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La nueva ’casa’ de Marcelo Bielsa: la historia de vaivenes del Leeds United en Inglaterra

Archivo | Agence France-Presse
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El Leeds United es quizá el más inglés de todos los equipos ingleses. Por su inestabilidad, por sus momentos de exuberante gloria, por las hondas depresiones que ha vivido. Hasta 1961, el Leeds United tenía una historia plana, de fama ocasional por una que otra desgracia. Al club de Yorkshire se le conocía por pagos ilegales en 1919, por las constantes subidas y bajadas en la liga inglesa, por vender a John Charles, su mejor jugador, en un monto millonario a la Juventus italiana. Charles, uno de los pocos futbolistas ingleses que se ha hecho respetar fuera de la Gran Bretaña, se sentía empantanado en la mediocridad del equipo.

Todo cambió el ’61. Ese año llegó Don Revie, un hombre que lideraría a ‘The Whites’ con mazo de hierro por trece años. Revie, un tipo que bajo su sonrisa amable escondía un carácter duro, sacó al equipo del averno y lo elevó al olimpo. Imponía distancia, aunque se preocupaba de la vida de sus dirigidos. Una de las primeras cosas que hizo al llegar fue cambiar la tradicional vestimenta azul y amarilla del Leeds.

Llevamos una vida vistiendo de azul y amarillo. ¿Qué hemos ganado desde entonces? Nada. A partir de ahora, este equipo deja de ser un perdedor, porque lo entreno yo. Y yo no soy un perdedor. ¿Saben qué equipo ha ganado más títulos en el mundo? Pues el Real Madrid. ¿Saben de qué color viste el Real Madrid? De blanco. Bueno, desde este mismo momento, este equipo jugará de blanco. Será una señal inequívoca de que este Leeds es, desde este momento, un ganador”, dijo el DT para explicar el drástico cambio.

El presagio se cristalizó. El Leeds se convirtió en una voraz bestia competitiva que irrumpió como una bola de fuego en el fútbol inglés. Era una escuadra de juego directo, sin florituras, agresiva, siempre dispuesta a la pelea. Los rivales los llamaban ‘Dirty Leeds’ (Sucio Leeds).

Revie ganó dos ligas, una FA Cup y dio cara en la extinta Copa de Ferias de Europa hasta que la selección inglesa, buscando un reemplazante para el campeón del mundo Alf Ramsey, tocó a su puerta en 1974. Iba a ser su momento, sin embargo, los jugadores de la selección no eran los del Leeds, dispuestos a todo por su jefe. El estratega no pudo imponer sus métodos. Dejó de convocar al capitán Alan Ball por una discusión y fracasó en la clasificación a la Eurocopa del ’76 y al Mundial de Argentina ’78. Antes de que lo despidieran se autoexilió en los Emiratos Árabes. Al morir, la Federación no envió ningún representante a su funeral.

Jamás se reconoció suficientemente lo que hizo. Él convirtió Leeds en una ciudad de fútbol. A partir de ahí, se cimenta nuestra fama de equipo turbulento, de rebeldes odiados por todo el mundo. Es cierto que aquí no paran de pasar cosas. Y es emocionante, pero, en ocasiones, uno reza por tener una vida un poco más tranquila. Me fascina la capacidad que tenemos para atraer dramas y convulsiones“, comentó Jon Howe, director de la revista oficial del Leeds, al diario El País.

Para reemplazar a Revie, la directiva se fijó en Brian Clough. Clough que se labró un nombre consiguiendo títulos con el Derby County, machacaba cada vez que podía al Leeds desde que se enfrentaran en un duelo de Copa. Él defendía el fútbol bien jugado a ras de pasto y el fair play, el equipo de Revie le parecía una banda de rufianes extraídas de esos barrios en que se oculta la otra cara de Inglaterra, una versión renovada de los Peaky Blinders.

“Hasta donde yo sé, pueden tirar todas las medallas que han ganado estos años a la basura, ya que las ganaron todas robando”, ese fue el discurso de entrada ante sus nuevos futbolistas. Todos, con el mítico capitán Billy Brenmer a la cabeza, se pusieron en su contra. Clough, en una época en que los técnicos solían tener gobiernos largos en los banquillos, solo estuvo 44 días. Su primer y su último partido fue ante el Huddersfield. Ambos partidos los presenció en la tribuna el escritor David Peace. En 2007, publicaría The Damned United, un intento de explicar a través de la ficción el enigma de ese mes y medio. “Hoy es un día muy triste… para el Leeds United”, fue la frase que escogió Clough para despedirse.

Leeds en la década del setenta, jugando torneos internacionales | Agence France-Presse
Leeds en la década del setenta, jugando torneos internacionales | Agence France-Presse

La salida del entrenador destensó los músculos de la plantilla del Leeds. Al año siguiente, con Jimmy Armfield a cargo, volvió a ganar el campeonato local. La alegría por volver a dominar Inglaterra fue trizada por la final de Copa de Europa. Frente al Bayern, el Leeds padeció uno de los robos más groseros de la historia. A los blancos les negaron dos penales evidentes y el tanto alemán no debió ser validado. El largo coqueteo con Europa terminó con una daga que aun hoy escuece en los recuerdos.

Clough, ya en el Nottingham Forrest, utilizó toda su rabia contra el Leeds como acicate para una venganza monumental. Envuelto en la épica del underdog, conquistó la Copa de Europa en 1979 y 1980. “En poco más de un año, el Leeds vivió tres finales de lo que parecía una misma era. Una barbaridad”, recuerda Peace.

El Leeds descendió en la temporada 1981/82. Vivió en la deshonra hasta su regreso en 1990. Dos años después fue campeón antes de que emergiera la Premier League. Eric Cantona, ese romántico con alma de artista, era la gran figura de la escuadra y así se dirigió a la fanaticada tras lograr el campeonato: “Los quiero, no sé exactamente por qué, pero los quiero”. Se terminaría yendo al Manchester United. Howard Wilkinson, el técnico de ese equipo, fue el último inglés en ganar la competencia.

El grupo era humilde, sufriente, en línea con la cultura del club. El presidente, Leslie Silver, vendió su empresa y casi lo pierde todo consumido por su mareador sueño de llevar al equipo de su vida de vuelta a la grandeza. Jon Newsome, autor del gol del título ante el Sheffield United, cobraba 400 libras a la semana y el defensa John McClelland actualmente trabaja de cartero para sobrevivir. Los niños del barrio le preguntan dónde tiene escondido el Ferrari. La historia de Mel Sterland es tristísima. Agobiado por las deudas, tuvo que vender su medalla de campeón para mantener a su familia y después de eso se intentó suicidar varias veces. Al preguntarle si el título compensaba todo ese dolor respondió que “definitivamente, sí”.

Ese no fue el último gran equipo del Leeds. En la campaña 2000/01, los de Yorkshire llegaron hasta semifinales de Champions League. Nygel Martin imponía respeto en el arco, un joven Rio Ferdinand mostraba destello del central que llegaría a ser, la conexión australiana de Harry Kewell y Mark Viduka se encargaba de los goles. Solo el Valencia los pudo detener.

La directiva, entusiasmada con el recorrido en Champions, apostó fuerte la temporada entrante, pero los resultados no se repitieron. En 2004 el Leeds descendió e inició un pedregoso descenso que lo dejó en lo más hondo del barranco: en el 2006 estuvo en la tercera división inglesa. Una larga lista de entrenadores pasó sin pena ni gloria y el presidente del club fue suspendido de toda actividad relacionada con el fútbol.

Poco a poco han ido saliendo. A Marcelo Bielsa lo conmueven las historias de sufrimiento y renacer. Así ha sido su vida. En Leeds esperan que los lleve de vuelta a la elite del fútbol británico.

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