Conceptos nacidos en el underground aparecen de pronto en las vitrinas del mainstream, despojados de su real historia y significado. Es lo que está experimentando Flow de Raíz, proyecto cultural que durante años ha trabajado en silencio cultivando el concepto de Corte Chilenero. Es un espacio de creación donde conviven la música urbana, la danza, el folclore y la conversación artística.
¿El problema? Que una persona con mayor exposición mediática ha decidido que esa idea le pertenece. No importa que se haya enterado del concepto años después; con suficiente poder y abogados, pareciera que hasta la historia se puede reescribir.
Corte Chilenero
Flow de Raíz es un colectivo cultural que nació en 2018. Arrancó con una fiesta en Puente Alto que reunió a artistas musicales de distintos estilos, con especial énfasis en el folclor y el hip hop. El músico y productor Ki Taíto, fundador de la colectividad, acuñó el concepto Corte Chilenero tres años más tarde para denominar una serie de talleres orientados a explorar el cruce entre música y danza urbana con las tradiciones folclóricas del país. Todo esto en el contexto de un incipiente movimiento que toma elementos del folclor (rítmicas, pasos, etc.) para incorporarlos a estéticas más modernas como el trap y el reguetón, conocido desde inicios de esta década como kukoh.
Corte Chilenero es, desde su nacimiento, un laboratorio de experimentación y desarrollo del género kukoh. Por sus actividades han transitado artistas emergentes y consagrados, así como personas anónimas motivadas por la curiosidad y el entusiasmo. Se trata de instancias que, si bien han operado lejos de los focos mediáticos, han logrado consolidar un espacio de creación respetado e influyente en diversos círculos artísticos. Tuve la oportunidad de participar en 2021.
Martín Acertijo
Casi tres años después de que Ki Taíto y Flow de Raíz inventaron el concepto Corte Chilenero, un artista con gran visibilidad mediática comenzó a utilizarlo para organizar fiestas comerciales. Se trata del freestyler Martín Acertijo, cuya estrategia comunicacional ha consistido en referirse al término como si se tratase de un nuevo género musical (que él y su equipo habrían supuestamente inventado, por cierto), omitiendo su verdadero origen y los años de construcción previa en el underground.
Al analizar la definición que Acertijo y su equipo le dan a Corte Chilenero como supuesto género musical, rápidamente nos damos cuenta de que sus características son idénticas a las del kukoh. Ambas son fusiones de la rítmica tradicional de las cuecas (o chilenas) con sonidos del trap, el reguetón y otros géneros urbanos, incorporando además guitarras, panderos u otras sonoridades folclóricas combinadas con rapeos en compás de 6/8. No existe ninguna diferencia sustancial entre lo que Acertijo intenta describir musicalmente como Corte Chilenero y el estilo kukoh.
La preexistencia de un género chileno de estas características es reconocida por muchos artistas. Además, es fácilmente constatable en internet. Sin ir más lejos, tanto la expresión kukoh como los elementos musicales de este género ya venían siendo adoptados y promovidos por el propio productor del freestyler, quien —después de comenzar a trabajar con él— ha modificado los nombres de algunos videos anteriores publicados en el canal de YouTube de su grupo de cuecas, con la expresión apropiada de sus creadores, Ki Taíto y Flow de Raíz.
Disputa
Frente a esta deshonesta táctica de posicionamiento impulsada por Acertijo y su equipo, la agrupación fundada por Ki Taíto decidió iniciar el proceso de inscripción de la marca Corte Chilenero en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI), con el fin de resguardar su trayectoria. Martín Acertijo y su equipo iniciaron un proceso paralelo de inscripción y presentaron una demanda contra Ki Taíto y Flow de Raíz, para intentar frenar la inscripción de esta compañía independiente y asegurar para sí el control legal y comercial del concepto. Esto plantea otro cuestionamiento: si para Acertijo y su equipo, Corte Chilenero es supuestamente un género musical, ¿por qué entonces buscan inscribirlo como marca comercial?
Todo indica que la apropiación del concepto creado por Ki Taíto y Flow de Raíz, por parte del freestyler y su equipo, responde al objetivo de monopolizar la explotación de una marca ajena que les resultó atractiva. La dudosa refundación de un floreciente nuevo género urbano chileno (que por lo demás ya venía desarrollándose) parece formar parte de una estrategia de marketing para lograr ese objetivo.
Creación y autoría
El conflicto expone dos formas un tanto opuestas de habitar la creación artística. Una que se construye desde abajo y sin alardes. La otra que, aprovechando posiciones mediáticamente privilegiadas, busca absorber las expresiones emergentes para proyectar su propia influencia. La contienda es desigual, dado que Acertijo es un sujeto con alta exposición a los medios.
La posición privilegiada del freestyler no ha estado exenta de polémicas. Hace unas semanas, el propio Acertijo contó en el programa LATECUEQUERO del canal de YouTube DceroMedia que tuvo contacto telefónico con uno de los integrantes del jurado del Festival del Huaso de Olmué y que posterior a ese contacto se anunció la selección de su canción en el festival. A los pocos días de su publicación en YouTube, el programa fue retirado de la plataforma, posiblemente a solicitud del jurado del festival.
La lucha de Flow de Raíz no es solo por la defensa de una marca. Es un acto de resistencia frente a un modelo cultural que intenta borrar la huella de los trabajos colectivos e independientes. Este caso nos hace reflexionar sobre qué entendemos por creación y autoría. Al mismo tiempo, nos recuerda que la cultura está hecha de cosas más profundas que nombres famosos y marcas comerciales.
Victor Oyarce
Licenciado en Música. Máster en Jazz y Música Moderna del Conservatorio Liceu (Barcelona). Baterista sesionista (Joaquín Murieta, Fernanda Valt y otros artistas).