Es antropóloga física titulada en la Universidad de Chile, especializada en Bioarqueología, es decir, el estudio de las poblaciones e individuos del pasado, a través del análisis de esqueletos y momias en contextos arqueológicos, siendo actualmente curadora del Área de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), a cargo del resguardo e investigación de la colección Bioantropológica, e integrante del Colegio de Arqueólogos de Chile (CARCH).

Actualmente, Verónica Silva se encuentra desarrollando un estudio que intenta reconstruir la dieta de las poblaciones del pasado a través de análisis bioquímicos. En otras palabras, el objetivo es conocer la dieta de una persona que vivió en el pasado, considerando desde el punto de vista poblacional la economía de subsistencia, así como reconocer si existen diferencias de estatus social, de género o etarias que se reflejen en la alimentación.

Además, permite conocer el momento y el impacto de los grandes cambios en los modos de vida, como por ejemplo la adopción de la agricultura y la introducción de animales domesticados en poblaciones cazadoras-recolectoras o la incorporación al Tahuantinsuyu (imperio Inca) y su influencia en la dieta de las poblaciones locales, con la intensificación de la agricultura sobre todo del maíz, fundamental en la economía incaica”, señala la investigadora.

La investigación

Para estudiar estas dietas milenarias el método más utilizado es el análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno en colágeno óseo y en cabello humano. Se realiza sobre pequeños fragmentos de hueso, dientes y hebras de cabello de humanos y animales. Los huesos y dientes deben ser desmineralizados para obtener el colágeno; en el pelo, en cambio, sólo se realiza limpieza y corte. Las muestras, una vez preparadas, se analizan en un Espectrómetro de Masas utilizando estándares específicos para asegurar la calidad de los resultados.

Carch
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Los dientes entregan información de la dieta en la infancia temprana, los huesos pueden dar un rango de los últimos 20 a 7 años según el grado de remodelación ósea, en general yo trabajo con costillas, que aportan la información de la dieta en los últimos 9 a 7 años de vida de una persona”, explica Silva, agregando que “El pelo es muy interesante, pues aporta información de la dieta a corto plazo y puede ser analizado, por ejemplo en segmentos de 1 cm, esto nos entrega información de los cambios en la dieta durante los últimos meses de vida de la persona, ya que cada centímetro de cabello representa aproximadamente 1 mes antes de la muerte y, dependiendo del largo del cabello, podemos llegar a conocer la dieta de cada mes durante el último año”.

Actualidad

En estos estudios tan complejos y específicos, surge la pregunta: cuál el aporte de estas investigaciones al mundo actual. “En general somos un país sin memoria, poco sabemos incluso de nuestro pasado más reciente. Es fundamental para la identidad de la población conocer su pasado y mirarlo desde una perspectiva macro regional, más allá de las fronteras actualmente establecidas”, explica Silva, “En Latinoamérica tenemos un pasado común y muchos de los problemas que vivimos actualmente como sociedad están arraigados en lo que fuimos, en nuestro pasado como colonia del Imperio Español y en nuestro pasado prehispánico. Los alimentos son parte fundamental de esa identidad; la pesca y la agricultura siguen siendo en Chile dos de las actividades económicas más relevantes, tal como lo fueron en el pasado”.

Una dieta balanceada, tanto hoy como en el pasado, es fundamental para mantener la salud y la mala nutrición sigue siendo uno de los mayores problemas en el mundo; por ejemplo, la desnutrición, que tanto en la prehistoria como en la actualidad es la principal causa de muerte infantil en el mundo, y la obesidad, sobre todo infantil, que acarrea consigo una serie de enfermedades como diabetes e hipertensión entre otros, que afectan a gran parte de la población chilena y latinoamericana en general.

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En este sentido, la investigadora señala que “Muchas predisposiciones genéticas a sufrir estas enfermedades provienen efectivamente de nuestros antepasados prehispánicos, entendiendo que los azúcares, grasas y sal son escasos en la naturaleza, muchas de estas enfermedades no se manifestaban en ellos”.

Investigación internacional

Como estudiante de postgrado, Verónica Silva realizó una estadía de investigación en el Departamento de Evolución Humana del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Leipzig, Alemania), uno de los centros de investigación de mayor prestigio a nivel mundial, donde desarrolló gran parte de su investigación doctoral sobre la dieta a través de isótopos estables, trabajando con tecnologías del más alto nivel.

Allí trabajó en conjunto con el investigador español Domingo Salazar-García, quien, además de ser asociado al Instituto Max Planck trabaja como profesor en la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica (University of Cape Town). Esta institución cuenta con avanzados laboratorios para el estudio de isotopos estables, siendo uno de los primeros lugares donde históricamente se aplica el método en investigación arqueológica.

Así se gestó el trabajo multinacional, estableciéndose una colaboración de forma más permanente, que en estos momentos se lleva a cabo en el marco del Proyecto “Cambio en los Patrones Mortuorios, Dieta y Movilidad de las Poblaciones Chinchorro Durante la Transición Arcaico/Formativo”, financiado por el Programa de Fortalecimiento de la Actividad Curatorial 2016 del MNHN.

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Cultura Chinchorro

Consultada sobre la valoración que Chile entrega a la Cultura Chinchorro, la profesional señala que “Uno creería que con todo el conocimiento que se ha generado y la difusión asociada, las personas en general debieran tener algunas nociones mínimas sobre los Chinchorro; sin embargo, esto no es así y al parecer aún se requieren mayores esfuerzos en la divulgación y difusión del conocimiento adquirido en torno al tema”.

Otro punto importante que destaca Silva, es que no sólo es la Cultura Chinchorro la que requiere de estos esfuerzos, “entre los Chinchorro y los Incas en el extremo Norte de Chile existieron muchas culturas importantes, agricultores que desarrollaron importantes innovaciones culturales con una amplia y rica variedad de diseños estilísticos en textiles y cerámicas que los caracteriza y diferencia entre sí”.

Protección arqueológica

Finalmente, la investigadora llama la atención sobre la situación en que se encuentran los sitios arqueológicos en el norte de Chile, indicando que sólo en la ciudad de Arica se han encontrado hasta el momento 3.300 sitios arqueológicos.

En el Norte de Chile la extrema aridez del desierto posibilita la conservación de todo tipo de materiales, entregando un registro sumamente completo de todas las áreas del quehacer humano en los distintos períodos de la prehistoria e historia de las poblaciones que habitaron este territorio”, explica, “Esto mismo genera que exista una gran cantidad de sitios arqueológicos, muchas veces en lugares donde se emplazan actualmente las ciudades, principalmente porque las poblaciones tienen a asentarse donde las condiciones son más favorables y estos lugares son reocupados en distintos momentos”.

Según señala, en Chile no existen muchas fuentes de financiamiento para la investigación en estas áreas, siendo el principal el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), el que tiene un alto grado de competitividad y por lo tanto no es de fácil acceso.

Creo que, tanto la investigación como la preservación de los sitios arqueológicos, requieren de un financiamiento constante, y sobre todo de la instauración de políticas de protección del patrimonio regional y nacional que permitan diseñar estrategias que involucren la participación de los científicos, las comunidades y el Estado chileno. Se necesita crear conciencia de que el pasado prehispánico de Chile y Latinoamérica es nuestro propio pasado y todos somos responsables de su protección”, puntualiza Verónica Silva.