La nueva cinta de Leigh Whannell, “Hombre Lobo”, ya se estrenó en cines chilenos. Este film se presenta como una “renovación” del clásico “El Hombre Lobo” de 1941 de George Waggne, intentando revivir la icónica figura del licántropo desde una perspectiva más humana y emocional.
Sin embargo, a pesar de sus intenciones, el trabajo de la mente detrás de “El Hombre Invisible” (2020) tiene un resultado un tanto irregular.
¿De qué se trata la película?
La historia sigue a Blake Lovell (Christopher Abbott), un hombre que, tras la desaparición y muerte declarada de su padre, hereda una casa aislada en el bosque de Oregón. En plena crisis matrimonial con Charlotte (Julia Garner), decide llevar a su familia -incluida su hija Ginger (Matilda Firth)- a pasar el verano en esta propiedad, buscando reparar los lazos familiares.
Sin embargo, lo que comienza como un intento de reconexión se convierte en una pesadilla cuando un misterioso ataque los obliga a enfrentarse no solo a una criatura salvaje, sino también a los cambios inquietantes que comienzan a manifestarse en Blake.
Un enfoque diferente al mito del hombre lobo
Whannell intenta alejarse del enfoque tradicional del mito, dejando de lado elementos como la conexión directa con la luna llena, la vulnerabilidad a la plata y que se trata de una “maldición”, de los que estábamos tan acostumbrados.
En su lugar, habla de la licantropía como una infección y pone el foco en una transformación interna: cómo el protagonista lucha por mantener su humanidad mientras su cuerpo y mente se transforman en algo más salvaje.
Algo interesante es que la película adopta un enfoque visual y sonoro interesante, mostrándonos cómo el mundo cambia a través de los sentidos de Blake.
Las imágenes se vuelven más psicodélicas y los sonidos más distorsionados, reflejando su desconexión con la realidad. Sin embargo, aunque esta elección estilística es ambiciosa, ya que en ocasiones se comienza a sentir como un recurso repetitivo más que como una herramienta narrativa efectiva.
Por otro lado, el maquillaje y las prótesis FX no logran convencer, con un aspecto que fluctúa en calidad de manera inconsistente. Esta irregularidad creó momentos en los que me distraje, reduciendo así el impacto de ciertas escenas clave.
Por ejemplo, en cada escena en la que se muestra cómo se está reflejando su cambio, fue inevitable no recordar el videoclip de Michael Jackson “Thriller” y el episodio de la joven mujer lobo de “Black Mirror”.
Algo que debo rescatar es que, a mi parecer, uno de los momentos más impactantes de la película es la batalla final entre Blake y el hombre lobo que lo contagió. Esta escena, cargada de emoción y violencia, simboliza la lucha entre sucumbir al monstruo interno y conservar la humanidad.
Aunque la acción carece del terror visceral que muchos podrían esperar, logró mantener la expectación, especialmente cuando se ve el tatuaje del brazo del otro hombre lobo y Blake -en un atisbo de recuerdo- se da cuenta de que ha matado a su propio padre, quien también fue contagiado muchos años atrás.
La lucha entre dejar la “humanidad” y adoptar el “salvajismo”
Dejando de lado esta “caricatura” precondicionada que tenemos de estas bestias, es relevante destacar que la película plantea una pregunta que resuena más allá del género: ¿qué nos define como humanos?
Esto porque Blake, al experimentar la metamorfosis física, también enfrenta la transformación emocional de aceptar que partes de él, las más oscuras y primitivas, pueden ser más difíciles de controlar que las garras o los colmillos. Sin duda, acá Leigh Whannell utiliza esta dualidad como un lente para explorar la fragilidad de las relaciones humanas.
Mientras Blake se transforma físicamente, también pone en riesgo los lazos más importantes de su vida, su esposa y especialmente su hija, con quien tiene un vínculo muy especial.
Esto nos da cuenta de que la tensión no proviene únicamente de las amenazas externas, sino de las internas: ¿podrá su familia seguir viéndolo como el hombre que amaban, incluso cuando comienza a comportarse como una bestia? La película sugiere que esta lucha no solo pertenece al protagonista, sino a todos los personajes, quienes enfrentan sus propias versiones de lo salvaje en situaciones extremas.
A modo de conclusión, es una película que, más que aterrorizar, invita a reflexionar sobre los monstruos internos que todos llevamos dentro. Para una tarde de fin de semana sin grandes pretensiones, la cinta puede ser una opción entretenida. Pero para quienes buscan un terror impactante o una reinvención memorable de un clásico, “Hombre Lobo” puede resultar decepcionante.