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S√°bado 24 agosto de 2019 | Publicado a las 21:59
Es oficial: la NASA comienza a investigar denuncia del primer crimen cometido en el espacio
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Un divorcio concretado en términos muy poco amigables es el escenario del que podría ser el primer crimen cometido en el espacio, y en el cual se ha visto envuelta la propia Agencia Aeroespacial Estadounidense (NASA).

El caso comienza con Summer Worden, una exoficial de inteligencia de la Fuerza A√©rea quien, el a√Īo pasado, comenz√≥ a preguntarse c√≥mo era que su exesposa, Anne McClain, pod√≠a saber tanto sobre sus finanzas. Sab√≠a que hab√≠a comprado un auto, d√≥nde y cu√°nto le hab√≠a costado exactamente.

No se trataba s√≥lo de una intromisi√≥n dom√©stica. Worden y McClain estaban tramadas en una agria disputa por la custodia de su √ļnico hijo, un ni√Īo de 4 a√Īos, y la supuesta incompetencia econ√≥mica de Worden era uno de los principales argumentos de McClain para quedarse con el menor.

Las sospechas de Worden la llevaron a pedir a su banco un registro de los accesos que se había hecho con sus datos a su cuenta bancaria. Entre ellos, uno le dio la pista que necesitaba: una de las direcciones de internet provenía de la NASA.

Pero no era cualquier dirección. McClain es una astronauta que estuvo 6 meses en la Estación Espacial Internacional (ISS), desde donde habría realizado los accesos para husmear entre los gastos de su expareja.

McClain no tuvo empacho en reconocer que lo hab√≠a hecho aunque, seg√ļn ella, fue s√≥lo para supervisar los gastos que a√ļn sosten√≠an entre ambas y, adem√°s, lo hizo con los datos que la propia Worden le hab√≠a proporcionado antes de su separaci√≥n. Su exesposa no lo tom√≥ tan a la ligera. Puso una denuncia ante la Comisi√≥n Federal de Comercio de EEUU (FTC) acusando a McClain de usurpaci√≥n de identidad y de transgredir la privacidad de sus estados de cuenta.

“Me sorprendi√≥ que hubiera llegado tan lejos. Sab√≠a que no estaba bien”, indic√≥ Worden al New York Times.

Anne McClain | New York Times
Anne McClain | New York Times

La que podría ser una denuncia regular tomó ribetes inesperados. Al ser la Estación Espacial Internacional el escenario del supuesto delito, significa que las jurisdicciones de Estados Unidos, Rusia, Japón, la Unión Europea y Canadá están involucradas. Y si bien estas naciones habían fijado posturas sobre quién tenía atribuciones sobre los astronautas de cada nacionalidad, hasta ahora nunca se había investigado un crimen ocurrido en el espacio.

Por su parte, el abogado de McClain, Rusty Hardin, indic√≥ que la astronauta ten√≠a plena certeza de que no hizo nada de mala fe. Seg√ļn el jurista, su √ļnica intenci√≥n fue asegurarse de que hubiera suficientes fondos para pagar las cuentas relacionadas a los gastos de su hijo, labor que hab√≠a llevado a cabo durante toda la relaci√≥n.

Worden agreg√≥ un elemento. Seg√ļn su versi√≥n, McClain le habr√≠a hecho llegar desde el espacio correos electr√≥nicos con mensajes amenazantes, acusaci√≥n que la astronauta niega rotundamente.

Saber cuál es exactamente la verdad puede ser un asunto delicado. Por ahora es la NASA la que tomará cartas en el asunto, pero un factor que no se había previsto es qué ocurrirá si es la justicia quien ordena periciar los computadores instalados en la Estación Espacial Internacional, equipos que, por razones evidentes, cumplen funciones o tienen información muy sensible.

“S√≥lo porque haya ocurrido en el espacio, no significa que no est√© bajo dominio de la ley”, indica Mark Sundahl, director del Centro Global de Legislaci√≥n del Espacio en la Universidad Estatal de Cleveland, a√Īadiendo que hasta el momento, ni √©l ni la NASA ten√≠an registros de un hecho similar ocurrido en el espacio.

Sin embargo, a medida que aumentan las misiones espaciales p√ļblicas y privadas, es probable que estos casos se hagan m√°s comunes. El New York Times recuerda que en 2011, la NASA hab√≠a interpuesto un recurso judicial contra la viuda de un ingeniero espacial, quien estaba tratando de vender una roca lunar. En 2013, un sat√©lite ruso result√≥ da√Īado por los desechos de un sat√©lite que China impact√≥ con un misil durante una prueba. Y en 2017, un empresario australiano demand√≥ a una agencia privada de turismo espacial por un viaje cuya realizaci√≥n estaba excediendo el plazo acordado.

“Entre m√°s veces vayamos y m√°s tiempo pasemos all√°, todas las cosas que ocurren ac√° (en la Tierra) comenzar√°n a pasar en el espacio”, sentenci√≥ Sundahl.

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