Internacional
Desgarradora escena en hospital francés: tunecino llora a su mujer e hijo tras atentado
Publicado por: Christian Leal
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Tahar Mejri explot√≥ de rabia este s√°bado en la puerta de un hospital de Niza al enterarse de la muerte de su hijo Kyllian, de 4 a√Īos, por el atentado del jueves, que tambi√©n seg√≥ la vida de su esposa.

Olfa Bent Souyah Khalfallah, de nacionalidad tunecina y nacida en 1985, hab√≠a acudido a ver los fuegos artificiales solamente con su hijo. Junto a su cuerpo apareci√≥ el patinete del peque√Īo.

En el famoso paseo de los Ingleses el tunecino Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, 31 a√Īos, atropell√≥ con un cami√≥n a decenas de personas el jueves, al final de los fuegos artificiales del 14 de julio, fiesta nacional francesa. Seg√ļn el balance provisional hay 84 muertos, entre ellos 10 ni√Īos o adolescentes.

Desde el jueves los familiares y amigos de la familia afincada en Niza hab√≠an recorrido los hospitales de la ciudad sin obtener informaci√≥n sobre el paradero del peque√Īo. En las redes sociales se difundieron fotos de Kyllian para intentar encontrar alguna pista.

A la b√ļsqueda se uni√≥ el hermano de Tahar, Kamel, que reside en Italia. Este s√°bado recorr√≠a Niza con una fotograf√≠a de Kyllian en la ventanilla delantera de su coche intentando obtener alguna pista.

“Mi hermano encontr√≥ a su mujer muerta y el ni√Īo no estaba”, se√Īala mientra fuma un cigarrillo en el aparcamiento del Hospital Pasteur.

“Vine para ayudarle. Hemos buscado en todos los hospitales, no sabemos donde est√°, no tenemos ninguna respuesta”, contin√ļa.

“Ahora mi hermano est√° dentro (del Pasteur). Hoy han terminado los ex√°menes de ADN y creo que nos dar√°n ma√Īana o el lunes la respuesta. Sabremos todo, pero yo creo que el ni√Īo est√° muerto”, a√Īade.

Minutos después un grito de rabia rompe el silencio. Tahar Mejri acaba de recibir la noticia de que su hijo ha fallecido y estalla en furia en la puerta del hospital.

Clama al cielo con los brazos levantados mientras sus familiares, entre ellos Kamel, intentan tranquilizarlo. “¬°Los dos, los dos!”, repite desconsolado.

Tampoco consiguen apaciguarlo los voluntarios del grupo de psicólogos instalado desde la madrugada del viernes en el hospital. Rechaza reunirse con ellos.

Prefiere caminar lentamente hasta el coche, donde se sienta un rato antes de emprender la marcha.

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