Históricamente se ha visto relegado el rol de la mujer en la Iglesia Católica por lo menos para ocupar altos cargos en la conducción de ésta. De hecho, el mismo Papa Francisco, al ser consultado por la prohibición a las mujeres de ejercer el sacerdocio es categórico en señalar que es definitiva.

Si bien la autoridad eclesiástica considera que se debe ampliar la participación de la mujer dentro de la Iglesia, más allá de la realización de colectas de caridad, el pontífice enfatizó que “sobre la ordenación de mujeres, la Iglesia ha hablado y dice que no. Esa puerta está cerrada”, según consigna Diario Universal de México.

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Otros representantes de la Iglesia han ido más allá, como es el caso del arzobispo de Tarragona (España), Jaume Pujol, quien recalca que “una mujer no puede oficiar” porque cada uno tiene su papel.

Y agregó que “yo tampoco puedo hacer algunas funciones que hacen las mujeres. No puedo traer los hijos al mundo”.

Es así que impacta la determinación de la Cámara de los Lores y de los Comunes en el Reino Unido de permitir a las mujeres ejercer el cargo de obispa. Por ello es que sorprende el nombramiento de la sacerdotisa Libby Lane como la primera mujer obispo de la Iglesia (anglicana) de Inglaterra a comienzos de este año y que por más de 22 años fue impedida por la férrea oposición de evangélicos y católicos.

Designan a Libby Lane | Oli Scarff | Agencia AFP

Designan a Libby Lane | Oli Scarff | Agencia AFP

Sin embargo, lo que hoy es visto como un hito de la igualdad entre hombres y mujeres para la religión protestante, habría ocurrido hace más de 1.000 años y bajo la más completa reserva durante la Edad Media, cuando una persona de sexo femenino supuestamente ocupó el cargo más importante de la Iglesia Católica.

Ésa la historia de la “Papisa”, la mujer papa, quien habría ocupado dicho mandato entre el período del Papa León IV y Benedicto III. Dicha hipótesis se da luego que el primero de los pontífices falleciera en 855 y recién dos años y medio después asumiera el segundo.

Todo ello ocurre en la convulsionada Edad Media y en medio del desarme del Imperio de Carlo Magno.

Según se constata en un artículo académico de la Revista de Filología EPOS, en ese período se habría desarrollado el pontificado de esa mujer conocida como Juana, bajo el nombre de Papa Juan VIII o Juan Inglés. Todo comienza cuando la muchacha para salir en búsqueda de su enamorado Fulda, se disfraza de hombre y emprende viaje hacia Medio Oriente.

Luego por las vicisitudes de la vida, la joven se traslada hasta Roma, donde continúa vistiéndose de hombre y se presenta bajo el nombre de Juan Inglés y adquiere una buena posición en la Iglesia. De esa forma, se ganó la confianza de León IV, quien le nombra su asesor papal.

Es así que una vez que fallece León IV, sonaba con fuerza su nombre para sucederle en el cargo, por lo que nadie pone en duda su nombramiento. Es así que asume como Juan VIII, dado que Juana había relegado gran parte de su vida amorosa y femineidad, se involucra sentimentalmente con Baldello, un joven fraile que colabora a la autoridad de la Iglesia.

Dicha relación se vuelve tan intensa, hasta el punto que la Papisa queda embarazada y da a luz en medio de una procesión por las calles de Roma, donde la madre y el recién nacido mueren a manos de una multitud enardecida.

¿Verdad o mito?

La Papisa aparece por primera vez en una nota en el “Liber Pontificalis” en el Siglo XII. Posteriormente se difundió la historia del dominico Martín Polonus, quien aseguró en su relato que tras la muerte de la Papisa Juana y su hijo, las procesiones entre el Vaticano y Letrán ya nunca volverían a pasar por el mismo lugar de la ciudad.

Más tarde en el Siglo XVIII, Giambatista Casti le aporta una serie de elementos eróticos que le dan un mayor realismo a esta historia, llamando la atención principalmente de las mujeres.

Hasta el día de hoy no se logra resolver si esta historia es verdad o mito. Lo que sí se puede constatar como un hecho es que en la actualidad se mantiene vigente, debido a que en 1972, la historia fue llevada al cine con el título “Papa Juan” protagonizada por Liv Ullmann y bajo la dirección de Michael Anderson.

Después en 1996 la escritora estadounidense Donna Cross publicó una novela titulada “Papisa”. Luego en 2009, la historia es llevada a la pantalla grande de la mano del cineasta alemán Sönke Wortmann bajo el nombre de “Die Päpstin” y con la actuación de Johanna Wokalek.

La santa quemada viva

Otro caso de una mujer influyente en la historia de la Iglesia es el de Juana de Arco, una joven campesina que pese a ser analfabeta, con tan sólo 17 años y movida por su fe religiosa, se transformó en la heroína de Francia en medio de la guerra contra Inglaterra.

De acuerdo a un artículo del medio de comunicación católico EWTN se señala que su madre le inculcó confianza en el Padre Celestial y una tierna devoción hacia la Virgen María. Cada sábado, la niña Juana recogía flores del campo para llevar al altar de Nuestra Señora. Cada mes se confesaba y comulgaba, y su gran deseo era llegar a la santidad y no cometer nunca ningún pecado. Era tan buena y bondadosa que todos en el pueblo la querían.

A los 14 años, Juana comenzó a oír voces que supuestamente correspondían al Arcángel San Miguel, y a las Santas Catalina y Margarita, quienes le decían: “Tú debes salvar a la nación y al rey”.

Sin embargo, por miedo decidió mantener oculto ese secreto. Pero las voces habrían continuado insistiendo que debía cumplir con ese designio, fue así que le comentó a sus familiares y vecinos el mensaje que había recibido, pero no le creyeron.

Ante su insistencia, un tío la llevó hasta donde el comandante del Ejército, quien no creyó en la historia. Al cabo de unos meses volvió a hacer presión y en esa oportunidad el alto oficial asintió y le permitió llegar hasta donde el rey.

El rey Carlos VII tampoco creía en su historia, por lo que se disfrazó de aldeano para despistar a Juana. Pese a ello, la muchacha logró reconocerlo y le advirtió de situaciones que él no sabía.

El monarca y su Ejército ya daban por pérdida la batalla contra los ingleses y en ese instante, Juana le pidió al monarca que le dejara a cargo de las tropas francesas. Basándose en sus creencias religiosas, mandó a hacer una bandera blanca con el nombre de Jesús y María, fue así que recuperaron Orleans y varias ciudades más.

Tras demostrar su capacidad se le conoció como Juana de Arco, una heroína nacional, que se ganó la envidia de los empleados del rey, por lo que trataron de quitarle la posición adquirida.

Uno de los objetivos que quedaba pendiente para la joven y sus soldados, era recuperar París que se mantenía en manos del enemigo. En ese instante, el monarca le despojó de sus tropas y Juana quedó malherida, siendo capturada por Borgoña.

Más tarde, los ingleses pagaron por ella, encarcelándola y condenándole a cadena perpetua. Como una forma de deshacerse de ella, sus enemigos inventaron que cometía brujerías y que gracias a ello derrotó a los ingleses, por lo que decidieron quemarla viva en la hoguera.

Aquel 29 de mayo de 1431, la joven tenía 19 años y quedaba manifiesto que por desavenencias políticas se le quitó la vida, pese a la religiosidad que profesaba y el manto de dudas que en un comienzo se levantó sobre su persona, por el tan sólo hecho de ser mujer y por proceder de un origen humilde.

Tan sólo 23 años después de su muerte, una comisión de juristas nombrada por el Papa Calixto III declaró que se había cometido una injusticia. Mientras que el rey de Francia la declaró inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.

Juana de Arco | Canadian Broadcasting Corporation

Juana de Arco | Canadian Broadcasting Corporation