Artes y Cultura
Domingo 24 marzo de 2019 | Publicado a las 12:30 · Actualizado a las 17:06
Una Ley de Patrimonio formulada a puertas cerradas conduce a un Patrimonio elitista
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El Patrimonio cultural material e inmaterial es parte importante de nuestra memoria, de nuestras identidades, es diversidad y raíces. Refleja la complejidad y amplitud de un grupo definido pero cambiante de seres humanos. Es pasado y presente para darle proyección y sentido al futuro.

En ese contexto, definir qué es Patrimonio, darle categorías, establecer instrumentos y mecanismos para identificarlo, protegerlo, conservarlo, difundirlo, entre otros, es una labor compleja que debe tener una diversidad de miradas, de especialidades y sensibilidades que permitan abarcar esa diversidad.

Crear una ley que permita hacer una política y gestionar el Patrimonio Cultural requiere, en su gestación, el espíritu, la amplitud y la complejidad antes descritas. Requiere desde un principio incluir a los actores que se cree son importantes para el Patrimonio, esto es, a mi entender, la mayor amplitud de comunidades, activistas y especialistas.

Es una labor donde el Estado, representado por el gobierno y las autoridades de turno (incluidos ministros, subsecretarios, parlamentarios), deben escuchar a las comunidades para saber qué son, qué quieren ser esas comunidades (el Patrimonio es, en buena medida, lo que se quiere ser en base a lo que se ha sido), porque ellas son el foco, el centro.

Cuando el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y el subsecretario del Patrimonio trabajan en una propuesta a ‚Äúpuertas cerradas‚ÄĚ, presentando en ‚Äúsus instancias de participaci√≥n‚ÄĚ unos ‚Äúpower point‚ÄĚ extremadamente generales, donde a algunos sectores se les muestran algunas propuestas de art√≠culos espec√≠ficos que les ata√Īen y a otros pr√°cticamente nada (como a los trabajadores del Ministerio), es dif√≠cil no pensar que el concepto que manejan de Patrimonio, m√°s all√° de los discursos, es el de algo propio de ‚Äúespecialistas‚ÄĚ, algo para gente docta, que sabe valorar lo que es valioso de las pr√°cticas de artesanos, m√ļsicos, de ritos y fiestas, los que pueden decir qu√© importa de la historia y de las ciudades… como si el resto fueran discapacitados para abordar estos temas (que les incumben directamente).

Algo que se define desde la academia, que en Chile en general est√° muy lejos de las comunidades, m√°s a√ļn si estas est√°n lejos de la capital y de los grandes centros urbanos.

Si a lo anterior agregamos que no ha habido Consulta Indígena (algo a lo que está obligado el Estado de Chile, por convenios que, libremente, a suscrito), el panorama se ve poco auspicioso.

La pregunta es: ¬Ņhasta cuando el Patrimonio ser√° definido por unos pocos? ¬ŅCu√°ndo llegar√° la ‚Äúdemocracia‚ÄĚ a las comunidades para que se piensen y definan sus identidades?

Las se√Īales dadas por el Ministerio y la Subsecretar√≠a nos remiten a mediados del siglo pasado. Como si ellos no vieran las millones de personas que han participado en las 19 versiones que se han hecho del D√≠a del Patrimonio, ni el dinamismo y capacidades de tantas organizaciones ciudadanas vinculadas al Patrimonio.

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