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Todo por unas copas de más: la curiosa historia del primer doping positivo olímpico

Archivo| Mundo Deportivo / Twitter
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Jönköping es pequeña ciudad del sur de Suecia que destaca por las bellas postales que deja el hermoso lago Vättern, así como por ser la cuna de personalidades que han sobresalido en la música como Agnetha Fältskog, integrante de ABBA, o Nina Persson, cantante del grupo The Cardigans.

En el mundo deportivo, en tanto, el nombre de este pueblo está inevitablemente ligado al de Hans-Gunnar Liljenwall, el primer deportista que dio doping positivo en una cita olímpica, hecho del que se cumplen que 50 años.

El escenario fueron los Juegos Olímpicos de México 1968. No obstante, su historia partió cuatro años antes en Tokio 64′.

Y es que en dicha oportunidad el atleta de ojos claros, nariz grande y contextura privilegiada, terminó en el decimoprimer lugar de la prueba de pentatlón moderno individual del evento planetario; mientras que fue cuarto en la competencia por equipos.

Para ser la primera participación del equipo en una cita de este nivel, los resultados obtenidos fueron más que meritorios. Fue eso lo que hizo que el país nórdico apostara todas sus fichas en ellos cuatro años más tarde, cuando los JJ.OO desembarcaron en tierras aztecas.

Como era de esperar, esta decisión fue todo acierto. Y es que en dicha instancia el equipo sueco, con Liljenwall a la cabeza, logró ejecutar las cinco pruebas que contempla esta disciplina a la perfección, subiéndose hasta el tercer lugar del podio mexicano.

Todo era felicidad y alegría en ellos, dado que el esfuerzo de años por fin daba frutos concretos. No obstante, dicho estado rápidamente se esfumó, puesto que luego de que posaran para la correspondiente fotografía, la organización les notificó que debían concurrir a hacerse una prueba de dopaje.

En una primera todos pensaron que no había por qué preocuparse, ya que nadie había ingerido ninguna sustancia ilícita. O eso hasta que Liljenwall alzó la voz para decir que él había calmado sus nervios con una que otra cerveza.

“Me tomé dos cervezas para calmar los nervios”, comentó el atleta mientras era sometido a la prueba de doping.

Él aseguró y juró que habían sido solo dos. Sin embargo, la historia dice que el sueco tenía 0,81 gramos por litro de sangre, lo que implicaba que había bebido al menos un litro de dicha bebida en la previa de la prueba, según los registros.

Fue por esto que desde la organización fueron enfáticos: el equipo completo debía devolver la medalla obtenida, la que rápidamente pasó a manos de los franceses.

Si bien la decisión se ajustaba, hasta la actualidad existente la interrogante de si fue o no legal. Esto, ya que si bien en dicho año el Comité Olímpico Internacional (COI) aprobó la introducción de dichos controles en las pruebas olímpicas, el documento no señalaba que se debía sancionar a los consumidores ocasionales o habituales de bebidas alcohólicas.

De igual manera, tampoco se sabe si Liljenwall bebió dos cervezas para, inocentemente, calmar su ansiedad, o si lo hizo con fines dopantes, los que le permitieron controlar su pulso en la prueba de tiro al arco.

De lo que sí se tiene seguridad, es que poco y nada se sabe de la vida del atleta luego de aquel bochorno, con excepción de su participación en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, instancia en la que finalizó en el quinto lugar. Pero su nombre está ligado al primer doping positivo de la historia del olimpismo.

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