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Jueves 05 julio de 2018 | Publicado a las 16:29
Investigador afirma que la mayoría de los estudios científicos "son falsos"
Publicado por: Denisse Charpentier La información es de: Agence France-Presse
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Hace unos a√Īos, dos investigadores seleccionaron los 50 ingredientes m√°s utilizados en un libro de cocina y analizaron cu√°ntos de ellos se hab√≠an asociado con un riesgo o beneficio frente al c√°ncer en diversos estudios publicados en revistas cient√≠ficas.

La respuesta: 40 de 50, una lista que incluye sal, harina, perejil y az√ļcar. “¬ŅTodo lo que comemos est√° relacionado con el c√°ncer?”, se preguntaron luego, ir√≥nicamente, en su art√≠culo publicado en 2013.

Su pregunta se relaciona con un problema conocido pero persistente en el mundo de la investigaci√≥n: muchos estudios utilizan muestras que son demasiado peque√Īas para llegar a conclusiones generalizables.

Pero la presi√≥n sobre los investigadores, la competencia entre las revistas y el apetito insaciable de los medios por estudios que anuncien revoluciones o grandes descubrimientos hace que estos art√≠culos contin√ļen public√°ndose.

“La mayor√≠a de los art√≠culos publicados, incluso en revistas serias, son flojos”, dice a la AFP uno de los autores, John Ioannidis, profesor de medicina en Stanford, especializado en el estudio de estudios.

Este detractor de la mala investigaci√≥n cient√≠fica demostr√≥ en un art√≠culo de 2005 “por qu√© la mayor√≠a de los estudios publicados son falsos”.

Desde entonces, dice, solo se han hecho algunos progresos.

Algunas revistas requieren que los autores proporcionen sus datos brutos y publiquen previamente su protocolo. Esta transparencia evita que los investigadores tuerzan sus m√©todos y datos para encontrar un resultado, cualquiera que sea. Tambi√©n permite que otros verifiquen o “repliquen” el estudio.

Porque cuando se vuelven a hacer, los experimentos raramente conducen a los mismos resultados. Solo un tercio de los 100 estudios publicados en las tres revistas de psicología más prestigiosas pudieron ser reproducidos por investigadores, en un análisis publicado en 2015.

La medicina, la epidemiología, los ensayos clínicos de medicamentos y los estudios de nutrición no funcionan mucho mejor, insiste Ioannidis, especialmente durante las repeticiones.

“En las ciencias biom√©dicas y en otros lugares, los cient√≠ficos no se forman lo suficiente en estad√≠stica y metodolog√≠a”, agrega.

Demasiados estudios se centran en unos pocos individuos, lo que hace que sea imposible generalizar a una población total, ya que es poco probable que los participantes seleccionados sean representativos.

Café y vino tinto

“La dieta alimenticia es una de las √°reas m√°s lamentables”, contin√ļa el profesor Ioannidis, y no solo por los conflictos de intereses con la industria agroalimentaria. Los investigadores a menudo buscan correlaciones en enormes bases de datos, sin hip√≥tesis de partida.

Adem√°s, “medir una dieta es extremadamente dif√≠cil”, explica. ¬ŅC√≥mo cuantificar exactamente qu√© come la gente?

Incluso cuando el método es bueno, con un estudio hecho de forma aleatoria donde los participantes son seleccionados al azar, la ejecución a veces deja que desear.

Un famoso estudio de 2013 sobre los beneficios de la dieta mediterr√°nea sobre enfermedades del coraz√≥n tuvo que ser retirado en junio por la prestigiosa revista m√©dica The New England Journal of Medicine, ya que los participantes no hab√≠an sido reclutados de forma aleatoria; los resultados han sido revisados ‚Äč‚Äča la baja.

Entonces, ¬Ņqu√© escoger en la avalancha de estudios publicados todos los d√≠as?

Ioannidis recomienda hacer las siguientes preguntas: ¬ŅEs un estudio aislado o refuerza trabajos existentes? ¬ŅLa muestra es peque√Īa o grande? ¬ŅEs un experimento aleatorio? ¬ŅQui√©n lo financi√≥? ¬ŅLos investigadores son transparentes?

Estas precauciones son fundamentales en medicina, donde los malos estudios contribuyen a la adopción de tratamientos que en el mejor de los casos son ineficaces y en el peor, perjudiciales.

En su libro “Ending Medical Reversal”, Vinayak Prasad y Adam Cifu encadenan ejemplos terribles de pr√°cticas adoptadas sobre la base de estudios que fueron invalidados a√Īos m√°s tarde, como la colocaci√≥n de stents en una arteria del cerebro para reducir el riesgo de accidente cerebrovascular. Reci√©n diez a√Īos despu√©s, un estudio riguroso mostr√≥ que la pr√°ctica en realidad aumentaba el riesgo de ACV.

La soluci√≥n requiere el ajuste colectivo de los criterios conjuntos para los actores de la investigaci√≥n, no s√≥lo revistas: universidades, organismos de financiaci√≥n p√ļblicos, laboratorios. Pero todas estas entidades est√°n sujetas a la competencia.

“El sistema no incita a la gente a ir en la direcci√≥n correcta”, dice a la AFP Ivan Oransky, periodista cofundador de la p√°gina web Retraction Watch, que cubre los retiros de art√≠culos cient√≠ficos. “Queremos desarrollar una cultura en la que premiemos la transparencia”.

Los medios tienen tambi√©n su cuota de responsabilidad, pues seg√ļn √©l deben explicar mejor a sus lectores las incertidumbres inherentes a la investigaci√≥n cient√≠fica, y evitar el sensacionalismo.

“El problema es la interminable sucesi√≥n de estudios sobre caf√©, chocolate y vino tinto”, se queja. “Tenemos que parar”.

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