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Lunes 26 agosto de 2019 | Publicado a las 11:18
NASA envía una misión para sondear los mares de Groenlandia: existe preocupación por el deshielo
Por Camilo Suazo
La información es de Agence France-Presse
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A bordo de una vieja avioneta remodelada y rozando el desierto blanco de la costa este de Groenlandia, tres cient√≠ficos de la NASA lanzan sondas en las aguas nacaradas del √Ārtico para medir el impacto de los oc√©anos en el deshielo.

Joshua Willis dirige la misi√≥n Oceans Melting Greenland (OMG, ‘derretimiento de los oc√©anos Groenlandia’), que desde 2015 supervisa este territorio aut√≥nomo dan√©s v√≠ctima del cambio clim√°tico.

En su traje azul de astronauta, este ocean√≥grafo est√° al mando en esta jornada de agosto en la que se invit√≥ a periodistas de la AFP a acompa√Īar a la misi√≥n en el cielo polar.

Mientras sobrevuelan los rocosos fiordos, los deslumbrantes glaciares y los icebergs a unas decenas de metros de altitud, Willis y su equipo lanzan al vacío por turnos sondas de metro y medio de diámetro, llenas de sensores.

La ojiva se hunde en las aguas, en medio de un halo de espuma y sol boreal. En la l√≠nea de la costa, los glaciares en peligro, erosionados por el aire y el oleaje, se hunden y desarman, liberando en medio de un ruido ensordecedor bloques de hielo que parecen islotes de az√ļcar a la deriva.

“El nivel del mar podr√≠a aumentar probablemente en varios metros en los pr√≥ximos 100 a√Īos, es una amenaza enorme para cientos de millones de personas en el mundo”, alerta Joshua Willis.

Los océanos corroen el hielo

Una vez sumergida, la sonda envía en tiempo real informaciones sobre la temperatura y la salinidad del océano, que se traducen en diagramas multicolores en las pantallas del laboratorio volador de los científicos.

“Mucha gente cree que el hielo se derrite debido al calentamiento del aire, como si fuera un cubito bajo un secador de cabello, pero en realidad los oc√©anos tambi√©n corroen el hielo”, recuerda el investigador estadounidense.

En un periodo de cinco a√Īos, el equipo de OMG compara los datos recopilados durante el invierno con los recabados a lo largo del verano, con el objetivo de afinar las predicciones de elevaci√≥n del nivel del mar.

Groenlandia, una isla de dos millones de kil√≥metros cuadrados rodeada en tres cuartas partes por las aguas del oc√©ano √Ārtico, est√° cubierta de hielo en un 85%.

Este inmenso territorio se encuentra en la l√≠nea de frente del deshielo del √Ārtico, una regi√≥n cuya temperatura aumenta el doble de r√°pido que en el resto del planeta. Si la banquisa y el hielo que cubren la base continental desaparecieran, el nivel de los oc√©anos podr√≠a aumentar siete metros y sumergir islas y regiones costeras por todas partes del planeta.

La NASA empez√≥ a interesarse por estos fen√≥menos en los a√Īos 1970, despu√©s de que sus presupuestos para exploraci√≥n espacial se redujeran dr√°sticamente. Actualmente utiliza m√°s de una decena de sat√©lites para observar la Tierra.

“La lejan√≠a de Groenlandia es un desaf√≠o singular”, reconoce por su parte Ian McCubbin, otro de los cient√≠ficos de OMG, encargado de la log√≠stica para estas misiones que parten del peque√Īo aeropuerto de Qulusuk, una comunidad del sudeste de menos de 300 habitantes.

“Es datos son preciosos porque, por primera vez, nos permiten vincular cuantitativamente los cambios de temperatura del oc√©ano con el deshielo”, explica, mientras que su compa√Īero Ian Fenty desentra√Īa las informaciones transmitidas por la sonda.

Las peores consecuencias

Este deshielo abre al tráfico marítimo las grandes vías del Norte, que permiten unir el océano Pacífico con el Atlántico, lo que aviva el apetito económico y geoestratégico de las grandes potencias, con Estados Unidos, China y Rusia a la cabeza.

Tanto es así que el presidente estadounidense, Donald Trump, propuso a Dinamarca comprarle Groenlandia, una oferta rechazada que provocó una minicrisis diplomática con su aliado en la OTAN.

Tras dos horas de vuelo, el DC3 reacondicionado, que había sido fabricado en 1942 para las fuerzas aéreas canadienses durante la Segunda Guerra Mundial, pone rumbo a Kulusuk. Por la ventanilla pueden verse cetáceos surcando la inmensidad plateada, entre los icebergs diseminados por el océano.

Ya en el terreno, en el √ļnico hotel del pueblo, Joshua Willis se maquilla por una buena causa. Ante un animado p√ļblico compuesto por locales, cient√≠ficos y periodistas, se convierte en un Elvis en el pa√≠s de los osos polares, con su cazadora al hombro, sus gafas tintadas y el cuello de la camisa subido. Empiezan a sonar las notas de una conocida canci√≥n del “Rey del Rock”, con la letra modificada en “Climate Rock”.

“Como especialista del clima, mi responsabilidad es explicar al gran p√ļblico lo que observamos. Tenemos que tomar decisiones dif√≠ciles si queremos evitar las peores consecuencias del cambio clim√°tico”, se√Īal√≥.

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