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De héroes a villanos: cuando los arqueros se equivocan en momentos decisivos

Oscar del Pozo / Agence France-Presse
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El volante del Bayern München, Corentin Tolisso, controló la pelota y, al verse rodeado de camisetas blancas, buscó apoyo en su arquero con un pase atrás. Sven Ulreich, que había cumplido una buena labor reemplazando a Manuel Neuer a lo largo de la temporada, dio unos pasos hacia adelante y notó que Karim Benzema estaba muy cerca. Se puso nervioso. Trató de achicar, pero se acordó que no podía tocar la pelota con la mano y ya era muy tarde para rechazar. Estiró la pierna casi desde el piso, pero no alcanzó a despejar la pelota. La suerte es a veces cosa de centímetros. Benzema, solo frente al arco, no tuvo problemas para anotar el segundo gol del Real Madrid.

En ese momento, el Bayern buscaba con afano un gol para igualar la semifinal de Champions League ante los “merengues”. Tras haber perdido en su estadio, los dirigidos por Jupp Heynckes salieron al Santiago Bernabéu a dar una muestra del carácter alemán: tenacidad, templanza y resiliencia.

Joshua Kimich puso el primero antes de los 10′. El Madrid, aturdido, encontró la solución en Karim Benzema. El delantero galo, de floja temporada, conectó un centro desde la izquierda y decretó el empate. Los bávaros, impertérritos, siguieron martillando. El primer tiempo acabó con un penal no pitado a su favor y con la sensación de que no estaban lejos de un segundo gol. Pero apenas iniciado el segundo lapso llegó el error de Ulreich. James Rodríguez empató, pero un monumental Keylor Navas evitó que el error del arquero quedara como una anécdota. Él lo tenía claro, no importó el cariño de sus compañeros. Cuando el árbitro pitó el final del partido, se sentó sobre el césped del Bernabéu con los brazos doblados sobre las rodillas y con la mirada apesadumbrada. Ya sabía que lo iban a apuntar como el hombre que hundió a su equipo.

“Queríamos llegar a la final y dimos lo máximo. Cometí ese error, que no tiene sentido. No me lo explico. Me hace daño por mi equipo y por ustedes, los aficionados. Las palabras no pueden describir hasta qué punto estoy decepcionado por esta eliminación en la Liga de Campeones”, escribió en su cuenta de Instagram, pidiéndole disculpas al club. Ulreich vive la tragedia de los porteros, héroes o villanos sin medias tintas, a veces más recordados por fallas que por atajadas brillantes, los únicos que no pueden disimular un error ni esperar que un compañero los salve. Aquí te presentamos arqueros de gran nivel que han fallado en momentos de tensión.

A Toni le robaron la pelota

El Atlético de Madrid perdió la categoría en la temporada 1999/00 y los hinchas tenían entre ceja y ceja al arquero, Toni Jiménez. Incluso en Sevilla le lanzaron huevos y no les importó mucho que la acción terminase con un gol en contra.

Sin embargo, Toni y el equipo encontraron una opción de redención en la final de la Copa del Rey ante el Espanyol de Barcelona. Iban dos minutos del partido y el golero salió con prestancia a cortar un centro. Por noventas minutos se suspendía el incordio y sonaron aplausos en las gradas. La cámara siguió el retorno del lateral de los pericos hasta que el comentarista cambió el tono de voz para avisar lo que sucedía en el área: “¡Epa, qué error!”.
Toni le dio un bote a la pelota antes de rechazar sin percatarse de que Raúl Tamudo, un delantero pícaro y de movimientos ágiles, revoloteaba en el área. Tamudo le quitó el balón con la cabeza antes de que volviera a sus manos y luego lo dejó desparramado en el piso para anotar el primer gol del partido. No hubo reclamo que valiera para el árbitro.

El partido acabaría con triunfo del equipo catalán por 2-1 y con Toni, arquero titular de la selección olímpica española que ganó el oro en Barcelona 92′, llorando. El “Mono” Burgos lo relevaría en el puesto en las siguientes campañas.

El viejo Roger Milla hizo pagar la osadía del “Loco” Higuita

Colombia vio una de sus mejores generaciones en la década del 90′. En la plantilla cafetera para el Mundial de Italia destacaban nombres como Andrés Escobar, Leonel Álvarez, Carlos “El Pibe” Valderrama, Freddy Rincón y el arquero René Higuita.

El “Loco” de melena ondulada llegaba con la confianza a tope tras ser la figura del Atlético Nacional campeón de la Copa Libertadores el año anterior. Mezclando reflejos de gatopardo con excéntricos movimientos que le trituraban los nervios a sus compañeros, no pasó desapercibido para nadie. Colombia avanzó en la fase de grupos y se cruzó en octavos de final con Camerún.

El partido tuvo que irse al alargue. Roger Milla, un goleador al borde del retiro que estaba viviendo el momento de su vida en Italia, aventajó a los africanos. Los cafeteros salieron a buscar el empate con frenesí y adelantaron sus líneas.

Higuita, sin necesidad de hacerlo, salió a jugar como líbero. Ya había hecho lo mismo con Alemania en la fase de grupos y solo un discutible silbatazo del árbitro lo salvó del ridículo, pero en esa tarde napolitana pagaría su osadía. Controló con dificultad un pase y, al ver a Milla por el rabillo del ojo, intentó pisar la pelota y salir por el otro lado, sin embargo, el ariete fue más vivo y se llevó la pelota hacia el arco vacío. Mientras el goleador bailaba junto al banderín del córner, Higuita permanecía en el suelo.

“Los errores hacen parte del fútbol y la vida, sin embargo lo importante es aprender de ellos, sin perder la esencia de lo que te hace feliz”, escribió el hoy preparador de arqueros Atlético Nacional en su cuenta de twitter el año pasado. El error, más allá del dolor, no hizo mella en su confianza. En 1995, jugando contra Inglaterra en Wembley, realizó el escorpión, una de las acrobacias más icónicas y temerarias que se recuerden.

El fatal accidente de una leyenda

En la Eurocopa del 84′ España quería volver al primer plano europeo tras mucho tiempo de ausencia y una discreta actuación en el Mundial que ellos mismos habían organizado dos años antes. El equipo de Miguel Muñoz aplastó a Malta con un histórico 12-1, empató con Rumania y Portugal, se metió en semifinales con un gran triunfo ante Alemania y se impuso en la tanda de penales ante Dinamarca. En la final aguardaba Francia, el local. Los galos, liderados por un imperial Michel Platini, querían demostrarle al mundo que las semifinales en el Mundial del ‘82 no habían sido casualidad.

El partido fue parejo y sin muchas opciones de gol. Dos jugadas lo decidieron: un cabezazo que le sacaron a los españoles en la línea y un tiro libre de Platini al borde del área.

El “10” acomodó la pelota y le dio con efecto, pero sin potencia. Parecía un remate sencillo al palo de Luis Miguel Arconada, uno de los mejores arqueros en la historia del fútbol español. Sin embargo, la pelota se le escurrió por debajo del cuerpo y no la alcanzó a sacar antes de que traspasase la línea de gol. Bellone sentenció la victoria de “les bleus” con un tanto a los 91′. A pesar de todo, “Don Luis”, como se le conocía en el medio futbolístico, se retiró como un ídolo.

El infortunio de Garcés en la Libertadores que soñaba la UC

La Universidad Católica de Juan Antonio Pizzi avanzaba a paso rampante en la Copa Libertadores del 2011. Los cruzados fueron a ganarle a Velez Sarfield en el José Amalfitani y dieron un recital ante Gremio en octavos de final. En cuartos tocaba el Peñarol de Diego Aguirre, un cuadro rocoso y rústico, con rigor espartano, capaz de edificar un muro en torno a su arco y que atacaba con filosas contras.

El primer partido se jugó en el Centenario. La Católica no se cortó, se adueñó de la pelota y cercó a los charrúas. En uno de sus esporádicos contraataques, Jonathan Urretaviscaya penetró por la izquierda, caracoleó entre los defensores de la UC, amagó con rematar y terminó sacando un centro bombeado al punto del penal que no suponía mayor peligro para el meta Paulo Garcés. El también exarquero de Colo Colo y de Universidad de Chile salió a cortar el envío y terminó chocando con Hans Martínez. Soltó la pelota y, con el arco desguarnecido, Juan Manuel Olivera abrió la cuenta.

Garcés se recuperó con dos buenas atajadas a Luis Aguiar y al vasco Urretaviscaya. Sin embargo, su calvario en Montevideo aún no había terminado. Cuando el partido estaba por terminar, y con la Católica resignándose a la derrota, un largo pelotazo desde el campo del “Manya” acabó en el área visitante. Garcés fue a embolsar y se le volvió a soltar la pelota. Alejandro Martinuccio aprovechó y puso el segundo.

En San Carlos de Apoquindo, la Católica salió algo dubitativa, pero un gol de Fernando Meneses le dio nuevos bríos. Ni con todos sus artilugios los uruguayos pudieron poner freno a la embestida cruzada. Roberto Gutiérrez, con una gran media vuelta a la entrada del área, igualó la serie. La semifinal se veía cerca. El infortunio diría otra cosa. A falta de seis minutos para el término del partido, Martinuccio lanzó un centro. Garcés, dudando entre salir a cortar y quedarse en el arco, quedó a medio camino y Fabián Estoyanoff la embocó con un cabezazo, desbaratando el sueño continental del equipo precordillerano.

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