Israel y el Hamas negociaban el jueves un alto el fuego duradero para poner punto final a diez días de sangriento enfrentamiento en el enclave palestino de Gaza, que vivió algunas horas de respiro gracias a una tregua humanitaria.

“Se están haciendo esfuerzos, pero no hay acuerdo por ahora”, dijo a la AFP el portavoz del Hamas, Sami Abu Zuhri, quien calificó de “incorrectas” las informaciones de un alto responsable israelí según las cuales se había logrado un acuerdo de alto el fuego a partir del viernes.

En El Cairo, las autoridades egipcias que ejercen de mediadoras entre Israel y Hamas no podían de momento confirmar un acuerdo. Según Hazem Abou Shanab, un responsable del Fatah, el movimiento del presidente palestino Mahmud Abas, “hay algo en la mesa, pero no está cerrado”.

El movimiento Hamas, que controla la Franja de Gaza, había rechazado a principios de semana una primera iniciativa de alto el fuego formulada por Egipto y aceptada por Israel.

Las reivindicaciones de la organización islamista no han cambiado, según sus dirigentes: el levantamiento del bloqueo de Gaza en vigor desde 2006, la apertura de la frontera con Egipto y la liberación de decenas de presos palestinos.

Israel y el Hamas habían observado este jueves una tregua de cinco horas, de 10H00 a 15H00 locales (07H00-12H00 GMT), para permitir a la población que se abasteciera. Minutos después de su expiración, un cohete lanzado desde Gaza alcanzó la ciudad israelí de Ashkelon.

Esta pausa en las hostilidades fue globalmente respetada, aunque su fragilidad quedó en evidencia por un intercambio de obuses entre el enclave palestino y el ejército, que dejó herido a un soldado.

Al amparo de esta tregua las calles de Gaza se llenaron rápidamente de gente, causando incluso atascos en el tráfico, tras varios días de encierro en las casas, para evitar los bombardeos aéreos.

“La tregua permite a la gente salir, sacar dinero, hacer compras”, subraya Abdel Qassam Ataneh, quien como decenas de gazatíes, acude a un banco a disponer un poco de dinero.

Los barrios de Gaza exhiben las cicatrices de los bombardeos: casas derruidas, infraestructuras destruidas, muebles y electrodomésticos rotos entre los escombros.

Israel, que asegura tener como objetivo al Hamas, acusa a los combatientes de este movimiento de utilizar a civiles como “escudos humanos” en este minúsculo territorio donde se agolpan en la miseria 1,8 millones de personas, sometidas desde hace años a un bloqueo israelí.

Minutos antes de iniciarse la tregua humanitaria, un tanque israelí disparó contra una casa en el sur de Gaza matando a tres palestinos.

Además, el ejército israelí anunció haber impedido un “importante ataque terrorista” al frustrar este jueves un intento de infiltración en su territorio de un comando palestino, a través de un túnel desde Gaza. Uno de los asaltantes resultó muerto.

En estos diez días de conflicto, Israel fue alcanzado por unos 1.200 cohetes palestinos, que causaron la muerte de un civil israelí.

Esta última espiral de violencia entre ambas partes fue desencadenada tras el rapto y el asesinato de tres estudiantes israelíes en junio –atribuidos por Israel al Hamas, que negó la acusación– seguidos del asesinato de un adolescente palestino, quemado vivo en Jerusalén. Tres extremistas judíos han sido inculpados por este caso.