Artes y Cultura
Domingo 20 octubre de 2019 | Publicado a las 15:47
"¬ŅMe lleva por 100?" o cuando el sistema perdi√≥ sensibilidad social
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Antes de implementarse el Transantiago, el sistema de transporte p√ļblico de buses de Santiago era ca√≥tico, a pesar de los avances que hab√≠a tenido a principio de los 90, cuando se establecieron recorridos claros y los buses ten√≠an que cumplir con ciertas exigencias m√≠nimas.

Hasta antes del Transantiago, casi ning√ļn chofer ten√≠a contrato y las distintas empresas, los distintos recorrido e incluso cada bus peleaba por los pasajeros, porque sus ingresos depend√≠an de esa dura competencia que muchas veces significaron choques y atropellos, y grandes congestiones que hoy har√≠an m√°s ca√≥tica la ciudad (un porcentaje alt√≠simo de los buses pasaba por la Alameda).

Sin embargo, hab√≠a algo que se perdi√≥. El sistema ten√≠a ‚Äúsensibilidad social‚ÄĚ. Como bien dijo un dirigente mediano el 2003 o el 2004, cuando el pasaje sub√≠a $10, el n√ļmero de boletos ‚Äúcortados‚ÄĚ bajaba inmediatamente y no se recuperaba sino dos o tres meses despu√©s. En compensaci√≥n, aumentaban las personas que caminaban o ped√≠an el cl√°sico ‚Äú¬ŅMe lleva por 100 (pesos)?‚ÄĚ, o ‚Äú¬ŅNos lleva a los dos por $300?‚ÄĚ.

El sistema anterior permit√≠a una flexibilidad informal de tarifas que respond√≠a a la gran diversidad de ingresos que tienen los usuarios del transporte p√ļblico, tanto estructurales como circunstanciales (a mayor cesant√≠a, mayor cantidad de tarifas informales).

Chile es un pa√≠s muy desigual, sin embargo en muchos √°mbitos se piensa el pa√≠s como si fuera ‚Äúuno solo‚ÄĚ, uniforme. Transantiago no consider√≥ que no todos pueden pagar una tarifa tan alta, entonces se dieron condiciones que propiciaron la evasi√≥n, tanto de los que no pod√≠an o ten√≠an muchas dificultades para pagar como para quienes se aprovecharon de las circunstancias. Lo que, con el tiempo, ha normalizado la evasi√≥n.

Transantiago tampoco consider√≥, por ejemplo, que un porcentaje de sus usuarios son analfabetos (posiblemente alrededor de un 4 o 5%), adoptando un sistema gr√°fico inspirado en el transporte de ¬°Londres! Un sistema donde en es necesario informarse a trav√©s del celular‚Ķ ¬ŅQu√© pasa con los que no tienen celular o no saben usarlo para esos fines?

Tampoco en la elaboración de Transantiago se habló con los municipios, los choferes o con la ciudadanía para establecer de mejor forma los recorridos y la ubicación de los paraderos, entre otros.

Los ejemplos anteriores resultan violentos para muchas personas. M√°s cuando el costo del transporte significa un alto porcentaje del ingreso familiar.

Esas violencias ‚Äďdonde, por ejemplo, no se daban alternativas m√°s econ√≥micas para quienes se les hace muy caro pagar el transporte p√ļblico- fueron de conocimiento de algunas autoridades y funcionarios p√ļblicos. Pero no interesaron. No estaban dentro de las prioridades. Eran demandas que no calzaban con el ‚Äúmodelo‚ÄĚ.

Y lo que pasa en el transporte p√ļblico ha pasado y pasa en muchos √°mbitos, no es un caso aislado sino todo lo contrario. Parece ser parte de la forma de actuar, parte del sistema, de una cultura de gobernar y de hacer desde el poder.

La desconexi√≥n entre las autoridades, los ‚Äút√©cnicos‚ÄĚ o ‚Äúexpertos‚ÄĚ y algunos funcionarios con las realidades locales durante tanto tiempo es lo que ha llevado a situaciones como las que hemos vivido estos d√≠as. Una acumulaci√≥n de rabia frente a un sistema ‚Äďtanto en el √°mbito p√ļblico como privado- que no escucha a amplios sectores de la sociedad.

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