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Miércoles 08 mayo de 2019 | Publicado a las 16:20
Islandia convierte el CO2 en roca para limpiar la atmósfera
Por Camilo Suazo
La información es de Agence France-Presse
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En los volcanes islandeses los científicos capturan el dióxido de carbono, principal responsable del cambio climático, y lo inyectan en basalto, una roca porosa, donde se solidifica.

Esta t√©cnica acelera un proceso natural que puede llevar millones de a√Īos: la mineralizaci√≥n del di√≥xido de carbono, un gas de efecto invernadero producido masivamente en la isla boreal por los transportes, la industria y… los volcanes.

“Gracias a este m√©todo, cambiamos radicalmente la escala del tiempo”, explica la ge√≥loga Sandra √ďsk Snaebj√∂rnsd√≥ttir. Ella trabaja en el proyecto CarbFix, junto con investigadores e ingenieros de la compa√Ī√≠a el√©ctrica Reykjavik Energy, del Centro Nacional de Investigaci√≥n Cient√≠fica (CNRS) franc√©s, de la Universidad de Islandia y de la Columbia University.

En medio de un paisaje lunar, al pie de las cumbres todav√≠a nevadas del macizo volc√°nico de Hengill, hay tres peque√Īas estructuras abovedadas, con ojos de buey.

Su interior contiene dióxido de carbono, captado y transportado a lo largo de kilómetros de tuberías desde la central geotérmica de Hellisheidi. En estas estructuras se disuelve en agua y luego se inyecta a alta presión en la roca basáltica, a 1.000 metros de profundidad.

“Fundamentalmente, lo √ļnico que hacemos es producir agua cargada de gas a partir del CO2”, resume Edda Sif Arad√≥ttir, jefa del proyecto.

La disolución penetra en las cavidades de la roca. Entonces comienza el proceso de solidificación, posible gracias a la reacción química del gas con el calcio, el magnesio y el hierro contenidos en el basalto. El CO2 se une con la roca porosa bajo la forma de cristales calcáreos blancos.

Petrificado en dos a√Īos

“Casi todo el CO2 inyectado se mineraliz√≥ en dos a√Īos” cuando hicimos una prueba piloto, seg√ļn Snaebj√∂rnsd√≥ttir. Una vez petrificado, casi nada puede revertir el proceso.

“Si hay una erupci√≥n volc√°nica y la roca se calienta a una temperatura muy alta, una parte del mineral se descompone”, advierte Sigurdur Gislason, geoqu√≠mico de la Universidad de Islandia, pero matiza: “Es la forma m√°s estable y segura de almacenar CO2”.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Clim√°tico (IPCC por sus siglas en ingl√©s) fomenta la captura y almacenamiento de CO2 en el subsuelo para limitar a un m√°ximo de 1,5¬įC la suba de la temperatura mundial promedio respecto a la √©poca previa a la revoluci√≥n industrial.

En Islandia, el país de los géiseres, los glaciares y los volcanes, al menos la mitad de la energía producida proviene de la geotermia. Una suerte para los científicos de CarbFix que convirtieron la central de Hellisheidi -una de las más grandes de este tipo en el mundo- en un laboratorio.

Esta central libera CO2. Est√° construida sobre roca bas√°ltica y dispone de una cantidad de agua casi ilimitada. Bombea agua caliente de las entra√Īas volc√°nicas, y una vez caliente, el vapor sube y mueve las seis turbinas generadoras de electricidad que alimentan a la capital, Reikiavik, a unos 30 km de all√≠.

Gran consumo de agua

CarbFix permite reducir en 30% las emisiones de CO2 a la atm√≥sfera de la central geot√©rmica. Cada a√Īo capta 12.000 toneladas de di√≥xido de carbono, por un coste de unos 25 d√≥lares por tonelada.

Los volcanes islandeses emiten cada a√Īo entre uno y dos millones de toneladas de CO2.

El principal inconveniente es que consume mucha agua, un elemento abundante en Islandia pero escaso en otros lugares del planeta. Por una tonelada de CO2 inyectada hacen falta 25 toneladas de agua desalinizada, pero ya se hacen experiencias para determinar si el sistema funciona con agua marina.

“Es el tal√≥n de Aquiles de este m√©todo”, reconoce Sandra √ďsk Snaebj√∂rnsd√≥ttir.

“Pero ganamos mucho eliminando definitivamente este CO2 que, de otro modo, flotar√≠a en la atm√≥sfera”, justifica su colega Edda Sif Arad√≥ttir.

En virtud del acuerdo de París sobre el Clima, Islandia se comprometió como el resto de la UE en reducir en un 40% antes de 2030 sus emisiones de gases de efecto invernadero con relación a 1990.

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