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BlaBlaCar: c√≥mo compartir los costos de un viaje y disfrutar de buena compa√Ī√≠a
Publicado por: Christian Leal
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Desde su llegada a Chile (o mejor dicho, Santiago), aplicaciones como Uber se han convertido en el terror de los taxistas, que ven como una flota de usuarios ponen a disposici√≥n sus propios autom√≥viles para realizar viajes cortos dentro de las ciudades. No es extra√Īo entonces que incluso le haya tra√≠do problemas legales en algunos pa√≠ses.

Pero ahora no sólo los taxistas deberán preocuparse, sino también los buses interurbanos, trenes (los que queden), aviones y otros servicios de transporte de pasajeros para largas distancias.

Esto porque BlaBlaCar anunci√≥ una fuerte expansi√≥n de sus servicios los que, tras su √©xito en Europa, ya est√°n desembarcando en Latinoam√©rica comenzando por Brasil a fines de este a√Īo.

BlaBla…¬ŅQu√©?

S√≠, suena raro, pero imagina lo siguiente: vives en Concepci√≥n y te toca viajar hasta Santiago en tu autom√≥vil. S√≥lo en bencina la gracia te puede costar cerca de 50 mil pesos. Si le sumas unos 15 mil en peajes ya vamos en 75 mil y bueno… ya sabes de qu√© estamos hablando.

Pero si en vez de viajar solo compartes tu auto con otras 4 personas podrían dividir los costos a unos meros 15 mil pesos por persona, además de poder conocer gente y hacer el viaje más agradable. Esa es la premisa de BlaBlaCar, una empresa que nació de la mano del francés Frédéric Mazzella, cuando una navidad de 2003, sin cupos en trenes ni aviones, acabó arrendando un auto para regresar solo a casa, quedando impresionado por la cantidad de conductores que también viajaban solos, en su misma dirección.

¬ŅEst√°n pensando lo mismo que √©l? Bueno, la diferencia es que √©l lo hizo.

A partir de entonces las cosas le han ido tan bien que ya m√°s de 20 millones de personas la utilizan para sus viajes en 19 pa√≠ses, incluyendo Espa√Īa, Turqu√≠a, India, M√©xico y ahora en el comienzo de su avanzada sudamericana.

Entonces… ¬Ņes como un Uber para viajes largos?

Y… no. Aunque la mayor√≠a de los usuarios de BlaBlaCar realizan trayectos entre 80 y 600 kil√≥metros, existe una gran diferencia con Uber. ‚ÄúNuestros conductores no ganan dinero‚ÄĚ, asegura Mazzella al medio especializado en tecnolog√≠a Cnet News. Esto ha protegido a la empresa de ser demandada por competencia desleal y, de paso, mantener a sus usuarios cubiertos por los seguros viales que no operan para empresas de transporte.

Adem√°s existe otra ventaja tan curiosa como conveniente. Consciente de que a algunos pasajeros les encanta conversar todo el camino (como a mi se√Īora) mientras otros prefieren permanecer callados (como yo), el servicio divide a sus usuarios en BlaCar para quienes hacen votos de silencio, BlaBlaCar para quienes hablan de cuando en cuando, y BlaBlaBlaCar para quienes no cierran la boca.

Así, cada conductor y pasajero puede seleccionar a las personas más afines a sus gustos de viaje.

El uso de la aplicación además tiene un beneficio vial y ecológico, ya que al compartir el vehículo se ponen menos automóviles en circulación, se derrocha menos combustible, por ende hay menos tráfico y polución, y todos somos más felices (claro, salvo las concesionarias de autopistas y gasolineras).

Ehm, una cosa m√°s… ¬Ņc√≥mo me aseguro de que quien me lleve en autom√≥vil no sea un psic√≥pata?

El equipo de BlaBlaCar tiene un sistema de verificaci√≥n de identidad bajo el cual asocia a cada usuario a un n√ļmero de tel√©fono, una casilla de correo electr√≥nico y perfil de Facebook. Adem√°s, hay moderadores que revisan las interacciones en busca de situaciones sospechosas. Y lo m√°s importante de todo: la propia comunidad califica mutuamente a conductores y pasajeros, indicando cuando viajar con alguien fue agradable o si deber√≠a estar encerrado por ser un peligro p√ļblico.

Las experiencias de los usuarios

Con estas perspectivas, hasta ahora el saldo de BlaBlaCar es positivo al menos en crecimiento, ya que sus ganancias son tan exiguas que todavía no son rentables, aunque no les preocupa porque hace poco levantaron 200 millones de dólares en capital de riesgo para seguir expandiéndose.

En Espa√Īa, el impacto que ha tenido este sistema de autos compartidos sorprende incluso a sus propios responsables.

“Ahora queremos contar experiencias. Hay parejas que se mantienen en la distancia gracias a BlaBlaCar. Me gusta especialmente la historia de una octogenaria que puede viajar de puerta a puerta, desde Madrid a un pueblo de Almer√≠a, gracias a este sistema. Se lo propusieron sus nietos”, cuenta al diario El Pa√≠s, Jaime Rodr√≠guez, encargado de las operaciones ib√©ricas de la empresa.

“Con toda la modestia puedo decir que en Espa√Īa se est√° imponiendo lo de hacer un ‘blablacar’ (a la hora de planificar un viaje)”, sentencia Rodr√≠guez.

Mientras tanto en su Francia natal, Mazzella es visto como un h√©roe. Los ministros de Medio Ambiente y de Econom√≠a han respaldado p√ļblicamente al emprendedor, tanto por sus beneficios econ√≥micos como medioambientales.

Pero a este galo de 38 a√Īos por ahora s√≥lo le interesa correr, mucho m√°s veloz que sus posibles competidores.

“Cuando tienes una buena idea te vuelves un poco paranoico. Lo importante es no quedar paralizado y actuar r√°pido, como cuando el jugador de rugby coge el bal√≥n. Hay que echar a correr”, dice al diario El Pa√≠s.

De hecho, que la empresa a√ļn no rinda grandes r√©ditos no es algo que le preocupe… todav√≠a.

“Esforzarnos por hacernos rentables ahora no tiene ning√ļn sentido en el momento en que estamos. En el mundo digital, si no creces r√°pido, alguien m√°s lo har√° por ti”, concluye.

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