Sociedad
¬ŅPor qu√© es tan dificil ser vegetariano en Uruguay?
Publicado por: Agencia AFP
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En Uruguay, uno de los principales exportadores mundiales de carne, con un rodeo vacuno que triplica a su población y en donde ser vegetariano es una militancia, parece difícil aceptar la idea de la OMS de que el consumo de carne puede ser un problema.

Este país del sur de América Latina debe en buena medida su existencia a la cría de ganado ya que su territorio fue zona de abastecimiento en la época de la conquista. Y hoy la vida social suele organizarse en torno al tradicional asado o parrillada.

Por eso los vegetarianos, y los escasos veganos, no llevan una vida alimentaria f√°cil.

Los domingos, Montevideo huele a carne asada: toda reunión familiar gira en torno al asado. Los agentes inmobiliarios hablan primero del parrillero de una vivienda antes que de su metraje. Los mediodías, los obreros asan carne en improvisadas parrillas en las aceras con madera de obra.

Incluso en la red de citas en línea Tinder, muchos hombres uruguayos se presentan ante eventuales candidatas posando delante de un parrillero.

Por eso, el informe de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud divulgado esta semana, seg√ļn el cual el consumo excesivo de embutidos y carnes rojas es un factor de riesgo cancer√≠geno, es visto con recelo y se ha convertido en tema de tertulias radiales, programas de televisi√≥n y conversaciones de caf√©.

En la barra de uno de los restaurantes del Mercado del Puerto, tradicional reducto de asadores en la Ciudad Vieja de Montevideo, chorizos y morcillas se cuecen lentamente en una parrilla diagonal a corta distancia de brasas enrojecidas.

Uno de los comensales, Jos√© Fern√°ndez, recuerda que, al menos hasta los a√Īos 70, las madres agregaban jugo de carne prensada a las primeras papillas de los beb√©s.

“Cuando el beb√© ya empezaba a comer, mezclaban la sangre con el pur√©”, cuenta este funcionario p√ļblico de 66 a√Īos, ofreciendo un bocado de molleja a una agradecida periodista de la AFP.

De inmediato otros clientes se suman a la conversación.

“En Uruguay no existir√≠amos”, dice uno, imaginando lo que pasar√≠a si se emprendiera una campa√Īa contra la carne. “Adem√°s, and√° a saber los intereses que hay detr√°s de esa noticia”, a√Īade otro con tono conspirativo.

Todos coinciden en que la OMS est√° loca de atar.

“Me pareci√≥ una noticia muy alarmista”, concuerda, con otras palabras, la nutricionista Rosana Viera, del hospital Pereira Rossell.

“La carne uruguaya difiere mucho de la carne producida en otros pa√≠ses”, argumenta. “Aqu√≠ se produce (a) pastoreo y eso hace que la calidad, y no s√≥lo la cantidad, de la grasa, sea distinta”, resume.

Uruguay es el noveno exportador mundial de carne, en una lista que integran gigantes como Brasil, Estados Unidos o Australia.

La importancia de la tolerancia

Con una informaci√≥n as√≠, “te met√©s con el t√≥tem alimentario”, dice a la AFP Gustavo Laborde, antrop√≥logo uruguayo especializado en Historia y Cultura de la Alimentaci√≥n.

De acuerdo a Laborde, autor del libro “El asado. Origen, historia, ritual”, la carne a la parrilla es “el ritual de ‚Äėcomensalidad‚Äô m√°s importante que tiene la sociedad rioplatense”.

“Cuando comemos un asado volvemos a esa pradera id√≠lica, ese tiempo en el que no hay presiones laborales, que nos remite hacia el mundo gaucho”, explica. “Se abre un tiempo m√≠tico que refuerza los lazos sociales, familiares, se hacen tratos, reuniones”.

“Si alguien quiere comer comida uruguaya y es vegetariano, la pasa muy mal”, a√Īade con humor.

Ciertamente, en Montevideo, con 1,5 millones de habitantes, hay un solo restaurante vegano y un pu√Īado de restaurantes vegetarianos, asegura Titina N√ļ√Īez, directora de la revista gastron√≥mica Placer.

“Al uruguayo le cuesta mucho salir de la pizza y la parrilla, todav√≠a falta mucho por hacer a nivel gastron√≥mico. Cuando abre un restaurante mexicano o japon√©s, termina incorporando una ‚Äėminuta‚Äô (en general, milanesas y salchichas), porque, si no, el local termina por cerrar”, dice.

El due√Īo de uno de estos audaces locales, Mart√≠n Bonavita, confirma este recurso de supervivencia. “Nuestra propuesta (en el restaurante Namast√©) est√° adaptada al paladar uruguayo: te hago un pastel de carne o un chivito (s√°ndwich de carne), pero con las alternativas vegetarianas‚ÄĚ.

Laura Lacurcia, una vegana que dej√≥ de comer productos derivados de animales por empat√≠a hacia ellos, cuenta sus dificultades: “En Uruguay se burlan de los vegetarianos, te tratan de raro, como que te quer√©s hacer el exc√©ntrico y seguir una moda de no comer carne. Creen que te est√°s haciendo el s√ļper top”.

“Ten√©s que tener mucha tolerancia y tomarte los chistes con el mejor humor o no prestarles atenci√≥n, porque somos vistos como bichos raros”, dice esta t√©cnica en Comunicaci√≥n de 47 a√Īos.

Las cifras de consumo de carne lo dicen todo: aunque el volumen ha bajado en los √ļltimos a√Īos, un uruguayo promedio come 58,6 kg de carne bovina por a√Īo. Un franc√©s come 20 kg, aunque al considerar todos los tipos de carne, los n√ļmeros no son tan distantes.

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