Detalle, Roser Bru, MAVI (c)

Falleció la Premio Nacional Roser Bru: Luchadora y un aporte a la identidad visual de Chile

26 mayo 2021 | 11:59

Roser Bru ha fallecido a los 98 años. Nacida en Barcelona el 15 de febrero de 1923, llegó a Chile, siendo niña, exiliada después de la derrota de los Republicanos en la Guerra Civil Española.

Bru legó a Valparaíso el 3 de septiembre de 1939 en el mítico Winnipeg, barco gestionado por Pablo Neruda, donde llegaran casi 2000 refugiados, entre ellos Mauricio Amster, José Balmes, Leopoldo Castedo y Victor Pey.


Roser Bru, Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, fue una destacada pintora y grabadora, que vinculaba en su obra sus raíces españolas y Chile, a grandes artistas y figuras históricas con sus historias de exilio y desarraigo (cuando tenía un año su familia se exilió en París, escapando de la dictadura de Primo de Rivera).

Roser Bru estudió en la Universidad de Chile con maestros como Pablo Burchard e Israel Roa, formó parte del Grupo de Estudiantes Plásticos con los también Premios Nacionales José Balmes, Gracias Barrios y Guillermo Núñez. Y participó en el mítico Taller 99, donde estudió grabado.

La obra de Roser Bru, más allá de sus virtudes gráficas y visuales, tiene el gran valor de haberse instalado en la memoria colectiva de buena parte del país. Sus pinturas y grabados no sólo han estado en exposiciones en galerías y museos, o en muchas publicaciones. Bru integra el reducido grupo de creadores visuales que han logrado permear a la población haciendo que sus obras sean parte de la visualidad y de la identidad local.

A sus famosas pinturas y grabados con sandías y personajes como Goya, Kafka o Gabriela Mistral, se debe sumar la recientemente descubierta obra textil que hizo para la Unctad III (actual edificio del GAM), que formara parte de un tríptico. En ella demuestra su versatilidad, la capacidad de manejar distintas dimensiones, materiales y texturas con maestría.

Dos anécdotas para retratar a la artista

Relató dos anécdotas que retratan a la artista. De una fui testigo, la otra me la relató ella.

Pintando en dictadura

A mediados de los 80, luego que el alcade designado Murúa despidiera a una parvularia por permitir que se pintara un mural en un establecimiento de La Legua, se realizó una actividad de solidaridad y denuncia en la Casa de la Cultura de la población.

Fue durante el fin de semana que el centro cultural dirigido por Víctor Hugo Castro, estudiantes de la Universidad Católica y un grupo de destacados artistas llegaron a pintar murales en la fachada de la construcción.

En la actividad estuvieron José Balmes, Claudio di Girolamo y Roser Bru. Fue en un ambiente tenso, donde no faltaron los vehículos sin patente y vidrios oscuros que pasaban a baja velocidad, donde se hizo este gesto simbólico de resistencia y de solidaridad.

En esas circunstancias, estos artistas -y otros que no recuerdo- dieron una muestra de valentía y consecuencia inolvidable.


Rechazando símbolo de la dictadura

Ya avanzados los noventa, en democracia, Roser Bru fue invitada a una inauguración en la galería que tenía el recientemente estrenado edificio institucional de Telefónica (inaugurado en 1996), en Providencia.

Muestra de progreso -era el más alto de Chile en ese tiempo- y de la importancia de la empresa, el edificio había destinado un gran espacio para la cultura. A esas exposiciones asistían mucha gente, desde empresarios, artistas y personas, supuestamente, importantes. Según su propio relato, a esa exposición había sido invitada una de las hijas del ex-dictador Augusto Pinochet, que se esforzaba por ser foco de atención.

Roser Bru se sintió agredida al ver a un símbolo de ese momento, de esa democracia ambigua y de la dictadura que tanto daño había hecho a la cultura y a artistas amigos, que tanto dolor le había producido a ella. La reacción natural de las víctimas, al enfrentarse a este tipo de personajes, es refugiarse, esconderse, es replicar la actitud de cuando fueron agredidas.

Con su carácter fuerte, Roser Bru la encaró y, claro y fuerte, le dijo que ella no debiera estar ahí, pavoneándose, si ella era parte del desastre cultural y humano que había sufrido el país. Roser Bru se quedó, la hija del ex-dictador optó por retirarse.

Roser Bru, sin embargo, no se quedó ahí. Hizo saber a la empresa su molestia por la presencia de alguien que representada a la dictadura y nada había hecho ni hacía por la cultura y las artes.

Premios

Roser Bru fue nombrada comendadora de la Orden de Isabel La Católica por el rey de España en 1995, , ganó dos premios Altazor (2000 y 2013) y recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas el 2015