuda de tarjetas de crédito.

“Si se aprovecharon de alguien, ese fui yo. Hicimos todo lo que pudimos por ellos”, lanz√≥ Henneberry.

Investigación

Seg√ļn consign√≥ CBC, los afectados indicaron que Service Canada, la agencia federal que inspecciona el programa temporal de trabajadores extranjeros, les ha asegurado que investigan su caso y que uno de sus inspectores visit√≥ la casa el d√≠a que repararon un embarcadero y construyeron una peque√Īa bodega, lo que corresponde a una violaci√≥n a su contrato.

Un vocero de la misma entidad dijo al medio que no podía confirmar ni negar alguna investigación al respecto ya que que la empresa no tiene registros de haber incumplido el programa.

Por otro lado, un vocero de la División de Estándares Laborales tampoco quiso confirmar si la unidad ha dado inicio a alguna indagación en la causa.

Por su parte, los afectados, a casi seis meses de haber regresado, siguen sin saber nada concreto.

Historia com√ļn

A juicio de abogados expertos en inmigraci√≥n, consultados por este caso, la historia es com√ļn.

“El empleador siente que hizo todo y m√°s para rellenar alg√ļn papel y tratar a esta persona de manera decente. Los trabajadores a menudo sienten que no se dieron cuenta de lo altos que son los impuestos o qu√© eran los descuentos”, dijo Elizabeth Wozniak.

Lee Cohen, en tanto, dijo creer que el mencionado programa necesita varias mejoras, como contratar m√°s fiscalizadores.

Lo anterior, debido a que los empleadores que violen t√©rminos del programa pueden ser multados con 100 mil d√≥lares por infracci√≥n, hasta un mill√≥n de d√≥lares al a√Īo. Tambi√©n pueden ser vetados de acceder al mismo.

¬ŅVolver?

Cohen destacó el rol que juegan en estas experiencias los reclutadores, quienes no siempre son legítimos intervinientes.

“Algunos son profesionales y oficiales, otros son charlatanes que cobran m√°s por el servicio que proveen”, dispar√≥.

En línea con lo anterior, Henneberry dijo que todos los afectados son, en su opinión, buenas personas, y que lamenta que hayan ido con falsas expectativas.

Alc√°zar revel√≥ al medio que pese a que quiere hacer p√ļblico su trago amargo, no descarta volver a Canad√° en otra oportunidad, con su familia.

“Es un muy buen pa√≠s para vivir, pero yo tuve una muy mala experiencia”, se√Īal√≥.

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