Internacional
Sábado 29 diciembre de 2018 | Publicado a las 10:09 · Actualizado a las 10:17
"Gringos tropicales": reflexiones a 60 a√Īos de la Revoluci√≥n Cubana que "latiniz√≥" a Miami
Por Verónica Reyes
La información es de Agence France-Presse
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Sesenta a√Īos de revoluci√≥n castrista dieron a Miami la personalidad que tiene ahora: una ciudad de paquid√©rmicos desarrollos inmobiliarios; y olor a croqueta y caf√© colado, donde los hijos y nietos de exiliados cubanos crecieron como “americanos que comen arroz con frijoles”.

A apenas 367 km de distancia, La Habana y Miami ya estaban muy conectadas a principios del siglo pasado, con un flujo turístico y comercial que iba y venía. Este movimiento pendular se detuvo en 1959, cuando triunfó la revolución de Fidel Castro y comenzó la diáspora cubana.

Los primeros exiliados de los a√Īos 1960 hoy son octogenarios que so√Īaron con liberar su pa√≠s y ahora viven entre la frustraci√≥n y la nostalgia, despu√©s de conspirar por d√©cadas mientras jugaban domin√≥ en los porches de sus casas color pastel.

“Est√°bamos perdiendo todo lo que nuestra familia hab√≠a trabajado por a√Īos, no lo pod√≠amos aceptar”, dijo Johnny L√≥pez de la Cruz, de 78 a√Īos, recordando al grupo de cubanos exiliados que intent√≥ invadir la isla en 1961 tras un chapucero entrenamiento de la CIA.

“Quer√≠amos regresar para traer de nuevo la democracia y la libertad para el pueblo cubano”, dijo a la Agencia AFP este excombatiente que hoy preside la Asociaci√≥n de Veteranos de Bah√≠a de Cochinos.

Agence France-Presse
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El gran enemigo: John F. Kennedy, el presidente que los “traicion√≥” cuando retir√≥ el apoyo de la CIA en plena batalla.

“Casi todos fuimos capturados”, cont√≥ L√≥pez. Siguieron la prisi√≥n, la tortura y el exilio.

Cubanos como él sienten el anticastrismo en la piel y rechazan el acercamiento entre Washington y La Habana como una claudicación. Y ese sentimiento intestino moldea a buena parte de la comunidad cubana en Miami.

Sabor tropical

Pasaron los a√Īos, aument√≥ la di√°spora y el sur de Florida cambi√≥. El “s√°ndwich cubano” se volvi√≥ el bocadillo m√°s popular, el caf√© ahora se llama “colada” o “cafecito” y el idioma que se habla rara vez es el ingl√©s.

Agence France-Presse
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Un clich√© frecuentemente citado dice que la “ciudad m√°gica” es la √ļnica urbe extranjera que los estadounidenses pueden visitar sin pasaporte.

El capital social de la comunidad cubana de Miami es tal que uno de sus representantes, Jorge Mas, tuvo que meter la cuchara en el proyecto de estadio de David Beckham para que el futbolista brit√°nico comenzara a tener posibilidades reales de llevarlo a cabo.

Ya en 1972, el histórico caso Watergate involucró a cuatro cubanos de Miami.

Y cuando murió la gloriosa Celia Cruz en 2003, decenas de miles la despidieron en la Torre Libertad, un monumento a los exiliados entre los rascacielos de Downtown.

Agence France-Presse
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Seg√ļn el censo de 2017, del 67% de hispanos de esta ciudad floridana, m√°s de la mitad (54%) eran cubanoestadounidenses.

“Los cubanos convirtieron la Miami subtropical en una ciudad con estilo tropical, una ‘ciudad alegre’ al estilo caribe√Īo”, escribi√≥ el historiador Anthony Maingot en su libro “Miami: a Cultural History” (2015).

Pero ese sabor tropical no est√° en el Caribe: sigue siendo estadounidense.

“La latinizaci√≥n de la ciudad est√° contrabalanceada por las fuerzas de Estados Unidos, que siempre han favorecido la renovaci√≥n y el cambio”, escribi√≥ Maurice Ferr√©, seis veces alcalde de Miami, en el pr√≥logo del libro de Maingot.

Arroz con frijoles

Entre estas dos fuerzas antagónicas, están los hijos y los nietos de los cubanos.

Giancarlo Sopo, de 35 a√Īos, es hijo de un veterano de la Brigada 2506 que naci√≥ -dice- en la “cima” del auge del √©xodo en los a√Īos 1980.

La cultura popular dejaba constancia del tama√Īo de la influencia cubana en Miami con √©xitos como la canci√≥n “Conga”, de Gloria Estefan; y el film “Scarface”, con Al Pacino.

A√Īos despu√©s, a ra√≠z de la apertura de relaciones Cuba-EEUU en 2014, Sopo viaj√≥ a La Habana y descubri√≥ que era m√°s estadounidense de lo que pensaba.

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Atr√°s quedaron la crisis de los “marielitos” de los 1980 y la de los balseros una d√©cada despu√©s.

“Mientras m√°s intercambio con j√≥venes cubanos m√°s me doy cuenta de que culturalmente tenemos diferencias”, dijo a la AFP este estratega comunicacional en su oficina de Miami Beach.

Un ejemplo: su esposa, nacida y criada en Cuba, considera natural que alguien la visite sin avisar. Pero, para él, esa costumbre es surreal.

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Los cubanos de segunda y tercera generaci√≥n “ya somos americanos a los que nos gusta tambi√©n comer arroz con frijoles”, brome√≥.

Y, por esto, son grupos más propensos a favorecer la apertura e, incluso, a votar demócrata.

Anticastrismos como el de Johnny L√≥pez “son visiones que hay que entender y respetar”, dijo Sopo.

“A m√≠ no me confiscaron una tierra, a m√≠ no me fusilaron a un hermano, un padre. (…) No puedo juzgar a las personas que s√≠ sufrieron eso y decirles ‘ustedes son unos extremistas’. Creo que todos queremos para Cuba lo mejor, un pa√≠s donde las personas puedan prosperar”, finaliz√≥.

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