Desde el momento mismo de la creación de los Premios Nacionales surgieron las polémicas sobre quiénes lo merecen… e inmediatamente después sobre quiénes lo han recibido y quiénes no, con las pugnas de poder, las pequeñas rencillas y luchas de egos anexas.

Polémicas que se renuevan cada vez que se abren las postulaciones, en vísperas de las resoluciones de los jurados como al saberse los ganadores. Polémicas donde también tiene su papel la precariedad económica en la que viven muchos creadores, lo que hace más deseable esta “jubilación”, como algunos ven a estos premios.

Este año -como ha pasado hace varios años- se ha levantado polémica porque no hay postuladas mujeres al Premio Nacional de Música y en Literatura (poesía) sólo hay tres. Es una verdad indesmentible que, ambos premios, han dejado fuera mujeres con méritos de sobra, mientras que, en algunos casos, ha sido otorgado a varones sin tantos méritos, incluso a algunos con escaso brillo (abajo adjunto comunicado de AUCH!, Autoras chilenas feministas).

¿Qué se premia cuando se premia?

El punto es, parafraseando a Gonzalo Rojas, hacerse la pregunta ¿qué se premia cuando se premia? El problema es que esta pregunta hoy no tiene respuesta, y difícilmente la tendrá, porque significaría reconocer que faltan premios (para ellos hay que tener recursos) y, lo más complejo, implicaría ponerse de acuerdo sobre qué reconoce cada uno de estos Premios Nacionales (incluido el Premio Nacional de Arte, y otros).

¿Es posible comparar a Alejandro Guarello o Roberto Bravo con Patricio Manns? ¿Cómo decidir entre dos ámbitos de la música tan distintos? Incluso si se llegara a un acuerdo tácito o explícito, como en Literatura o Arte, de ir turnando entre poesía y prosa o entre pintura y escultura (categorías cada vez más insuficientes)… ¿Qué se premia cuando se premia música? ¿Se podría separar entre “música docta” y “música popular”?

Por otro lado, ¿Los premios son hechos aislados o pasan a integrar un todo que da cuenta, por ejemplo, de la Poesía o de la Música chilena? ¿Se premia sólo a personas, a individuos, o se busca formar un “cuerpo”?¿Se premia la calidad intrínseca de la obra o al creador o creadora? ¿O también se premia su capacidad de generar “escuela” o de incidir en la cultura e identidad del país? (¿O es una pugna de “academias”, de ”lotes”?)

Estas preguntas, al no tener respuestas explícitas y consensuadas, hacen legítimos los reclamos por la ausencia o escasez de postulantes mujeres. Más, cuando los méritos han existido…

Pero siguiendo esa lógica, cabría preguntarse si ha habido suficientes homosexuales premiados (la verdad, no tengo información al respecto). O por qué casi no hay postulantes de pueblos originarios, o cultores de la música popular como un cantor o cantora a lo humano y a lo divino (que se podría postular en Música y en Poesía), o La Sonora de Tommy Rey, por ejemplo, que han aportado de manera tan significativa a nuestra identidad.

O por qué no se ha premiado en Artes Visuales a “Mono” González o a los hermanos Larrea, fundamentales en la identidad visual de Chile.

También hay casos particulares, como el de Claudio Bertoni, postulado a Premio Nacional de Literatura. Sucede que él, además de poeta, es artista visual y, a mi entender, es el mejor fotógrafo de desnudos del país. Un creador multifacético como él, donde sus obras realizadas en distintos lenguajes se complementan, no calza con los marcos rígidos de los premios.

¿Qué entendemos por cultura y por nuestras identidades?

Quizás es el momento de tomar distancia, de pensar los premios desde una mirada país, no desde las “trincheras” universitarias, académicas, ni de especialistas. Y tener un debate sobre el país que somos y queremos ser, porque quizás, en definitiva, a eso debieran apuntar los Premios Nacionales.

Los Premios Nacionales debieran ayudar a reconocer y fortalecer nuestras almas e identidades. En este sentido, algunas veces premiará a creadores masivos y en otras a creadores importantes para grupos significativos del país, entendiendo que éste se constituye de lo masivo y de la riqueza de las particularidades.

De ser así, los Premios Nacionales velarán, considerando la calidad intrínseca de cada postulante, por reconocer la riqueza creadora del país, incluyendo su diversidad y su territorio.

A la luz de los debates y polémicas, de los premiados y los y las ausentes, parece urgente replantear los Premios Nacionales para que ellos ayuden a construir un sentido de país y para que estén en sintonía con grandes sectores de Chile.

Mientras tanto, seguirán las pugnas donde a veces destacan más las falencias que los contrarios tratan de hacer brillar…