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Algunos restaurantes de EEUU se rebelan contra la tradici√≥n y llaman a “no dejar propina”
Publicado por: Agencia AFP
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Al final de la comida, la camarera trae la cuenta y tacha el espacio generalmente reservado a las propinas en Estados Unidos: en el restaurante Riki en Nueva York, se anima a los clientes a romper la tradición y no dejar dinero extra.

Algunos carteles en las paredes y una nota al pie del men√ļ dan la pauta: “No se necesita ni se espera propina”.

Este establecimiento de cocina tradicional japonesa se ha sumado a principios de este a√Īo al peque√Īo club de restaurantes estadounidenses que, para ser justos con todo el personal, simplificar la vida del cliente que ya no tiene que sacar su calculadora y facilitar la gesti√≥n, desaconsejan entregar al camarero una propina adem√°s de la cuenta.

Ellos prefieren incluirla directamente.

En Estados Unidos, la convención es dejar entre el 15% y 20% de la factura total a la persona que sirve la comida.

Esto no es un simple bono por su amabilidad o disposici√≥n, sino que es la base de su remuneraci√≥n: seg√ļn las leyes federales, los propietarios de restaurantes pueden pagar a los camareros 2,13 d√≥lares por hora, siempre y cuando las propinas recibidas permitan llegar al salario m√≠nimo, de 7,25 d√≥lares la hora.

Algunos estados ofrecen condiciones un poco más generosas: en Nueva York el sueldo mínimo es de 5 dólares la hora.

Para que sus servidores cobren lo suficiente para vivir, ciertos restaurantes exigen una propina de 18% o 20%, especialmente para los grupos o en las zonas muy turísticas. Ocurre con frecuencia que los extranjeros, poco familiarizados con las costumbres locales, no dejan un centavo.

Grandes restaurantes como el Alinea en Chicago o el Brooklyn Fare en Nueva York, donde el cliente paga un men√ļ fijo en el momento de la reserva, han decidido agregar directamente un recargo del 20% al pedido. Otros como el exclusivo Per Se en Nueva York incluyen el servicio en la boleta final.

Esta pol√≠tica fue adoptada “sobre todo por los grandes restaurantes donde los clientes no le dan importancia a los gastos”, dice Michael Lynn, especialista en el comportamiento de los consumidores en la escuela de gesti√≥n hotelera en la Universidad de Cornell.

“En el caso de Per Se, quer√≠a igualar los salarios entre el personal” ya que, en los restaurantes premiados con estrellas de la c√©lebre gu√≠a Michelin, los camareros pueden irse a casa cada noche con varios cientos de d√≥lares en el bolsillo y el resto de los empleados con mucho menos.

En manos del cliente

Algunos due√Īos de restaurantes destacan tambi√©n el deseo de brindar al personal un salario decente que no var√≠e en funci√≥n del flujo de clientes.

Propietario de Brand 158 en Glendale, en los suburbios de Los √Āngeles, Gabriel Frem dice que tom√≥ la decisi√≥n para favorecer la relaci√≥n entre los camareros del sal√≥n, que de este modo ya no compiten por las mejores mesas, y crear un ambiente m√°s relajado, evitando que se presione a los comensales para que consuman m√°s.

Adem√°s, “no queremos m√°s que la remuneraci√≥n de los camareros est√© a merced de los c√°lculos aleatorios del cliente, que se basa en criterios imprevisibles”, explic√≥.

“Al principio no me molestaba poder reflejar en la propina mi descontento con un camarero desagradable”, reconoce de su lado No√ęl Warren, un joven neoyorquino que va al menos dos veces por semana a comer afuera.

“Pero despu√©s pens√©: ¬Ņpor qu√© ser√≠a irrespetuoso un camarero? Probablemente porque ya no espera que los clientes dejen buena propina. Si se le pagase correctamente, los tratar√≠a mejor”, estima.

Los restaurantes que abandonaron el sistema de propinas todavía son pocos y no reflejan una tendencia general, aclara Michael Lynn.

Los estadounidenses “no consideran verdaderamente a la propina un gasto como tal, y no la tienen en cuenta cuando se preguntan si un restaurante es caro o no”, explica el experto.

Un establecimiento que elige aumentar sus precios para compensar la eliminaci√≥n de la propina queda en “desventaja con respecto a sus competidores”, concluye.

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