Una gigantesca multitud de gente desfiló el viernes por el centro de Argel en un octavo viernes de protesta para oponerse a una transición y la organización de elecciones por los miembros del sistema del exmandatario Abdelaziz Buteflika.

No fue posible estimar la cantidad de manifestantes, las autoridades no comunican cifras ni tampoco los manifestantes. Al comenzar la tarde una densa multitud llenó las calles del centro de la ciudad, al menos tan multitudinaria como en los viernes anteriores.

Hay también manifestaciones en otras ciudades de Argelia, como en Constantina y Annaba, o en Tizi-Ouzou, en Cabilia.

Luego de obtener el 2 de abril la dimisión de Buteflika, el movimiento popular reclama ahora la partida de Abdelkader Bensalah, de 77 años, figura del aparato de los últimos 20 años de gobierno. De acuerdo a lo que establece la Constitución, Bensalah fue nombrado presidente interino y debe organizar una elección presidencial dentro de los 90 días.

En las redes sociales los llamados a manifestar volvieron a aparecer los últimos días detrás del lema “Que se vayan todos”.

Agence France-Presse
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Los manifestantes estiman que las estructuras y personalidades que colocó Buteflika no pueden garantizar unos comicios libres y temen una elección fraudulente para confortar el “sistema” en el poder.

El gobierno argelino de transición planea seguir con el proceso previsto por la Constitución: la elección de un nuevo presidente dentro de los 90 días, y fijó los comicios presidenciales para el 4 de julio. Los manifestantes y la sociedad civil reclaman que se creen instituciones dedicadas a una verdadera transición política tras la dimisión de Abdelaziz Buteflika.

“El pueblo es más grande que la Constitución”,
se podía leer en el cartel de un manifestante.

La policía antidisturbios intentó el viernes por la mañana evacuar la plaza de la Grande Poste, epicentro de las protestas desde hace 8 semanas, pero los manifestantes, en superioridad numérica, terminaron rodeando a los policías y luego les abrieron un paso para que pudiesen evacuar.

ARCHIVO | Agence France-Presse
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Rechazo a elección presidencial

“Queda claro que ellos (los ex partidarios de Buteflika) trucarán las elecciones”, dijo Hamid Bushnab, de 24 años. “No les tenemos confianza por ello rechazamos” que gestionen la transición. “Rechazamos a Bensalah. Lo dijimos y lo repetiremos hasta que entienda”.

Louisa Dris-Aït Hamadouche, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Argel, especula que habrá una manifestación “probablemente intensa y masiva”. “El levantamiento popular ya dio su respuesta a la entronización de Bensalah” el 9 de abril, dijo.

“La elección del 4 de abril es rechazada por el pueblo que rechaza asimismo el nombramiento de Bensalah”, sostiene Mahrez Bouich, profesor de filosofía de la Universidad de Bejaia (250 km al este de Argel).

Elección ‘legal pero no legítima’

Para los manifestantes, esta elección organizada en tres meses no puede ser libre ya que estará organizada por las instituciones y personalidades heredadas de 20 años de poder de Buteflika, marcados por comicios fraudulentos, según la oposición.

Bensalah recibió el apoyo implícito de los militares, que regresaron al centro del ruedo político cuando su jefe de Estado Mayor, el general Ahmed Gaid Salah, quitó su apoyo a Buteflika, sellando así su inevitable dimisión.

El general estimó “insensato” una transición por fuera del marco institucional actual y prometió a los manifestantes que los militares garantizarían “la transparencia e integridad” de los comicios.

“Lo esencial para los militares es tener rápidamente un presidente para instalar instituciones estables y concentrarse en las misiones de seguridad del país”, analizó Rachid Grim, profesor de Ciencias Políticas en el ISGP en Argel.

Esta presidencial es “legal pero no legítima”, estimó Louisa Dris-Aït Hamadouche.

El poder observará con atención la movilización del viernes con la esperanza de que decaiga.

“Tres meses es mucho para un movimiento popular, por el momento se mantiene”, observa Louisa Dris-Aït Hamadouche.

Pero, por el contrario, “tres meses es corto” para transformar un movimiento popular en movimiento político organizado, subrayó Rachid Grim.