Viña 2026, noche 1: Festival de "Neme del Mar", un Kramer "blanco" y un nepobaby que merecía más

Lunes 23 febrero de 2026 | 06:00

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Emilio Contreras

Periodista especializado en Cultura y colaborador de Magazine

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Fue una noche inaugural de gestos y símbolos. La primera gran postal de la versión número 65 del Festival de Viña del Mar —“el festival latino más grande del mundo”, según su eslogan— arrancó con un grito de unión en días complicados para la comunidad latina en Estados Unidos.

Si Bad Bunny lo estableció en el último Super Bowl, Viña 2026 tomó la posta del mensaje con austeridad y no menos elocuencia. “Si somos americanos, seremos una canción”, se leyó en las pantallas gigantes de la Quinta Vergara durante la obertura del evento, que tuvo a Cami en la reversión del himno del chileno Rolando Alarcón, vigente en el continente después medio siglo. Y Gloria Stefan, el primer número de la noche (el show que inauguró el festival), se sumó al espíritu en su estilo.

“Hay que seguir adelante siempre”, dijo la cubana, quien desplegó una saga de hits salseros que fueron coreados de inicio a fin por un público que en su mayoría no se dio la molestia de grabar con sus teléfonos a la cantante. No. En vez de eso, una audiencia evidentemente mayor (de los tiempos de la Miami Sound Machine) acompañó el repertorio con aplausos, bailes y manos arriba. Como cuando las redes sociales no existían.

Una aplanadora de hits que hizo bailar al respetable y espantar el frío que copó cada rincón del anfiteatro. Un show sin respiro de una artista de 68 años que musicalmente aparenta 20. Y como recompensa, la combinación completa: gaviotas de oro y plata y la promesa de regresar, esta vez, no tras de 4 décadas.

“¡Neme, Neme, Neme!”

“¡Neme, Neme, Neme!”, fue el primer rugido del monstruo en Viña65. Ocurrió durante comerciales, cuando los animadores interactuaban con el público y Rafael Araneda y Karen Doggenweiler lanzaban bromas para hacer más llevadera la espera. El rito del beso, minutos antes y sin la estridencia habitual de la galería, ya adelantaba que algo no encajaba.

Luego, el Monstruo comenzó a pedir a gritos a José Antonio Neme, y la incomodidad se volvió del tamaño de la Quina Vergara. “¡Neme, Neme, Neme!”, fue el coro que bajó de galería. Solo el fin del corte comercial impidió un bochorno mayor.

En semanas en que la continuidad de Rafa Araneda está en entredicho (su contrato termina este año y una publicación de prensa dio por hecho su salida), la obertura con Karen Doggenweiler como absoluta protagonista, siendo una estrella más entre Cami, Princesa Alba y Nico Ruiz mientras el animador agitaba su micrófono a un costado, tampoco pasó desapercibida. La aparición del rostro de ‘Mucho Gusto’ en medio del show de Gloria Stefan, en una canción dedicada a Cuba, y una imitación genial de Kramer un par de horas después, solo recalcó la dicotomía y el exceso.

Un Kramer “blanco”

Tras la competencia internacional (el Festival de la Comedia de Chilevisión es el invitado de piedra de Viña2026), Stefan Kramer llevó su show cómico-musical a la Quinta Vergara.

Sin la picardía habitual, sin la provocación que lo hizo leyenda en 2008 pero con un tono más reflexivo e “íntimo”, el showman desplegó una rutina de chistes e imitaciones mayoritariamente “blancas”, que al principio generaron risas tibias en el público notoriamente mayor (la primera gran carcajada, fue la intervención de Gonzalo Cáceres en un tape de “¿Cuánto vale el show?”). Un hecho etario que Kramer supo aprovechar con guiños dirigidos directamente a ese segmento (con canción católica incluida), y un espectáculo que poco a poco fue cuajando.

Con una performance in crescendo, y con un hilo conductor centrado en su propia biografía como comediante —que tuvo en las limitaciones a Bad Bunny y a José Antonio Kast algunas de sus cumbres—, el santiaguino conquistó Viña por cuarta vez, con todos los premios de rigor y un aplauso general. Su rutina terminó cerca de las 2AM.

Matteo Bocelli: un talentoso nepobaby en la Quinta Vergara

Con una performance que comenzó a las 2:50 AM, Matteo Bocelli presentó en el longevo escenario viñamarino los bríos de su corta pero sobrexpuesta carrera musical, cimentada en partes iguales en talento, parentesco y carisma físico (apenas dos álbumes de estudio editados hasta la fecha engalanan su discografía). Una presentación que contó solo con los más fieles: menos de un 70% de la Quinta se quedó a atestiguar el recital.

Clásicos como “Bésame Mucho”, pero también piezas modernas como “Mi historia entre tus dedos”, se intercalaron en un segmento que fue visto con atención por los presentes, que se deleitaron con la técnica vocal de Matteo, hijo del mítico Andrea Bocelli, a quien acompañó en su debut en Viña 2024.

Luego, un aplaudido cierre con ‘Gracias a la Vida’ de Violeta Parra (a las 3:38 AM), y las gaviotas de Oro y Plata entregadas en modo exprés, continuaron el romance entre Matteo Bocelli y Viña del Mar.

Una aparición en la parrilla festivalera que sin dudas se sostiene (y se explica) en el efectismo del personaje y en el apellido del intérprete (es el más reciente nepobaby del festival), pero que sin embargo, aún así, mereció un mejor horario.

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