Publicada originalmente en 1909, la novela The machine stops (“La máquina se detiene”) ha adquirido características proféticas en relación a la pandemia del Covid-19, que pareciera haber vaticinado con más de un siglo de anticipación.

La historia del británico E.M. Forster, inadvertida por años en los anales de la literatura inglesa, fue redescubierta a través de un artículo del editor de Arte del portal de noticias de la BBC, Will Gompertz, donde a través de una reseña establece los puentes entre la ficción y la realidad.

“’La máquina se detiene’ no es simplemente profética; es una increíble, impactante y asombrosamente precisa descripción literaria de la vida en cuarentena en 2020″, escribió sobre el libro, al que llegó a través de una compra en cuarentena de su esposa.

En la trama, los habitantes viven solos en casas interconectadas y uniformes; una especie de células incrustadas en la tierra en las que no necesitan comunicarse para adquirir insumos.

Allí, cada vecino interactúa por una interfaz parecida a Zoom o WhatsApp, y se envían encomiendas por un sistema de “correo neumático” (un sistema de turbinas subterráneas) que conecta cada residencia.

“El burdo sistema de encuentros públicos había sido abandonado hacía mucho tiempo… La costumbre se había vuelto obsoleta”, detalla la novela citada en el artículo. “En cierto sentido, las relaciones humanas habían avanzado enormemente”, bromeaba el autor con la característica ironía inglesa.

“Pero la humanidad, en su búsqueda del bienestar material, había ido demasiado lejos. Habían explotado en exceso las riquezas de la naturaleza, y el progreso había llegado a significar el progreso de la máquina”, agrega, a modo de explicación.

Los protagonistas de la historia son Vashti y Kuno, madre e hijo, cada uno ajeno absolutamente a esta realidad distópica. Mientras ella vive en el norte, su hijo reside en el sur, pero ambos no pueden visitarse.

“Quiero verte, pero no a través de la Máquina”, le dice Kuno en uno de los pasajes más verosímiles de la novela. “Quiero hablar contigo, y no a través de la fastidiosa Máquina”, agrega.

Vashti debe dictar conferencias musicales a distancia, tal como las clases telemáticas de estos días. A la vez, acumula en su casa objetos de una realidad externa que no tiene relación alguna con su inframundo doméstico.

“No diré nada más sobre lo que ocurre – es una historia muy corta que leerás en menos de una hora – salvo mencionar que es, básicamente, una versión en la era de las máquinas de la Alegoría de la Caverna de Platón“, sostiene Gompertz.

"The machine stops" (“La máquina se detiene")
“The machine stops” (“La máquina se detiene”).