Internacional
Domingo 30 septiembre de 2018 | Publicado a las 16:56
Empate técnico entre Bolsonaro y Haddad a una semana de elecciones presidenciales en Brasil
Publicado por: Felipe Delgado La información es de: Agence France-Presse
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Los brasile√Īos, m√°s divididos que nunca, celebrar√°n el pr√≥ximo domingo la primera vuelta de la elecci√≥n presidencial, con la tentaci√≥n de poner al mando del pa√≠s a un nost√°lgico de la dictadura militar menos de cuatro d√©cadas despu√©s de la restauraci√≥n de la democracia.

El diputado Jair Bolsonaro, un excapit√°n del Ej√©rcito de 63 a√Īos, lidera las encuestas con 28,2% de intenci√≥n de voto, seg√ļn un estudio publicado este domingo por el instituto MDA.

Con su propuesta de flexibilizar el porte de armas y sus denuncias contra la corrupción, Bolsonaro encontró un sólido umbral electoral en una población saturada por la crisis, los escándalos y una criminalidad digna de país en guerra.

Le sigue, con 25,2%, Fernando Haddad, de 55 a√Īos, designado por el Partido de los Trabajadores (PT) en sustituci√≥n del expresidente Luiz In√°cio Lula da Silva, el l√≠der hist√≥rico de la izquierda, que purga 12 a√Īos de c√°rcel por corrupci√≥n.

Esa encuesta, con un margen de error de +/- 2,2 puntos porcentuales, sit√ļa por primera vez a Bolsonaro y Haddad en virtual empate t√©cnico.

De confirmarse ese escenario, Bolsonaro y Haddad dirimir√°n la segunda vuelta el 28 de octubre.

Haddad realizó un ascenso fulgurante, dado que su candidatura solo fue oficializada el 11 de septiembre, después de la invalidación de la de Lula.

Su campa√Īa se basa en la idea de que “Haddad es Lula” y recuerda que durante la presidencia de su mentor (2003-2010), 30 millones de personas salieron de la pobreza gracias a programas sociales y a una econom√≠a dinamizada por los altos precios internacionales de los productos agr√≠colas.

Pero Haddad debe lidiar con el recuerdo de la ca√≠da de Dilma Rousseff (2011-2016) -cuya legitimidad emanaba igualmente de la bendici√≥n de Lula-, destituida por el Congreso bajo la acusaci√≥n de manipular las cuentas p√ļblicas.

Y enfrenta la indignación provocada por las revelaciones sobre los sobornos pagados por grandes constructoras a casi todos los partidos para obtener contratos en Petrobras.

Bolsonaro se afianz√≥ en las encuestas despu√©s de haber recibido una pu√Īalada en un mitin, el 6 de septiembre. Pero el l√≠der ultraderechista genera un fuerte rechazo a causa de sus declaraciones mis√≥ginas, hom√≥fobas y racistas, as√≠ como por la justificaci√≥n de la tortura durante el r√©gimen militar (1964-85).

El s√°bado, centenas de miles de mujeres se movilizaron en todo el pa√≠s, al grito de “Ele Nao” (√Čl No).

La elección del odio

El apoyo a otros candidatos -como el centroizquierdista Ciro Gomes, el centroderechista Geraldo Alckmin o la ecologista Marina Silva- nunca despegó o se fue derritiendo entre los más de 147 millones de electores.

As√≠, se perfila un duelo entre las dos figuras m√°s populares y a la vez m√°s detestadas: Bolsonaro, con un rechazo de 46%, y Haddad, que tambi√©n ‘hered√≥’ de Lula un rechazo de 32%, de acuerdo con la √ļltima encuesta Datafolha.

“El proceso de intolerancia y odio que atraviesa la sociedad es tal vez in√©dito en Brasil”, afirma la historiadora Heloisa Starling, coautora de “Brasil: una biograf√≠a”, un libro de referencia.

“En el momento del golpe del 64 hab√≠a mucha disputa”, pero los sectores conservadores esperaban que los militares saliesen pronto del poder. Y en los a√Īos siguientes, “diversos grupos se organizaron fuera del espectro de la lucha armada, para hacer la transici√≥n democr√°tica”, agrega.

Ahora, “lo que se cuestiona es la democracia misma” y el descreimiento de la pol√≠tica bloquea la b√ļsqueda de consensos. “Fuera de la pol√≠tica no se construye la democracia, solo se construyen tiran√≠as”, advierte Starling.

Bolsonaro avis√≥ el viernes, en una entrevista con la televisi√≥n Band: “No acepto otro resultado que no sea mi elecci√≥n”.

El excapit√°n cuenta con fuertes apoyos entre los militares y en capas con altos ingresos y formaci√≥n universitaria, en un pa√≠s que es la novena econom√≠a mundial y la novena m√°s desigual, seg√ļn el √≠ndice Gini del Banco Mundial.

“Esta es una sociedad de ra√≠z esclavista, una sociedad de jerarqu√≠as, que se siente amenazada” por cualquier tentativa de distribuci√≥n de renta, explica Starling.

Ajustes

El presidente Michel Temer, el m√°s impopular desde el retorno de la democracia, impuls√≥ severos ajustes para sanear las finanzas p√ļblicas, despu√©s de dos a√Īos de recesi√≥n (2015 y 2016) y otros dos de d√©bil crecimiento, que dejaron unos 13 millones de desempleados.

Pero no logró aprobar la reforma de las jubilaciones, considerada esencial por los mercados.

Bolsonaro, que admite ser lego en econom√≠a, confi√≥ esos expedientes a Paulo Guedes, un “Chicago Boy” que preconiza una transici√≥n hacia un r√©gimen de pensiones por capitalizaci√≥n y un plan de privatizaciones para reducir la deuda p√ļblica, actualmente en 77% del PIB.

El programa del PT prev√© equilibrar las cuentas “a partir del retorno del empleo” y de medidas fiscales.

Pero cualquier plan depender√° de un Congreso que, seg√ļn los analistas, ser√° similar al desprestigiado legislativo actual, dominado por clanes que negocian su apoyo a cambio de cargos en los primeros escalones del Estado.

Un modelo que llev√≥ a los grandes esc√°ndalos de la √ļltima d√©cada.

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