La justicia de Australia rechazó la solicitud para desclasificar los documentos secretos relacionados con la participación del gobierno australiano en el golpe militar de Chile en 1973, confirmó este martes a Efe el demandante.

Clinton Fernandes, el exoficial de inteligencia militar australiano que requirió en junio la desclasificación, informó hoy en un correo electrónico que un tribunal australiano denegó la semana pasada su solicitud.

Tras un proceso de cinco meses celebrado en su mayoría a puerta cerrada, el Tribunal de Apelaciones Administrativas, en Sídney, destacó en su fallo del 1 de noviembre que la Ley de Archivos permite exenciones a la publicación de documentos para “preservar la capacidad del gobierno para mantener los secretos cuanto sea necesario”, según la decisión a la que tuvo acceso Efe.

“Esa capacidad es vital en circunstancias en las que nuestros servicios de seguridad e inteligencia dependen de otros para proporcionarnos información valiosa que repercute en nuestra seguridad nacional en un mundo peligroso”, remarca el tribunal.

Fernandes, cuyo requerimiento pedía al director general de los Archivos Nacionales de Australia, David Fricker, la publicación de los documentos, calificó la decisión de “una obscenidad para la memoria de las víctimas seguir ocultando la verdad”.

El también académico australiano además subrayó que esto “demuestra que la desclasificación es responsabilidad del gobierno australiano, y la ministra de Asuntos Exteriores, Marise Payne, debería desclasificar estos registros de hace 50 años”.

A pesar de que Estados Unidos desclasificó hace dos décadas documentos secretos sobre cómo encubrió y apoyó al régimen de Pinochet (1973-1990), aún quedan muchas interrogantes sobre la actuación de su socio, Australia, en la antesala del golpe que tumbó al socialista Salvador Allende.

Por ahora se sabe que Australia envió a Chile en 1971 a agentes de los Servicios Secretos Australianos de Inteligencia (ASIS, siglas en inglés) durante el gobierno del liberal Billy McMahon, a petición de Washington, pero su sucesor, el laborista Gough Whitlam (1972-73) ordenó la retirada de estos uniformados en el país sudamericano.

Sin embargo, al menos un agente de ASIS se quedó en Chile hasta después del golpe, mientras que algunos oficiales de la ASIO (la agencia de inteligencia australiana) trabajaron como agentes de inmigración encubiertos y ayudaron a la CIA estadounidense antes del golpe.