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Papa centra mensaje de la misa por la paz en la unidad y en trabajar por los excluidos
Publicado por: Gonzalo Cifuentes
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El papa Francisco lleg√≥ hasta el Parque O’Higgins a bordo del papam√≥vil, donde lider√≥ la primera misa masiva en territorio nacional.

Al igual que en el primer día, junto con él se subió el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati.

Mario Vera
Mario Vera

El líder de la Iglesia Católica avanzó entre una multitud, la cual comenzó a llegar al lugar desde la madrugada de este martes.

En el lugar los feligreses los recibieron flameando banderas chilenas y de El Vaticano, mientras gritaban para saludarlo, mientras esperaban el comienzo de la misa.

Francisco dio vueltas por todo el recinto a bordo del caracter√≠stico veh√≠culo, haciendo se√Īas a todos los presentes.

Para hacer más grata la espera, el coro empezó a entonar canciones religiosas mientras se realizaban los preparativos.

Carabineros, en tanto, cifró en 400 mil los asistentes.

El obispo de Roma subió al altar a las 10:20 horas, 10 minutos antes de lo planificado, momento en que dio inicio a la misa.

Francisco comenz√≥ diciendo que la primera actitud de Jes√ļs es ver y mirar el rostro de los suyos. “Las bienaventuranzas no salen de aquellos que critican todo”, manifest√≥.

“Son para aquellos que siguen apostando al futuro, siguen so√Īando, siguen dej√°ndose tocar e impulsar por el esp√≠ritu de Dios”, a√Īadi√≥.

En la instancia afirmó que felices son quienes trabajan por la dicha de otros y que quienes quieran paz, deben trabajar por ella.

En esa l√≠nea, se√Īal√≥ que tenemos que ver en nuestro vecino a un hermano y no a un extra√Īo. “Est√° bien no hacer el mal a nadie, pero est√° muy mal no hacer el bien”, sentenci√≥ Francisco.

Asimismo, cit√≥ una homil√≠a de Ra√ļl Silva Henr√≠quez, referida a la justicia entre los hombres.

Luego, se realizaron las peticiones, momento en que distintos ciudadanos pidieron por los ancianos, ni√Īos, pobres, entre otros.

Posteriormente, recibió las ofrendas de diferentes jóvenes, quienes estaban vestidos de huasos, mapuches y pascuenses. También destacaron dos jóvenes haitianos que subieron al estrado.

La ceremonia religiosa dur√≥ 1 hora 20 minutos de misa, tras lo que Francisco inici√≥ su salida del Parque O’Higgins rumbo a la Nunciatura.

A continuación la homilía del papa Francisco durante la misa por la paz:

¬ęAl ver a la multitud¬Ľ (Mt 5,1). En estas primeras palabras del Evangelio encontramos la actitud con la que Jes√ļs quiere salir a nuestro encuentro, la misma actitud con la que Dios siempre ha sorprendido a su pueblo (cf. Ex 3,7). La primera actitud de Jes√ļs es ver, es mirar el rostro de los suyos. Esos rostros ponen en movimiento el amor visceral de Dios. No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jes√ļs‚Ķ son los rostros, son personas; es la vida que clama a la Vida que el Padre nos quiere transmitir.

Al ver a la multitud, Jes√ļs encuentra el rostro de la gente que lo segu√≠a y lo m√°s lindo es ver que ellos, a su vez, encuentran en la mirada de Jes√ļs el eco de sus b√ļsquedas y anhelos. De ese encuentro nace este elenco de bienaventuranzas que son el horizonte hacia el cual somos invitados y desafiados a caminar. Las bienaventuranzas no nacen de una actitud pasiva frente a la realidad, ni tampoco pueden nacer de un espectador que se vuelve un triste autor de estad√≠sticas de lo que acontece. No nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusi√≥n. Tampoco de espejismos que nos prometen la felicidad con un ¬ęclic¬Ľ, en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, las bienaventuranzas nacen del coraz√≥n compasivo de Jes√ļs que se encuentra con el coraz√≥n de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando ¬ęse te mueve el piso¬Ľ o ¬ęse inundan los sue√Īos¬Ľ y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero m√°s saben de tes√≥n y de lucha para salir adelante; m√°s saben de reconstrucci√≥n y de volver a empezar.

¬°Cu√°nto conoce el coraz√≥n chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cu√°nto conocen ustedes de levantarse despu√©s de tantos derrumbes! ¬°A ese coraz√≥n apela Jes√ļs; para ese coraz√≥n son las bienaventuranzas!

Las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la ¬ępalabrer√≠a barata¬Ľ de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan as√≠ bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformaci√≥n y reconstrucci√≥n en nuestras comunidades, en nuestras vidas. Las bienaventuranzas nacen del coraz√≥n misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza ¬ęes el nuevo d√≠a, la extirpaci√≥n de una inmovilidad, el sacudimiento de una postraci√≥n negativa¬Ľ (Pablo Neruda, El habitante y su esperanza, 5).

Jes√ļs, al decirle bienaventurado al pobre, al que ha llorado, al afligido, al paciente, al que ha perdonado… viene a extirpar la inmovilidad paralizante del que cree que las cosas no pueden cambiar, del que ha dejado de creer en el poder transformador de Dios Padre y en sus hermanos, especialmente en sus hermanos m√°s fr√°giles, en sus hermanos descartados. Jes√ļs, al proclamar las bienaventuranzas viene a sacudir esa postraci√≥n negativa llamada resignaci√≥n que nos hace creer que se puede vivir mejor si nos escapamos de los problemas, si huimos de los dem√°s; si nos escondemos o encerramos en nuestras comodidades, si nos adormecemos en un consumismo tranquilizante (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2). Esa resignaci√≥n que nos lleva a aislarnos de todos, a dividirnos, separarnos; a hacernos los ciegos frente a la vida y al sufrimiento de los otros.

Las bienaventuranzas son ese nuevo d√≠a para todos aquellos que siguen apostando al futuro, que siguen so√Īando, que siguen dej√°ndose tocar e impulsar por el Esp√≠ritu de Dios.
Qu√© bien nos hace pensar que Jes√ļs desde el Cerro Renca o Puntilla viene a decirnos: bienaventurados‚Ķ S√≠, bienaventurado vos y vos; bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el Esp√≠ritu de Dios y luchan y trabajan por ese nuevo d√≠a, por ese nuevo Chile, porque de ustedes ser√° el reino de los cielos. ¬ęBienaventurados los que trabajan por la paz, porque ser√°n llamados hijos de Dios¬Ľ (Mt 5,9).

Frente a la resignaci√≥n que como un murmullo grosero socava nuestros lazos vitales y nos divide, Jes√ļs nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliaci√≥n. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar divisi√≥n. De esta manera, la bienaventuranza nos hace art√≠fices de paz; nos invita a comprometernos para que el esp√≠ritu de la reconciliaci√≥n gane espacio entre nosotros. ¬ŅQuieres dicha? ¬ŅQuieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¬ŅQuieres paz?, trabaja por la paz.

No puedo dejar de evocar a ese gran pastor que tuvo Santiago cuando en un Te Deum dec√≠a: ¬ę”Si quieres la paz, trabaja por la justicia”‚Ķ Y si alguien nos pregunta: “¬Ņqu√© es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre¬Ľ (Card. Ra√ļl Silva Henr√≠quez,Homil√≠a en el Te Deum Ecum√©nico, 18 septiembre 1977).

¬°Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo est√° pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la √ļnica manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar. El trabajador de la paz sabe que muchas veces es necesario vencer grandes o sutiles mezquindades y ambiciones, que nacen de pretender crecer y ¬ędarse un nombre¬Ľ, de tener prestigio a costa de otros. El trabajador de la paz sabe que no alcanza con decir: no le hago mal a nadie, ya que como dec√≠a san Alberto Hurtado: ¬ęEst√° muy bien no hacer el mal, pero est√° muy mal no hacer el bien¬Ľ (Meditaci√≥n radial, abril 1944).

Construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extra√Īo, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra.

Encomend√©monos a la Virgen Inmaculada que desde el Cerro San Crist√≥bal cuida y acompa√Īa esta ciudad. Que ella nos ayude a vivir y a desear el esp√≠ritu de las bienaventuranzas; para que en todos los rincones de esta ciudad se escuche como un susurro: ¬ęBienaventurados los que trabajan por la paz, porque ser√°n llamados hijos de Dios¬Ľ (Mt 5,9).

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