Internacional
Viernes 06 julio de 2018 | Publicado a las 10:14
Espa√Īa debate sobre la tumba del dictador Francisco Franco
Publicado por: Diego Vera La información es de: Agence France-Presse
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

Una cruz de 150 metros, una bas√≠lica horadada en la monta√Īa por presos pol√≠ticos, y muchas flores frescas. As√≠ es la tumba de Francisco Franco en el Valle de los Ca√≠dos, un monumento que divide a Espa√Īa y del que podr√≠an salir en breve los restos del dictador.

“Han pasado generaciones y seguimos estando separados por una guerra que no hemos conocido”, lamenta bajo la inmensa cruz Cristina Campo, una mujer aragonesa de 42 a√Īos que vino de visita con su familia.

El gobierno socialista est√° trabajando para que se efect√ļe el traslado este mismo mes. Seg√ļn el presidente Pedro S√°nchez, en el poder desde junio, “Espa√Īa no se puede permitir, como democracia consolidada y europea que es, s√≠mbolos que separen a espa√Īoles”.

El general que gan√≥ la Guerra Civil (1936-1939) tras un golpe de Estado contra la II Rep√ļblica y dirigi√≥ el pa√≠s hasta su muerte en 1975 podr√≠a estar pasando as√≠ sus √ļltimos d√≠as en este monumento.

Al llenarlo con los cad√°veres de miles de partidarios y tambi√©n de republicanos, √©l mismo lo present√≥ como un lugar de “reconciliaci√≥n”, pero sus detractores lo ven como un s√≠mbolo excluyente.

Ubicado a 50 kil√≥metros al norte de Madrid, en un paraje monta√Īoso cubierto de pinos, el Valle de los Ca√≠dos impresiona por su inmensa cruz de granito y hormig√≥n, de 150 metros de alto.

La cruz, visible a muchos kil√≥metros a la redonda, domina una gigantesca explanada y una bas√≠lica custodiada por monjes benedictinos, donde reposan los restos del “general√≠simo”.

Los s√≠mbolos religiosos son omnipresentes, lo que ilustra “la simbiosis perfecta que hab√≠a entre el poder que gana la guerra civil (…) y la Iglesia” cat√≥lica, explica a la AFP el historiador Juli√°n Casanova.

El pesado port√≥n met√°lico de entrada, bajo una Piedad de basta factura, reproduce un Resucitado, junto con escenas de la Anunciaci√≥n, el nacimiento y la Pasi√≥n de Cristo. Nada m√°s entrar, una placa de piedra recuerda que el lugar fue inaugurado por Franco, “caudillo de Espa√Īa”, el 1 de abril de 1959.

Avanzando unos pasos, el visitante se ve apabullado por dos arc√°ngeles masivos, que empu√Īan sendas espadas en forma de cruz.
Arranca ah√≠ una larga y l√ļgubre nave cavada bajo la monta√Īa, con suelo de m√°rmol negro, que desemboca en una c√ļpula dominada por un altar y un Crucificado.

De un lado de √©ste se encuentra la tumba de Jos√© Antonio Primo de Rivera, fundador del partido fascista Falange Espa√Īola, fusilado por los republicanos en 1936, y del otro la tumba de Franco, ambas cubiertas con ramos de rosas y claveles.

La familia, en contra


“El acto de exhumar no es dif√≠cil (…) m√°s o menos en una hora se podr√≠a hacer”
, explica frente al monumento y rodeado de turistas Gabino Abánades, el hombre que el 23 de noviembre de 1975 dirigió la cuadrilla encargada de inhumar el cadáver embalsamado del dictador, tres días después de muerto.

Seg√ļn √©l, “lo l√≥gico y normal” es que los restos vayan a la cripta que la familia Franco tiene en el cementerio de El Pardo, cerca de Madrid.

Sin embargo, sus descendientes est√°n en completo desacuerdo, pese a la promesa del gobierno de actuar “con el debido respeto”. Y argumentan que el √ļnico autorizado para aprobar la exhumaci√≥n es el abad benedictino, en tanto que custodio.

“Los siete nietos, de forma un√°nime, han firmado una carta que han entregado al prior de la abad√≠a benedictina, en la cual muestran su oposici√≥n a la exhumaci√≥n”, explica Juan Chicharro, presidente de la Fundaci√≥n Francisco Franco, que defiende la memoria del dictador.

Un trato desigual

En la construcción del monumento, entre 1940 y 1959, participaron unos 20.000 presos políticos del régimen, que a golpe de dinamita horadaron el risco en que se encuentra la basílica y edificaron también el monasterio benedictino y una hospedería.

En la monta√Īa yacen los restos de unos 27.000 combatientes franquistas y de unos 10.000 republicanos
, estos √ļltimos sacados de fosas comunes y cementerios y llevados all√≠ sin previo aviso a las familias.

Casanova incide en que los franquistas enterrados “tienen un registro de salida del cementerio y un registro de entrada en el Valle de los Ca√≠dos. En el caso de los republicanos (…) no hay registro de salida cuando se los llevan, y el registro de entrada es muy inexacto. √Čse es el problema”.

S√≠mbolo de un pasado dif√≠cil de digerir, el Valle de los Ca√≠dos sigue suscitando discordia. En los √ļltimos d√≠as aparecieron pegatinas en algunas calles de Madrid con el lema “El Valle no se toca”, sobre una fotograf√≠a del lugar y una bandera espa√Īola.

Tendencias Ahora