Internacional
Domingo 05 abril de 2020 | Publicado a las 03:35 · Actualizado a las 03:36
Los "cazadores" de coronavirus entran en los suburbios de Sud√°frica
Por Nicol√°s Parra
La información es de Agence France-Presse
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Equipados con cuestionarios y test de detección, un enjambre de profesionales con trajes de protección azules y mascarillas se adentra en el corazón de los suburbios de Sudáfrica amenazados por el nuevo coronavirus.

Esta ma√Īana, una de estas escuadras se movilizaba en el barrio de Yeoville, muy cerca del centro de Johannesburgo, tristemente conocido por su pobreza y el tr√°fico de drogas.

“Hemos pedido a un vecino que d√© la vuelta al bloque de casas para que todo el mundo venga y, si es posible, se haga el test”, explica la enfermera Xola Dlomo.

En pleno confinamiento, varios han acudido al lugar. “Est√°n aqu√≠ y est√°n dispuestos a hacerse una prueba”, dice satisfecha.

El presidente Cyril Ramaphosa impuso a sus 57 millones de compatriotas un confinamiento durante al menos tres semanas, con el objetivo de frenar el avance de la pandemia en su territorio.

Hasta el momento, el virus mató a nueve personas y contagió a 1.585 en todo el país, una cifra muy reducida comparada con los miles de fallecidos registrados en algunos países europeos.

Pero el letal Covid-19 ya ha irrumpido en los ‘townships’, esas barriadas donde se hacina la poblaci√≥n m√°s pobre del pa√≠s, a menudo sin agua corriente ni ba√Īos.

“La salud, la prioridad”

Para evitar la propagaci√≥n de la pandemia en estos lugares insalubres, Ramaphosa lanz√≥ una campa√Īa de detecci√≥n, ins√≥lita en √Āfrica, que moviliz√≥ a unos 10.000 m√©dicos, enfermeras y voluntarios. ¬ŅSu misi√≥n? Ir en busca de la infecci√≥n, puerta tras puerta, entre los sudafricanos m√°s vulnerables.

En Yeoville, estos centinelas, repartidos en ocho peque√Īos grupos, escudri√Īan un kil√≥metro cuadrado.

“Nuestro objetivo es informar a la gente. Algunos no entienden la cuarentena”, explica su responsable, Kegorapetse Ndingandinga. “Su salud es nuestra prioridad absoluta”.

Con la cabeza hacia atr√°s, Michael Moshane, de 58 a√Īos, espera a que le extraigan una muestra nasal. “Es un poco desagradable, pero hay que hacer un esfuerzo”, dice. “Es imprescindible para saber tu estado de salud”.

Hasta la fecha, se han realizado algo m√°s de 47.500 tests en √Āfrica, sobre todo en laboratorios privados, seg√ļn el recuento de las autoridades sanitarias.

Una cifra totalmente insuficiente, considera el ministro sudafricano de Salud, Zweli Mkhize, convencido de que estos datos solo muestran la punta del iceberg de esta pandemia.

“Las transmisiones locales aumentan en silencio”, advirti√≥ esta semana. “En los barrios pobres, la gente que presenta s√≠ntomas leves no va al hospital. No conocemos la realidad del problema”.

Su estrategia es multiplicar la detección de la enfermedad, como hizo por ejemplo Corea del Sur.

Por ello, ha reforzado la capacidad de 10 laboratorios p√ļblicos y, sobre todo, ha desplegado una flota de 67 laboratorios m√≥viles. Espera as√≠ pasar la semana que viene de 5.000 a 30.000 test por d√≠a en el pa√≠s.

“Calma antes de la tormenta”

Es un objetivo muy ambicioso, teniendo en cuenta que en estos primeros d√≠as de la campa√Īa, la afluencia de los vecinos es m√°s bien limitada.

A Moshone, que vive en Yeoville desde hace m√°s de 25 a√Īos, no le sorprende.

El miedo de sus vecinos le recuerda a los a√Īos 1990, cuando el VIH, el virus del sida, hizo estragos en el pa√≠s. “Hasta que el sida no provoc√≥ sus primeros muertos nadie aqu√≠ tom√≥ en serio la amenaza”, explica.

La enfermera Dlomo es m√°s optimista. “Quiz√°s si nos ven aqu√≠ en el barrio, la gente se va a dar cuenta de que el peligro existe y de que tienen que tomar precauciones”.

Pero no es seguro, viendo cómo la población de estos suburbios no respeta las consignas de confinamiento y distancia social. Desde hace una semana, las largas filas en los supermercados no cesan, pese al despliegue de la policía y el ejército.

“Mi familia y yo nos quedamos en casa, pero cuando veo c√≥mo otra gente sigue saliendo, me indigno”, critica una vecina, Zandile Siwela.

“No quieren aislarse en su casa. Salen con sus hijos, les da igual”, dice otra mujer, Masechaba Motaung, muy enfadada. “Los africanos siempre se toman las cosas demasiado a la ligera”.

El ministro Zweli Mkhize en cambio se teme lo peor. El lento avance de la enfermedad es quiz√°s “la calma antes de la tormenta destructora”.

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