Internacional
Jueves 08 marzo de 2018 | Publicado a las 09:38 · Actualizado a las 12:53
El drama de miles de venezolanos en el norte de Brasil
Publicado por: Diego Vera La información es de: Agence France-Presse
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Apenas los vehículos se detienen en los semáforos de las avenidas de Boa Vista, en el norte de Brasil, un enjambre de jóvenes venezolanos armados con esponjas y jabón en botellas plásticas se abalanza para limpiar los vidrios a cambio de monedas.

Otros ofrecen su mano de obra en las esquinas con carteles de cartón. Mujeres, de forma menos explícita y durante la noche, aguardan por clientes en un barrio en el oeste de la capital del fronterizo estado de Roraima.

Miles de migrantes ocupan plazas y parques. Quienes tienen más recursos se agrupan para alquilar algo. La alcaldía de Boa Vista estima que hay 40.000 venezolanos en esta ciudad de 330.000 habitantes, pero nadie sabe realmente cuántos son.

“La crisis humanitaria est√° instalada”, dice a la AFP la alcaldesa Teresa Surita, quien afirma que Brasilia demor√≥ en actuar para atender la masiva migraci√≥n de venezolanos que desde hace tres a√Īos llegan por tierra, huyendo de su pa√≠s por la falta de comida, de medicinas y de trabajo.

“Son muchas reuniones y pocas acciones (…) estamos trabajando siempre en la emergencia por la falta de planificaci√≥n”, explica.

Aunque el Ejecutivo nacional anunció recientemente medidas para atender la crisis, la presencia gubernamental no se siente en las calles de Boa Vista, donde es difícil andar sin notar la cara de una migración que busca cómo sobrevivir.

Tres refugios se improvisaron en 2017, pero apenas albergan a unas 1.500 personas, un tercio de ellas en condiciones muy precarias.

Agence France-Presse
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Derecho al trabajo

Seg√ļn estimaciones oficiales, entre 500 y 1.200 venezolanos cruzan a diario la frontera hacia Brasil, a 215 km de Boa Vista. Muchos se legalizan a trav√©s de pedidos de refugio o residencia temporal y siguen hacia la capital del estado buscando empleo, pero pocos encuentran algo.

Ren√© Santos, de 42 a√Īos, dej√≥ esposa y tres hijos en Ciudad Bol√≠var, a casi 1.000 km de distancia. Desempleado, sobrevive desde hace meses en una carpa en la plaza Sim√≥n Bol√≠var, en la avenida Venezuela.

“Hay muchos profesionales en esta plaza (…), lo que necesitamos es la ayuda de quien defiende los derechos humanos. Porque es un derecho humano universal que merecemos: derecho a la vida, derecho al trabajo”, dice conteniendo las l√°grimas este exobrero de la Sider√ļrgica del Orinoco, coraz√≥n del polo industrial venezolano en Ciudad Guayana, que lleg√≥ a simbolizar el progreso nacional y ahora agoniza.

En la plaza, centenas de migrantes pernoctan en carpas y cartones desde hace meses. La sensaci√≥n de abandono reina en esta redoma que exhibe en varios idiomas la leyenda “Bienvenidos a Boa Vista”.

Los venezolanos utilizan los ba√Īos de una estaci√≥n de servicio y del aleda√Īo terminal de pasajeros y, en su mayor√≠a, se alimentan gracias a la caridad de personas como Leila Bezerra, que dos veces por mes recibe donaciones para preparar unas mil porciones de comida.

“Tenemos que ayudar, ellos no est√°n aqu√≠ porque quieren, est√°n aqu√≠ porque tienen hambre”, dice mientras revuelve una enorme olla con m√°s de 30 kilos de frijoles y salchichas.

Como un delincuente

A pesar de estas iniciativas individuales, hay un incremento de xenofobia, expresada en discriminaci√≥n y en falta de voluntad pol√≠tica, seg√ļn France Rodrigues, profesora de la Universidad Federal de Roraima.

“Es necesaria la acci√≥n de los gobernantes, pero lo que vemos es pol√≠ticos que quieren cerrar la frontera o limpiar la ciudad, porque no quieren a los venezolanos aqu√≠”, afirma Rodrigues, contradiciendo las palabras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, que unas semanas atr√°s calific√≥ al gobierno de Brasil de “campe√≥n de la causa de los refugiados”.

V√≠ctor Lira, de 27 a√Īos, recorri√≥ casi 1.500 km desde Caracas. Lleg√≥ hace tres meses y no ha conseguido empleo. Vive en un remedo de carpa hecha con bolsas de pl√°stico negras en la Sim√≥n Bol√≠var.

“Consegu√≠ dos reales (USD 0,6) y fui al mercado a comprar bananas, creyeron que quer√≠a robar. ¬ŅSabes lo duro que es que te traten como un delincuente cuando lo que quieres es comprar comida?”, dice llorando.

Algunos venezolanos ya establecidos en Boa Vista también discriminan y están a favor de cerrar la frontera o tuercen la cara cuando se les pregunta por sus compatriotas.

“Deber√≠an ser m√°s rigurosos y no dejar entrar a todo el mundo”, sostiene Eduardo P√©rez, venezolano que trabaja en un restaurante y lleg√≥ hace cinco a√Īos.

Brasil promete interiorizar la migración venezolana, pero para poco se sabe del proyecto. Para llenar las primeras 530 vacantes en otros dos estados, apenas veinte venezolanos podrían viajar de inmediato debido a requisitos sanitarios, entre otros, explica la alcaldesa Surita.

“Lo que estamos haciendo no resuelve la situaci√≥n”, reconoce.

“La realidad avanza mientras discutimos”, dice la soci√≥loga Rodrigues. “Brasil, con su dimensi√≥n continental, puede y tiene c√≥mo aprovechar esta migraci√≥n, pero lamentablemente eso no es lo que est√° ocurriendo”.

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