El segundo largometraje dirigido por Constanza Fernandez debutará en el Festival de Cine de Busan, uno de los más relevantes de Asia y principal puerta de entrada al mercado asiático desde Corea del Sur.
La película adapta al cine el libro testimonial “El Pa(de)ciente” del Dr. Miguel Kottow, oftalmólogo chileno y eminencia en el campo de la bioética, en el que documenta su experiencia bajo la tutela del sistema de salud privado tras enfermar del síndrome de Guillaine Barré. La pieza cuenta con las actuaciones de Héctor Noguera, Amparo Noguera, Naldy Hernández, Emilia Noguera, Diego Casanueva, Daniel Muñoz, Paola Giannini y Gabriela Aguilera.

“El Pa(de)ciente” es producido por Roberto Doveris (Niña Niño Films) y tendrá su debut mundial en la 26º versión del Festival Internacional de Cine de Busan, Corea, que se llevará a cabo entre el 6 y el 15 de octubre. En Chile se estrenará el próximo otoño de la mano de Market Chile (El Agente Topo).
“Se trata de la historia de un doctor convertido en paciente, un semidios de nuestra sociedad doblemente vulnerado por su enfermedad y por un sistema de salud deshumanizado”, adelantan desde su producción.
Su directora
Constanza Fernández es Economista, y máster en literatura y guion. Su primer film “Mapa para conversar” (2012) obtuvo el premio a Mejor Director en SANFIC7, y fue una de las primeras películas LGBT en Chile que se vendieron a Reino Unido y EE.UU. Su cortometraje “No me pidas que no lo lamente” fue nominado a los Premios Pedro Sienna el año 2009. Escribió el guion del film español “De espaldas al mar” (2006), del director Guillermo Escalona. Desde su compañía Celosa Producciones desarrolla todo tipo de obras audiovisuales, festivales de música, obras de danza, teatro y publicaciones impresas.
“El Pa(de)ciente” es derivado de un libro testimonial que agotó su primera edición en seis meses”, cuenta Fernández. “Ese libro a mi me pareció revelador en sus observaciones sobre el sistema, es un relato de enfermedad que contaba con la fuerza de lo real, un testimonio sociológico de lo que significaba estar enfermo en un sistema de salud con perversidades. Con una rutina hospitalaria que les quita la dignidad a los enfermos. Pero estaba escrito en un lenguaje bastante elevado intelectualmente, con mucho humor solapado eso sí y quizás no destinado a un público lego en materia de “salud y medicina”. Pero a mi me parecía que tenía revelaciones que debían llegar a un público masivo, y me desafió a lograr su transformación en una narrativa audiovisual empática con el espectador”.
“Quiero dejar un testimonio de esta generación que se nos está yendo”
La directora agrega que empezó a trabajar el guion “a partir de una idea de la vida moderna que es la mercantilización de la administración de los servicios de salud, sobre todo en el ámbito privado, donde se termina privando de la dignidad a las personas enfermas. El mercado moldea con metas, objetivos y resultados económicos la vida en un hospital, haciendo desaparecer la dimensión humana de las personas que acuden a él, olvidando que la medicina es ante todo una práctica social. El enfermar, que es un padecimiento común de la experiencia humana con la pandemia, se volvió protagonista de nuestros pensamientos, pero de alguna manera el lenguaje se nos queda corto para representar el sufrimiento que implica, y éste era mi primer desafío. He optado por una mirada más mordaz que trágica”.
Fernández destaca su deseo de “dejar un testimonio de esta generación que se nos está yendo, la de mis padres, esa que atestiguó las complejidades del s.XX sin ser reaccionarios, y que tienen una voz a la que también quiero honrar”.
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