Artes y Cultura
Sábado 10 noviembre de 2018 | Publicado a las 09:03 · Actualizado a las 00:22
Ciudadanía 1 - Ministerio de las Culturas 0, por demoras y su enfado con la participación
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La lentitud para implementar el nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio como para presentar una propuesta de nueva Ley de Patrimonio son responsabilidad de la dificultades en la instalación del actual gobierno -en especial en esta área-, lo que no deja fuera responsabilidades de la administración anterior como factores que ya parecen endémicos.

Por Pablo Andrade B.

El 2018, ha sido el a√Īo de debut del recientemente creado Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la nueva institucionalidad ha puesto en la discusi√≥n generalizada tem√°ticas que hace algunos a√Īos no estaban presentes en los medios de comunicaci√≥n, como por ejemplo el presupuesto en cultura, concursos de cargos y modificaciones de Ley. Esta visibilidad de tem√°ticas que no parec√≠an ser de inter√©s ciudadano hace algunos a√Īos, se han visto en la palestra de discusiones en la prensa y en la redes sociales. Probablemente han adquirido mayor visibilidad debido a las dificultades de instalaci√≥n del Ministerio, las que se hicieron notar al poco andar del nuevo gobierno y las que tuvieron como respuestas que las responsabilidades reca√≠an en la administraci√≥n anterior, respuestas que por lo dem√°s se vuelven habituales en el trascurso del a√Īo.

Por cierto, podemos suponer que existen problemáticas de arrastre de gobiernos anteriores, e incluso podemos identificar que en algunas materias estos problemas son prácticamente de un carácter endémico en las políticas culturales de nuestro país. Sin embargo, después de 7 meses, nos sigue generando duda la capacidad limitada en la operación de algunas temáticas que ha tenido el anhelado nuevo Ministerio.

Sin ir m√°s lejos, en temas patrimoniales, la agenda presidencial ha puesto uno de sus acentos en la modificaci√≥n a la Ley de Monumentos Nacionales 17.288, pese a que en el discurso presidencial (2018), √ļnicamente se habla de la realizaci√≥n de dos d√≠as del Patrimonio, mejora de infraestructura cultural, conectividad a trav√©s de fibra √≥ptica de centros culturales e instalaci√≥n del Ministerio, en un escueto p√°rrafo de diez l√≠neas.

Este sucinto p√°rrafo ya es un indicativo de la relevancia del recientemente creado Ministerio en el actual Gobierno, como tambi√©n sus prioridades en la ejecuci√≥n de pol√≠ticas culturales trabajadas a partir de mesas participativas a lo largo del pa√≠s en a√Īos anteriores.

Aquí radican algunos de los problemas o errores no forzados que ha tenido la nueva institucionalidad cultural, y no me refiero a la ejecución de las políticas culturales, sino más bien a su enfado con los espacios participativos como forma de gobernar.

Particularmente si observamos las acciones de modificación de la Ley de Monumentos Nacionales, las autoridades se han sumado de manera reactiva y no proactiva a diversas iniciativas surgidas desde la ciudadanía, colegios profesionales y asociaciones gremiales. Lo que nos sorprende, debido a la relevancia que ha planteado el ejecutivo para realizar el cambio de esta Ley, siendo mencionado por las autoridades en reiteradas ocasiones a través de entrevistas a diversos medios.

La pasividad o lentitud de las autoridades es tal, que la sociedad civil en manos de la Asociación de Barrios y Zonas Patrimoniales con el apoyo de 10 diputados, ingresó a la cámara un proyecto de modificación a la Ley de Monumentos Nacionales, en octubre pasado.

Lo destacable son las formas de participaci√≥n que la ciudadan√≠a ha encontrado, desarrollando ejercicios democr√°ticos que legitiman su historia y su capacidad organizativa en b√ļsqueda de un bien com√ļn, m√°s all√° de intereses particulares. Si hici√©ramos una analog√≠a deportiva en la gesti√≥n de la modificaci√≥n de la Ley, podr√≠amos resumir que el resultado es un marcador igual a Ciudadan√≠a 1 ‚Äď Ministerio 0.

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