Internacional
Jueves 05 diciembre de 2019 | Publicado a las 18:57
El Salvador: donde maras y pandillas asesinan a tus seres queridos y te obligan a dejar tu casa
Por Paola Alem√°n
La información es de Deutsche Welle
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En 2018, con una resoluci√≥n emitida por la Corte Suprema de Justicia (CSJ), lo que se conoc√≠a en El Salvador como ‚Äúmovilidad interna‚ÄĚ pas√≥ a ser llamado como es: desplazamiento forzoso por violencia.

Seg√ļn la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en El Salvador se registraron 71.500 personas desplazadas entre 2006 y 2016. En tanto, el Sistema de Monitoreo de Desplazamiento Forzado en el Tri√°ngulo Norte de Centroam√©rica calcula que ‚Äďsolo en 2018- en El Salvador, Guatemala y Honduras hubo 1.742 personas desplazadas. De ese total, 1.549 eran salvadore√Īas.

Rina Montti, subdirectora de Monitoreo de Derechos Humanos de la organizaci√≥n Cristosal, que lucha por la defensa de las v√≠ctimas de la violencia, dijo a DW que los desplazamientos dentro del pa√≠s son causados tanto por las pandillas como por quienes les contratan como sicarios. Las denominadas maras y pandillas ‚Äúest√°n siendo subcontratadas por otros que pueden ser miembros del crimen organizado, (que est√©n en la) narcoactividad o incluso (que busquen generar hechos) de violencia pol√≠tica‚ÄĚ.

Oscar Rivera / AFP
Oscar Rivera / AFP

Cuatro historias repetidas

DW conversó con cuatro víctimas de desplazamiento interno forzado en El Salvador. Por razones de su seguridad, se han utilizado nombres ficticios y se ha evitado brindar información sobre su paradero.

Maribel perdi√≥ su hijo de 19 a√Īos, que un d√≠a sali√≥ de su casa rumbo a un r√≠o cercano donde acostumbraba pescar. Tres d√≠as despu√©s, lo encontr√≥ en las riberas con se√Īales de tortura y heridas en su cuerpo hechas con un machete.

El √ļnico testigo del asesinato le explic√≥ que, cerca de donde encontr√≥ a su hijo, vio ‚Äúa un hombre con una pa√Īoleta y una gorra (‚Ķ) y que llevaba un machete que brillaba‚ÄĚ. Ella asegura que la muerte de su hijo -de la que sabe muy poco- ha quedado en la impunidad porque no puede pagarle a la Polic√≠a Nacional Civil (PNC) para que investigue.

MARVIN RECINOS / AFP
MARVIN RECINOS / AFP

Despu√©s del asesinato, Maribel y su familia recibieron varias amenazas que incluyeron machetazos en las ventanas y l√°mparas exteriores de su casa, as√≠ como rayados de pandillas en sus paredes. Ante eso, decidieron huir a otro municipio. ‚ÄúLo que nos dijo un polic√≠a, que vino a dar una charla, es que lo ideal es que tengamos las puertas seguras y que de noche no le abramos a nadie‚ÄĚ, a√Īadi√≥ resignada.

Sobre la muerte de su hijo -quien asegura no ten√≠a v√≠nculos con las pandillas- solo hay especulaciones. Maribel no quiso continuar con su denuncia ni con la PNC, ni con la Fiscal√≠a General de la Rep√ļblica (FGR) porque tiene miedo. La muerte de su hijo tuvo lugar hace seis a√Īos. Hasta la fecha, ella no tiene respuestas.

Mario perdi√≥ a su hijo, tambi√©n de 19 a√Īos, que fue asesinado muy cerca de su casa. ‚ÄúNo esper√°bamos o√≠r la descarga de las armas‚ÄĚ, recuerda el hombre.

El muchacho fue testigo de otro asesinato y, como testific√≥, los criminales se vengaron. Mario dice que, luego del homicidio de su primog√©nito, puso la denuncia a la PNC. Tambi√©n √©l recibi√≥ amenazas de quienes hab√≠an acribillado a su hijo. ‚ÄúEsa misma noche (unos amigos) me vinieron a dejar a este municipio‚ÄĚ, relata.

El hombre asegura que, d√≠as despu√©s, quiso rescatar sus pertenencias de su antigua casa y pidi√≥ acompa√Īamiento policial porque los delincuentes permanec√≠an cerca de la vivienda: ‚ÄúLa polic√≠a no quiso intervenir (‚Ķ) as√≠ que yo ya no pude regresar‚ÄĚ.

√Čl es tajante: ‚ÄúYo no conf√≠o en la polic√≠a. No se puede tener confianza en las autoridades‚ÄĚ. El hombre no quiso seguir con el proceso ni con la PNC, ni con la FGR porque tiene miedo. La muerte de su hijo ocurri√≥ hace tres a√Īos y no ha habido una sola captura. Hasta la fecha, √©l no tiene respuestas.

Karla perdi√≥ a su esposo y es quien tiene m√°s miedo de hablar. Luego de que asesinaran al padre de su √ļnico hijo, un ni√Īo menor de cinco a√Īos, se desplaz√≥ a otra comunidad. ‚ÄúEl d√≠a que lo mataron a √©l, mataron a dos j√≥venes m√°s‚ÄĚ, recuerda, y aclara que previamente no hubo amenaza alguna.

Los tres hombres fueron golpeados y luego asesinados a balazos. Karla puso la denuncia pero dice que la polic√≠a no le ayud√≥: ‚ÄúTambi√©n fuimos hasta (la Procuradur√≠a para la Defensa de) los derechos humanos y a la Fiscal√≠a, pero no nos ayudaron (‚Ķ) Hasta ahora no se sabe nada‚ÄĚ, agreg√≥ la joven con voz temblorosa.

Escena de crimen / Oscar Rivera / AFP
Escena de crimen / Oscar Rivera / AFP

Karla no quiso seguir con el proceso porque tiene miedo. La muerte de su esposo se produjo hace un a√Īo y medio, y no ha habido una sola captura. No hay nadie procesado, ni avance en la investigaci√≥n. Hasta la fecha, ella no tiene respuestas.

Katya perdi√≥ a su hermano. Est√° muy molesta y su mirada es dura mientras cuenta su relato. Su hermano fue asesinado luego de permanecer desaparecido por un mes, tras ser secuestrado por miembros de una pandilla, solo ‚Äďseg√ļn ella- porque sab√≠a hacer tatuajes. Una banda le apres√≥ para que los tatuara. Cuando el grupo rival se dio cuenta, lo busc√≥. ‚ÄúNo se sabe si (los asesinos) fueron los que √©l tatuaba, o la pandilla contraria‚ÄĚ, explica.

En el mes que su hermano estuvo desparecido, ella y su madre pusieron la denuncia, pero la polic√≠a no ayud√≥. ‚ÄúNosotros tuvimos que andar busc√°ndolo en montes, en r√≠os, en pozos, (todo) por nuestros propios medios, hasta que lo encontramos‚ÄĚ, afirma Katya. Luego llegaron las amenazas.

‚ÄúHa sido bastante duro porque uno tiene que andar de un lugar para otro y, al final de cuentas, siempre tiene problemas (con las pandillas)‚ÄĚ, cuenta. Ella ahora se enfrenta a un nuevo reto: poder vivir en una zona no delimitada.

En El Salvador, la Mara Salvatrucha y la pandilla Barrio 18- se mantienen en constante disputa territorial. Eso puede llegar a los extremos de que una vecindad tenga zonas delimitadas por ambas bandas criminales, que estén separadas por una sola calle.

Oscar Rivera / AFP
Oscar Rivera / AFP

Esta es la cuarta vez -en dos a√Īos- que Katya ha tenido que cambiar de casa porque ‚Äúya me dijeron (los de la pandilla) que no me quieren ver aqu√≠ (‚Ķ) Como ya me aburr√≠ de andar de un lado para otro, he tomado la decisi√≥n de quedarme donde estoy y esperar‚ÄĚ, expresa Katya con una mirada firme. ‚ÄúYa me hart√© (‚Ķ) ¬°No me muevo m√°s!‚ÄĚ, sentencia la joven mujer. El asesinato de su hermano fue hace dos a√Īos y, por ese crimen, no ha habido una sola captura. Hasta la fecha, ella no tiene respuestas.

La esperanza está ahora en el nuevo gobierno y sus planes de seguridad. Mientras tanto, la Organización de las Naciones Unidas se encuentra ejecutando un proyecto de asistencia humanitaria a través del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y ACNUR, en alianza con Plan Internacional.

Dicho esfuerzo provee de asistencia psicosocial, apoya la conformación de redes comunitarias de protección y brinda transferencia de efectivo para compra de comida y transporte. Ese programa asiste directamente en la actualidad, a Maribel, Karla, Mario y Katya.

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