Por primera vez en su historia, los cataríes elegirán este sábado a la mayoría de los miembros de su órgano legislativo, una votación inédita para un país donde los partidos políticos están prohibidos.

No obstante, el ejercicio no alterará el equilibrio de poder en este rico emirato gobernado por la familia Al Thani.

Los electores pueden votar por 30 de los 45 miembros del Majlis al Shura, una asamblea consultiva de poco poder. El resto será nombrado por el emir Tamim ben Hamad al Thani que, hasta ahora, escogía a todos sus integrantes.

Los colegios electorales cerraron a las 09:00 horas de Chile (15:00 locales) y los resultados son esperados para esta noche. El día dejó imágenes a lo largo y ancho del emirato de votantes ataviados con sus inmaculadas túnicas blancas esperando depositar sus papeletas.

Al comienzo de la tarde, 101 de los 284 candidatos se habían retirado, según la televisión pública, para apoyar a otros aspirantes de sus circunscripciones respectivas.

Nuevas facultades para Majlis al Shura

El consejo obtendrá nuevas facultades, como proponer leyes, aprobar el presupuesto o revocar ministros, pero el todopoderoso emir mantendrá el derecho de veto.

El voto, previsto por la Constitución de 2004 pero retrasado en varias ocasiones, llega en un momento de gran exposición para este reino.

Catar acoge el próximo año la Copa del Mundo y las autoridades creen que organizar estas elecciones “provocará una atención positiva” hacia el país, afirmó Luciano Zaccara, especialista del Golfo en la Universidad de Catar.

“Es una forma de mostrar que van en la buena dirección, que desean más participación política”, añadió.

Pero los expertos no esperan en la práctica grandes cambios tras estos comicios en el primer productor y exportador mundial de gas natural licuado.

En el Golfo Pérsico, solo el pequeño reino de Kuwait dispone de un parlamento electo por sus ciudadanos.

Votación con límites

“Es algo trascendental, votar por primera vez aquí. Es increíble poder formar parte [de los comicios]. Cuando doblé mi papeleta para meterla en al urna tuve la sensación de estar participando en algo más grande”, afirmó en Doha Sheija Ateeq al-Julaifi, de 25 años.

Los carteles de los candidatos florecieron en las ciudades del país. Incluso hubo algunos mitines políticos y anuncios electorales en la televisión.

No obstante, la política exterior o el estatus de la monarquía siguieron siendo temas tabú en esta campaña electoral.

A eso se añadieron otras limitaciones: los 284 candidatos, entre ellos solo 28 mujeres, tuvieron que ser aprobados por el Ministerio de Interior, siguiendo criterios como la edad, el carácter o el historial judicial.

Los candidatos también tuvieron que informar previamente al ministerio sobre sus actos de campaña y los nombres de las personas que tomarían la palabra en ellos.

“Es un día histórico (…) me siento feliz (…) Espero que el próximo consejo estará a la altura del momento vive Catar y el mundo”, declaró por su parte a la AFP Alí Abdulá al-Julaifi, votante de 44 años.

El hecho que haya pocas mujeres candidatas no parecía importar a Sabika Yusef este sábado.

“Para mí, lo más importante de este proceso es elegir a un candidato que sepa representar nuestros votos”, dijo esta catarí al depositar su papeleta.

Otra cuestión importante es que la mayoría de los 2,5 millones de habitantes del emirato son extranjeros y por tanto no podrán votar.

Entre los 330 mil nacionales cataríes, solo los descendientes de aquellos que ya eran ciudadanos en 1930 pueden participar en las elecciones y presentarse como candidatos.

Por ejemplo, los miembros de la importante tribu seminómada de Al Murra fueron excluidos de los comicios.

Según fuentes diplomáticas, se han celebrado votaciones ya de forma interna para determinar a quién escoger en algunas circunscripciones.

“Cuando no hay partidos políticos, la gente tiende a votar por las personas que conoce, miembros de la familia o de la tribu”, comentó Courtney Freer, especialista en los países del Golfo en el Emory College de Estados Unidos.

No es la primera vez que los cataríes participan en un proceso electoral, puesto que ya han votado en el pasado en reformas constitucionales o elecciones locales.