Internacional
Lunes 06 mayo de 2019 | Publicado a las 10:25 · Actualizado a las 15:07
Aislados, encarcelados o silenciados: el drama de los defensores de DDHH en Colombia
Por Diego Vera
La información es de Agence France-Presse
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Sus voces son aisladas, encarceladas o silenciadas a tiros. En Colombia, país donde más defensores de derechos humanos son agredidos en el mundo, algunos activistas lograron burlar el cerco de amenazas para denunciar su indefensión.

Angustiados, viajaron cientos de kilómetros para protestar y pedir protección en Bogotá. Otros, los más intimidados, recurrieron a emisarios.

Entre el 28 de abril y el 2 de mayo unos 1.500 defensores de DDHH acamparon en una plaza de toros, bajo grandes lonas blancas, como si se tratara de un campo de refugiados en la arena

Pero varios activistas no consiguieron llegar al “refugio humanitario” por “los altos niveles de riesgo que enfrentan si salen de los territorios”, dice Eduardo Le√≥n, portavoz del Congreso de los Pueblos y organizador del campamento.

Los l√≠deres y activistas son blanco de una campa√Īa de terror que deja 462 muertos desde 2016, seg√ļn la Defensor√≠a del Pueblo. La ONG internacional Front Line Defenders estima que el 39% de los 321 asesinatos que document√≥ alrededor del mundo, en 2018, ocurrieron en Colombia.

Agence France-Presse
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Estigma

Jos√© Murillo se presenta como el s√≠mbolo de un estigma. Tiene 42 a√Īos y vive en Arauca, en la frontera con Venezuela donde abundan el petr√≥leo, la violencia y el miedo.

El ELN, √ļltima guerrilla reconocida en Colombia tras el acuerdo de paz con las FARC, convirti√≥ esta zona en su base de operaciones. Rebeldes de paisano o milicianos se hacen pasar por civiles para hacer labores de inteligencia y cobrar extorsiones, seg√ļn autoridades.

En 2006 este t√©cnico de computaci√≥n, esposo y padrastro de tres hijos, fue capturado bajo sospecha de colaborar con la insurgencia. Aunque aleg√≥ inocencia, pas√≥ tres a√Īos en prisi√≥n antes de salir y demandar al Estado por su detenci√≥n.

Murillo cree que pagó con su libertad las denuncias que hizo sobre la muerte de 17 civiles en un bombardeo de la Fuerza Aérea en 1998. El Estado fue condenado internacionalmente por lo que quiso mostrar como la detonación de un camión repleto de explosivos de las FARC.

Este hombre corpulento tambi√©n abraz√≥ la causa de los ind√≠genas U’wa que se oponen a la actividad petrolera en sus territorios sagrados, que incluyen a Arauca. Ahora, es asediado por grupos de origen paramilitar.

“Cuando hay una movilizaci√≥n, se dice que es impulsada por la insurgencia; cuando no les funciona eso para amedrentar a la gente, entonces se estigmatiza a los l√≠deres y se trata de meterlos a la c√°rcel”, lamenta.

La organizaci√≥n Somos Defensores se√Īal√≥ que la fuerza p√ļblica es sospechosa de haber participado en el asesinato de siete activistas en 2018.

Agence France-Presse
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Asesinato

Yasm√≠n Mu√Īoz alz√≥ con m√°s fuerza su voz, en defensa de las comunidades negras, cuando la de Tem√≠stocles Machado, el emblem√°tico luchador social del puerto Buenaventura, fue acallada a balazos en enero de 2018, luego de recibir amenazas durante a√Īos.

En esta zona del suroeste de Colombia, los afro aseguran ser v√≠ctimas de una campa√Īa de terror para apoderarse de sus terrenos o forzarlos a vender a bajo precio, dentro de un plan de ampliaci√≥n de la terminal.

“Los territorios est√°n siendo privatizados y las comunidades, desplazadas, pero sobre todo los l√≠deres y lideresas que defendemos esos territorios estamos siendo amenazados, algunos asesinados y otros judicializados”, se√Īala esta joven de 26 a√Īos.

Ella y su tía Leyla son parte del movimiento Proceso de Comunidades Negras. Leyla, custodiada por un aparato de seguridad estatal tras ser amenazada, decidió no viajar a Bogotá, mientras su sobrina emerge como dirigente de la misma causa que costó la vida de Machado.

Con formaci√≥n en comercio exterior, Yasm√≠n estudia para ser productora de cine y confiesa que lleg√≥ al activismo social por “desespero”. “Es por la misma impotencia de ver c√≥mo nuestras comunidades est√°n siendo olvidadas, estigmatizadas, golpeadas y azotadas por la violencia, que terminamos involucrados”.

Agence France-Presse
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Confinamiento

Cuando el conflicto arreció y las FARC ejercían un poder de facto en las zonas donde operaban (22% del territorio colombiano), los indígenas wounaan nonam aprendieron a confinarse. El encierro forzoso les salvó la vida.

Pedro Conquista, de 37 a√Īos y vocero de una comunidad del Valle del Cauca (suroeste), pens√≥ que esto quedar√≠a atr√°s con el desarme de la guerrilla comunista. Pero el Estado tard√≥ o nunca lleg√≥ a los territorios dejados por los rebeldes.

En cambio, grupos armados financiados por el narcotráfico y la minería ilegal coparon los espacios y, nuevamente, la guerra dejó a los indígenas en el medio. Hoy, al menos tres comunidades de los ríos San Juan y Calima están confinadas.

“No pueden salir de cacer√≠a para comer” porque los grupo armados les proh√≠ben el tr√°nsito. Por protecci√≥n “entonces tienen que ir varios para traer alimentaci√≥n”, se√Īala.

Cuando los l√≠deres denuncian, comienzan a averiguar todo sobre ellos. Pero la amenaza es peor si se oponen a la miner√≠a ilegal o a la “invasi√≥n” de cultivos il√≠citos, base de la coca√≠na.

Entonces, afirma, los ind√≠genas que abogan por la defensa del territorio quedan “en peligro de extinci√≥n”.

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