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Fabricantes de ata√ļdes sin trabajo en el L√≠bano: Ya casi no quedan cristianos
Publicado por: Fabián Barría La información es de: Agence France-Presse
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En el L√≠bano, pa√≠s del Medio Oriente, el oficio de fabricante de ata√ļdes estar√≠a desapareciendo por la huida¬†progresiva de cristianos, principalmente en el norte. Contrario al aumento explosivo de musulmanes.

Y es que esta religión, ahora mayoritaria en el país, no entierra a sus muertos en féretros, sino envueltos en sábanas o sudarios.

Mientras fuma un cigarrillo, el √ļltimo fabricante artesanal de ata√ļdes de la ciudad m√°s poblada de Libia, Michel Homsi, espera que entre alguien en su peque√Īo taller, situado en una callejuela de Zahri√©, un barrio del que los cristianos se fueron durante la guerra civil de 1975 a 1990.

Este hombre de 65 a√Īos no ha vendido uno desde el comienzo de 2016. Para un encargo, el interesado debe desplazarse al taller, en el que ya no hay tel√©fono por falta de medios para pagarlo.

La √ļltima vez que alguien me compr√≥ un ata√ļd fue hace un a√Īo, para su madre que viv√≠a por aqu√≠. Lo compraron, se fueron y nunca los volv√≠ a ver”, cuenta.

El oficio agonizó cuando los cristianos se fueron de Trípoli, pero Michel Homsi siguió trabajando durante casi cinco décadas.

Amor por la madera

En las elecciones municipales de 2010, 4.500 cristianos votaron, pero esta cifra es enga√Īosa porque muchos de ellos se mudaron hace tiempo a Beirut, capital libanesa.

“Me encanta la madera”, dice Michel Homsi, con el bigote amarillento por la nicotina.

Homsi comenz√≥ a fabricar f√©retros en 1964, primero por cuenta ajena durante tres a√Īos y luego en el taller de su padre. En aquel entonces era un negocio pr√≥spero. Juntos fabricaban a mano cinco f√©retros por mes. Los m√°s baratos se vend√≠an a 100 d√≥lares y los m√°s tallados por m√°s de 1.000.

A él le costó convencer a su padre de que estaba hecho para el oficio.

“Cuando comenc√© no me dejaba tocar a nada, s√≥lo me ped√≠a que guardara las herramientas. Luego, cuando √©l estaba cansado, empec√© a fabricarlos con mis manos, y mi trabajo le gust√≥”, explica.

“Mi padre no me ense√Ī√≥ nunca a fabricar ata√ļdes pero me transmiti√≥ el amor por la madera”, declara.

Esta pasión explica que Michel Homsi se resista a cerrar el negocio.

Compra madera, la corta manualmente con sierra y monta las piezas para el acabado.

“T√≥quela con la mano, ver√° lo rugosa que es la madera”, comenta. “Y ahora toque. Lo ve, se ha vuelto suave como la seda”, a√Īade orgulloso tras haberla cepillado.

A continuaci√≥n barniza el ata√ļd con distintos cepillos y cubre el interior con una tela. Esta √ļltima operaci√≥n no la lleva a cabo hasta que alguien lo compra. Por eso est√° rodeado de obras inacabadas.

Normalmente tarda entre tres y cinco d√≠as en fabricar un ata√ļd, pero como no tiene pr√°cticamente demanda, s√≥lo hace uno al mes.

Michel trabajó con su padre hasta el comienzo de la guerra civil, en 1975. En 1982 huyeron de la ciudad, en la que se impuso el Movimiento de unificación islámico, una milicia fundamentalista.

Despu√©s de haber trabajado ocho meses en Alemania como mec√°nico volvi√≥. Pero cada vez hab√≠a menos cristianos y al final de la guerra en 1990, Homsi ya s√≥lo fabricaba un ata√ļd por mes.

Tras el restablecimiento de la paz no consiguió nuevos clientes y para cubrir las necesidades de su mujer y de sus dos hijos tuvo que trabajar en una empresa de limpieza.

Esto le impidi√≥ ense√Īar el oficio a su hijo.

“En la iglesia, la gente me saluda pero nadie se pasa m√°s de un minuto hablando conmigo. Como frecuento de muy cerca la muerte a lo mejor piensan que hablar conmigo les acortar√≠a la vida”, comenta.

Michel no tiene la intenci√≥n de cerrar. “¬ŅA d√≥nde ir√≠a? Quiz√° el trabajo vuelva. Tengo dos opciones: trabajar o morirme“.

URL CORTA: http://rbb.cl/fodr
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