Llegó por un desafío a la comuna de Torres del Paine y cumplió…con creces. Miguel Ángel Riquelme arribó desde Viña del Mar con su familia para cumplir un anhelo que venía postergando hace tiempo: participar en una carrera que combinara desafío deportivo con un entorno natural privilegiado, la Patagonian Internatonal Marathon.
Kinesiólogo de profesión y corredor recreativo desde hace casi 15 años, su vida está completamente ligada al deporte y la actividad física. “Entreno todos los días, todo está ligado en torno al deporte, en torno a la actividad física, al movimiento”, explicó a BioBioChile este especialista que además dirige Depo Kinesiología, un centro en Viña del Mar enfocado en corredores.
Un circuito desafiante y memorable
La experiencia en la Patagonia resultó muy distinta a lo que Miguel está acostumbrado. Habituado a correr en calle los 21 kilómetros y viniendo de completar un maratón en Rosario, el circuito le presentó nuevos retos. Aún así supo salir adelante y ganar su distancia predilecta.
“Es un circuito totalmente diferente, el repecho y el entorno lo hace totalmente distinto y solitario”, señaló tras cruzar la meta. A pesar de la exigencia, la valoración fue categórica: el paisaje superó por lejos cualquier otra consideración.
La carrera fue también un asunto familiar. Miguel vino acompañado de su esposa, a quien entrena habitualmente, y su hija, quien lo esperaba en la meta. De hecho, su compañera fue la ganadora en los 10K femenino.
La logística familiar requiere turnarse los entrenamientos y las competencias para que su hija pueda acompañarlos la mayor cantidad de veces posible.
Para Miguel, lo más importante va más allá de los tiempos y las distancias: “El libre movimiento, el disfrutar actividad sana, ojalá inculcar en los niños, en este caso mi hija, que repita actividad física, eso es lo que más me gusta en verdad”.
Ahora, Riquelme ya piensa en volver a Patagonian International Marathon el próximo año, quizás para repetir los 21 o atreverse con los 42 kilómetros.