Los macedonios deciden este domingo si aceptan cambiar el nombre del país por “Macedonia del Norte”, una “decisión histórica” que zanjaría un viejo conflicto con Grecia y los acercaría a la Unión Europea.

El voto en este referéndum es consultivo y su resultado tendrá que ser validado por el Parlamento, pero aún así suscita mucho interés en Bruselas, en las sedes de la OTAN y de la Comisión Europea.

En caso de una participación débil el resultado podría ser disputado por los opositores. Y, el domingo en la tarde, la comisión electoral informó que solo 16% del electorado había emitido su voto, dos veces menos que a la misma hora en las elecciones legislativas de 2016.

“Cambiará las cosas si ello nos abre las puertas de Europa y de la OTAN”, explica Olivera Argirovska, enfermera jubilada de 74 años, que votó el domingo muy temprano en el colegio Tito del centro de Skopie, donde al menos una decena de ciudadanos esperaban su turno para votar.

El país balcánico, uno de los más pobres de Europa, quiere entrar en esas organizaciones que muchos consideran como una promesa de estabilidad y de prosperidad.

Su objetivo se ha topado una y otra vez con el veto de Grecia, que afirma que el nombre de Macedonia sólo puede designar una de sus provincias septentrionales, alrededor de Tesalónica.

Desde que Macedonia se independizó de la desaparecida Yugoslavia en 1991, los griegos creen que trata de usurpar su patrimonio, especialmente el de Alejandro Magno, y que mantiene ambiciones territoriales ocultas.

Los años de poder de la derecha nacionalista macedonia (VMRO-DPMNE), que terminaron en 2017, tensaron aún más las relaciones bilaterales. El país se llenó entonces de estatuas y de referencias a Alejandro Magno y Filipo de Macedonia, enojando a los griegos.

En junio, sin embargo, el nuevo primer ministro socialdemócrata, Zoran Zaev, firmó con su homólogo Alexis Tsipras un acuerdo para poner fin a esa disputa. Si se aprueba el nuevo nombre de “República de Macedonia del Norte”, Atenas dejará de oponerse al ingreso de su vecino en la OTAN y en la UE.

“Cualquier otro resultado (que no sea sí) crearía un problema”, advirtió el portavoz del gobierno griego, Dimitris Tzanakopoulos, en la radio de Atenas 9,84.

Un cambio impuesto

El Gobierno insiste en las ventajas de ese acuerdo. En las paredes de Skopie, la campaña a favor del cambio anima a votar “Sí a una Macedonia europea”, a tomar “una decisión histórica” y a ignorar los llamamientos al boicot lanzados en las redes sociales.

Pero las palabras “Macedonia del Norte” no aparecen ni en los carteles ni en la pregunta del referéndum: “¿Está a favor de la adhesión a la UE y a la OTAN aceptando el acuerdo” con Grecia?”.

Muchos habitantes consideran impuesto desde el extranjero.

“Entiendo lo que sienten los macedonios (…), es un chantaje”, afirma Abedin Memeti, miembro de la minoría albanesa, que representa entre el 20 y el 25% de los 2,1 millones de habitantes del país.

“Pero la UE y la OTAN son más importantes que todos nosotros. Hay que avanzar”, dice el joven, que votará sí como la inmensa mayoría de las personas de la comunidad albanesa.

“No estoy contenta. Y no conozco a nadie que lo esté con este acuerdo”, asegura Danica Taneska, de 55 años, que dijo que votaría por el no.

Para quitarle legitimidad a la previsible victoria del sí, quienes se oponen al acuerdo han pedido boicotear el referéndum.

Dudas sobre la participación

Varios observadores vaticinan una participación inferior al 50%. La abstención será el resultado del descontento de muchos macedonios y también de la diáspora.

Borjan Jovanoski, un periodista especializado en asuntos europeos, considera que esa falta de interés no quita que el referéndum sea vital para el país, ya que la UE “es la única potencia coherente que puede preservar la paz entre religiones y comunidades étnicas en un país tan heterogéneo como Macedonia”.

Tras haber evitado los conflictos intercomunitarios de los años 1990 en la extinta Yugoslavia, Macedonia estuvo a punto de caer en la violencia en 2001, cuando los rebeldes albaneses y las fuerzas macedonias se enfrentaron, dejando entre 100 y 200 muertos hasta los acuerdos de Ohrid, que concedieron más derechos a los albaneses.