Vida
¬ŅPor qu√© tener hijos porfiados es una bendici√≥n y no un castigo?
Publicado por: Denisse Charpentier
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Los padres de ni√Īos porfiados saben que muchas veces es duro lidiar con ellos y constantemente se preguntan qu√© est√°n haciendo mal.

Sin embargo, la escritora y fundadora del portal Simply for Real, Lynnette Sheppard, plante√≥ una visi√≥n alternativa sobre estos ni√Īos, luego de que una sabia anciana le hiciera cambiar su perspectiva.

Si eres uno de esos padres que se enfrentan constantemente a la tozudez de sus hijos, te invitamos a leer la columna de Lynette recogida por el portal electrónico Huffington Post.

“Cuando mis hijos eran peque√Īos, a veces me preguntaba qu√© hab√≠a hecho mal para que todos nacieran con una potente dosis de car√°cter fuerte. Observaba a otras familias con hijos que parec√≠an apacibles y tranquilos. Mis hijos ten√≠an demasiado esp√≠ritu. A menudo, eran desobedientes. Estaban constantemente poniendo a prueba mi paciencia. Era o lo que ellos dec√≠an, o nada. Si las cosas no se hac√≠an a su manera, se pon√≠an a gritar y a hacer tonter√≠as. Empec√© a pensar que podr√≠a tratarse de un rasgo gen√©tico.

Un domingo fui a la iglesia con Andrew (uno de sus hijos), que por esa √©poca ten√≠a 3 a√Īos y estaba muy revoltoso. Aunque el ni√Īo estaba gritando, una anciana muy dulce se acerc√≥ y me dijo: “¬°Qu√© lindos son tus hijos!”.

Mir√© para abajo a mi peque√Īo grit√≥n y me pregunt√© si esa se√Īora me hablaba a m√≠.

“Tienen genio”, sigui√≥, “lo que significa que conseguir√°n grandes cosas”. Le dije que esperaba que tuviera raz√≥n, y ella me garantiz√≥ que la ten√≠a.

Sinceramente, me sorprendió aquel momento. Me llevaba viendo semana tras semana luchando con mis revoltosos hijos. Sabía que pasaba más tiempo intentando que se callaran que sentada escuchando. No entendía por qué había elegido ese particular momento, en el que mi paciencia había desaparecido y mi hijo estaba llorando, para decirme que mis hijos tenían muchísimo potencial.

Sin embargo, entendí que no era una mujer ordinaria. Era una mujer a la que admiraba todo el mundo. Había criado por sí sola a cinco hijos increíbles. Era callada, pero cuando hablaba, la gente escuchaba, porque era la personificación de la sabiduría. Yo quería ser como ella. Y ahí estaba, diciéndome que mis hijos, que me parecían absolutamente desesperantes, acabarían bien.

¬ŅConoc√≠a esa lucha interna que a menudo ten√≠a -en la que incluso me planteaba lo de la iglesia-, en la que me preguntaba c√≥mo podr√≠a llegar a ense√Īar algo a esos peque√Īos? Yo estaba desesperada por creerla. Pero, ¬Ņc√≥mo pod√≠a estar esa mujer tan segura? Si ni siquiera conoc√≠a bien a MIS hijos.

A medida que me alejaba y sopesaba sus palabras, se me llen√≥ el coraz√≥n de esperanza. Aunque estaba luchando, ten√≠a que creer que ella sab√≠a algo que yo no. Creo que sab√≠a MUCHAS cosas que yo no. Y, quiz√°s… s√≥lo quiz√°s… ella era la respuesta a mis oraciones… Una dulce garant√≠a de que esa fase no durar√≠a para siempre y de que mis aparentemente imposibles hijos hab√≠an salido con tanto car√°cter porque lo NECESITAR√ćAN para llegar lejos en su vida. Me sent√≠ tranquila.

Muchas veces he mirado atrás para revivir ese momento. He pensado en sus palabras en incontables ocasiones, cuando he pasado por situaciones difíciles con mis hijos. He pensado en esas palabras cuando he visto que las situaciones difíciles se difuminaban en fases tranquilas de comprensión y crecimiento. Las he recordado cuando he sido testigo de que se convertían en adolescentes motivados y reflexivos, cuya testarudez estaba ahora integrada en su carácter de una forma fortalecedora.

Ahora no tengo dudas de que esa dulce mujer sab√≠a de lo que hablaba aquel d√≠a hace muchos a√Īos. Sab√≠a, como yo estoy aprendiendo ahora, que no hay que temer el car√°cter fuerte de un ni√Īo. Que es una BENDICI√ďN.

Obviamente, estos ni√Īos requieren cierta orientaci√≥n. Requieren m√°s paciencia. Requieren l√≠deres (padres) fuertes que, con cuidado y firmeza, les recuerden que todav√≠a tienen mucho que aprender, que sus ideas no son siempre las mejores. Necesitan que sus padres les ense√Īen a canalizar ese car√°cter fuerte en unos objetivos √ļtiles, lo que a veces les parece desmoralizador.

Ha habido veces en mitad de la ense√Īanza de estos ni√Īos en las que he sentido que estaba educando a una pared. Ha habido veces que he pensado que retroced√≠a en lugar de avanzar. Ha habido veces en que, desesperada, he querido soltar los brazos y gritar, y veces que, simplemente, lo he hecho.

Pero tambi√©n ha habido momentos en los que he sentido que era la alumna en vez de la maestra. Ha habido veces en las que he mirado atr√°s y he observado admirada el impulso y la convicci√≥n que proced√≠a de esos mismos ni√Īos. En esos momentos, he percibido peque√Īos destellos de su grandeza, de la grandeza que todav√≠a est√° en proceso de salir del capullo.

El mayor s√≥lo tiene 15 a√Īos y s√© que todav√≠a tiene mucho que aprender, y muchos a√Īos por delante hasta ver el resultado completo de mi trabajo. S√© que ning√ļn resultado est√° garantizado, a pesar de mis esfuerzos. Sin embargo, he llegado a confiar en las palabras de mi antigua amiga, cuya sabidur√≠a exced√≠a la m√≠a. Me ayudan a seguir cuando las cosas se ponen feas.

Quiz√°s ustedes tambi√©n pueden sacar fuerzas de sus palabras. Pueden confiar en ellas, como yo he hecho, cuando los √°rboles no los dejen ver el bosque. Pueden confiar en ellas cuando se pregunten si esa trascendente metamorfosis de gusano a mariposa ocurrir√° alg√ļn d√≠a. Pueden recordarlo cuando pongan constantemente a prueba su paciencia hasta el extremo, y cuando est√©n seguros de que un d√≠a m√°s de frustraci√≥n acabar√° con ustedes.

Confíen en mi sabia amiga. Ella lo sabe bien.

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